Vacaciones: Los pueblos más bonitos de nuestra geografía donde “refugiarnos” durante la ola de calor

Hay ocho pueblos que no van a superar los 30 grados, una opción ideal para desconectar en esta ola de calor. Es lo que señala la Asociación Los Pueblos más Bonitos de España, que ya engloba 105 localidades españolas y que lanza estas ocho propuestas para los próximos días de ola de calor en entornos rurales

Para la gente que busca pasar estos días en lugares tranquilos disfrutando de la paz propia del mundo rural. En la foto: Bagergue, en Lérida

La segunda ola de calor está siendo una constante en muchísimos puntos de la geografía española. Temperaturas máximas igual o superiores a los 38ºC, eso sí, con la bendición de un tiempo seco y soleado.

Desde la Asociación Los Pueblos más Bonitos de España, que trabaja para dar a conocer el valor de las 105 joyas rurales que forman parte de su red, recomiendan ocho pueblos ideales donde “refugiarse” en esta ola de calor y que no pasarán de unos agradables 30 grados en estas fechas. Estos son: Bulnes, Bagergue, Cudillero, Lastres, Tazones, Mondoñedo, Santillana del Mar y Carmona.

Bulnes (Asturias)

Bulnes, municipio de los Picos de Europa con poco más de 30 habitantes, solo se puede llegar al pueblo por funicular o andando por un camino estrecho y empinado, lo que le ha permitido mantener su patrimonio y una gran belleza.

Las construcciones tradicionales de Bulnes se visten de una piedra caliza, que contrasta con los tejados rojos de arcilla, y con sus ventanas y puertas de madera de la zona, permitiendo disfrutar de la belleza de un municipio que atesora bienes inventariados en el Patrimonio Cultural de Asturias, como la Torre del Castillo o la Iglesia de San Martín de Bulnes.

La estética de montaña de piedra y madera, con el aire característico de los Picos de Europa

Para los amantes de la montaña, desde Bulnes se puede acceder, a través de duros y empinados caminos, al Picu Urriellu, más conocido como Naranjo de Bulnes, la más mítica y renombrada cima de los Picos de Europa, lugar de culto de los alpinistas españoles por la dificultad de sus paredes verticales, sobre todo las de la cara oeste. Esta fortaleza calcárea, debe su nombre al color anaranjado que adquieren sus paredes al recibir los rayos del sol.

Este pueblo es una opción ideal para pasar esta ola de calor recorriendo sus caminos y visitando sus edificios históricos cargados de historia. Sus condiciones orográficas y climáticas motivaron que sus habitantes se especializaran en la elaboración artesanal de quesos de excepcional calidad, destacando el Cabrales, que se realiza en Bulnes, por su gran calidad artesanal.

Bagergue (Lérida)

Este bello pueblo catalán es el municipio habitado más alto del valle del Alto Arán, situado a 1490m de altitud y parte del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. Gracias a su clima atlántico, sus montañas se convierten en un espectáculo floral en estos días que el resto de España sufre la ola de calor.

Bagergue es un destino ideal para dar largos paseos por su casco urbano mientras disfrutamos de estas casas con balcones vestidas con hermosas flores. Además, en Bagergue también podremos hacer una cata de quesos gracias a su quesería, la más alta del pirineo. Y como dato curioso, en uno de los edificios históricos de la población se ubica el interesante museo Eth Corrau, que alberga más de 2500 piezas que muestran la vida cotidiana y la artesanía del pasado más rústico aranés.

Destaca también la iglesia parroquial de Sant Fèlix del siglo XIII, aunque modificada en el XVI. A un kilómetro hacia el norte, siguiendo el río, merece la pena conocer la ermita de Santa Margarida de Bagergue.

Cudillero (Asturias)

Cudillero, bello pueblo marinero capital, escondido desde la mar y desde la tierra, y descolgado en humildes casas de mil colores, que dan forma a su conocido y fotografiado anfiteatro, nos permite disfrutar de vistas espectaculares desde su atalaya.

Un lugar perfecto para pasar esta ola de calor paseando por sus frescas calles, donde la sucesión de casas indianas junto al Palacio Selgas, un espléndido conjunto del siglo XIX conocido como el «Versalles asturiano», comparten protagonismo con el barrio de los pescadores, o con la parte alta del pueblo, dedicada a la agricultura.

El pote, la merluza de pincho o el pastel de cabracho estarán presentes en cualquier restaurante de la localidad, pero no se puede visitar Cudillero sin probar el rape, conocido como el pixín, y se puede pedir a la brasa, a la sidra, frito, con setas o fabes.

Lastres (Asturias)

La villa marinera de Lastres, en la costa oriental asturiana, ofrece al visitante un atractivo binomio entre bellos paisajes azulados y la tranquilidad del Cantábrico, idónea para desconectar durante estos días lejos de la ola de calor.

Su atractivo la ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de Asturias y cuenta con todas las facilidades para una escapada en familia. Algunas de las actividades que pueden hacerse en este pueblo pesquero son presenciar la subasta de productos marinos en la lonja o viajar miles de años al pasado a través de su Museo del Jurásico.

Pueblo Ejemplar de Asturias en 2010 y con documentos que hablan de su historia desde el año 943 aproximadamente, caminar por sus calles empedradas, degustar pescados y mariscos en sus restaurantes, bajar al puerto cada mañana son actividades fascinantes que nunca cansan. Lastres es sin duda, un lugar ideal para perderse durante esta semana que ha convertido España en un gran horno.

Tazones (Asturias)

Tazones un pequeño pueblo marinero en el corazón de la Comarca de la Sidra donde el mar y el verde de las montañas bañan todo el paisaje. Es el único puerto asturiano con carácter imperial y es que este coqueto y pequeño puerto ubicado en las inmediaciones de la ría de Villaviciosa fue lo primero que conoció el emperador Carlos V en su primer viaje a la Península.

Tazones sigue siendo hoy aquel recóndito y amable pueblo que cautivó el corazón de un joven emperador. Sus barrios de antiguos casitas de pescadores, coloristas y con aromas de mar, sus rincones tan singulares como el de la casa de las conchas, sus animados restaurantes y terrazas que ofrecen exquisitos manjares del Cantábrico, su animado ambiente, hacen de esta villa marinera un lugar único al que siempre deseas volver.

Tazones guarda la esencia de la aldea asturiana, pero en este caso de una aldea peculiar, con hórreos, pero abierta al mar. Una muy buena opción si lo que se quiere es una fresca escapada durante esta tórrida ola de calor, rodeada de magníficos paisajes donde nos acompañen el mar y la montaña.

Mondoñedo (Lugo)

Si hablamos de temperaturas agradables para huir de la ola de calor no podemos obviar Galicia y sus pueblos de interior en los que poder desconectar a unas temperaturas ideales.

Mondoñedo está situado a menos 20 kilómetros de la costa, rodeado por montañas haciendo que su temperatura no aumente drásticamente en estos días que el resto de la península sufre la ola de calor. Además, es un pueblo que ofrece gran variedad de planes como visitar la cueva de O Reí Cintilo, la más grande de Galicia, áreas protegidas como A Fraga Vella e importantes cauces de agua entre los que destaca el río Masma -en donde se puede practicar la pesca-.

Como cabecera de diócesis desde 1112, ha ido reuniendo un importante patrimonio histórico y monumental, y cuenta con un impresionante Casco Histórico, destacando su Catedral Basílica de La Asunción que es Patrimonio de la UNESCO desde el 2015.

Y en el campo gastronómico la huerta local o las carnes criadas en la zona presentan una calidad superior, pero el producto estrella es la famosa Tarta de Mondoñedo. Un postre increíble a base de hojaldre, bizcocho borracho, cabello de ángel y almendras y que ha estado y está presente en mesas tan ilustres como la de los reyes de España o las del Vaticano. Cultura, historia, naturaleza, artesanía, gastronomía, literatura y agradables temperaturas, todo ello concentrado en un lugar de ensueño donde gozar mientras desaparece la ola de calor.

Santillana del Mar (Cantabria)

Considerada como una cita imprescindible para el turista que visita Cantabria. Santillana del Mar conocida como «la villa de las tres mentiras», pues ni es «santa», ni «llana», ni tiene «mar», es un destino que nos permitirá olvidarnos de esta ola de calor.

Santillana del Mar, un clásico de destino histórico y con mucho abolengo, sí, pero sin las ínfulas aristocráticas e intelectuales que buscan los que eligen el cercano pueblo de Comillas. En torno a la colegiata y su bello claustro, se desarrolló un núcleo de población que vivió épocas de gran esplendor económico, como evidencia la riqueza de las numerosas casonas y palacios que conforman esta villa, que hoy se disfrutan recorriendo sus empedradas calles medievales, donde también podemos encontrar talleres artesanos y degustar sabrosa leche con bizcochos, la merienda más popular en la villa.

Atesora además con mucho mimo la Cueva de Altamira, la «capilla sixtina» del arte rupestre, y ya más recientemente la colegiata de Santa Juliana en el siglo XII, el primero y más importante de los exponentes del arte románico en Cantabria.

La naturaleza ha sido también generosa con este municipio, que disfruta de un magnífico entorno natural, donde poder disfrutar de varias rutas de senderismo sencillas y para toda la familia, como el camino que sube al Cincho, donde poder disfrutar de las vistas al Mar Cantábrico, a los Picos de Europa y al verde de sus prados.

Carmona (Cantabria)

En Carmona se disfruta de lo más auténtico del mundo rural, de sus calles, sus rincones, sus casonas que son el sello de identidad del ambiente cántabro de interior, donde la ganadería y la artesanía aún se mantienen vigentes y son de gran importancia.

Carmona se encuentra en un espectacular entorno natural entre los valles del Saja y del Nansa y pertenece al municipio de Cabuérniga. El pueblo conserva su viejo trazado urbanístico, callejuelas intrincadas y estrechas con casas de piedra típicamente cántabras, normalmente de dos plantas con arcadas en el primer piso, construidas entre los siglos XVII y XVIII donde destaca el Palacio de los Díaz Cossío y Mier, de principios del XVIII, la iglesia parroquial de San Roque, o la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe y la de Lindes.

Fiel reflejo de la vida de la Cantabria montañesa, sus poquísimos vecinos nos recuerdan sus señas de identidad, el ganado de raza Tudanca, que cuenta incluso con una estatua a la entrada del pueblo, y las albarcas, tradicional calzado que nos recuerda con su sonido la esencia del lugar en el que estamos, mientras su clima nos hace olvidarnos de la ola de calor que sufre España estos días.