Tui, peculiar punto de unión con Australia gracias a un antiguo paisano

Que un país tan remoto y fascinante como es Australia tenga a un gallego que viajó a esas tierras en el s. XIX (1.846) entre una de sus figuras históricas reconocidas y, sin embargo, que aquí en España más allá de su ciudad natal este señor sea un gran desconocido, nos ha hecho interesarnos por el personaje. Pero, sobre todo, nos ha hecho interesarnos por el lugar de donde salió rumbo a las antípodas. ¿De quién y de qué ciudad hablamos? Se trata del misionero Rosendo Salvado y de su bonita e histórica ciudad natal, la pontevedresa Tui.

Vista de Tui desde Valença do Minho

Este señor fue un monje benedictino, misionero además de músico organista. Pero sobre todo, Salvado fue un aventurero y defensor de los derechos de los aborígenes australianos. Llegó hasta cerca de Perth, una zona donde por aquel entonces pocos europeos se habían atrevido a adentrarse, si bien está franqueada por un desierto inmenso, y donde fundó un monasterio benedictino. Pudo haber llegado a obispo pero como buen devoto de su oficio de misionero, prefirió rehusar de dos obispados, el de Perth, la capital de Australia Occidental, y el de Lugo que le propuso la reina Isabel II en uno de sus viajes de vuelta a España. Ello para seguir su labor evangelista y ayudando a mejorar la vida y derechos de los aborígenes australianos. Un dato curioso de su legado en España es que está considerado el introductor de los eucaliptus en Galicia. Parece ser que él fue quien trajo los primeros eucaliptos australianos. En Vigo todavía existen dos árboles que según indica una placa fueron plantados con las primeras semillas que trajo el clérigo en uno de sus viajes a Europa.

Fray Rosendo Salvado, un gran civilizador. En la foto: cuadro de la colección del Museo Diocesano

Y si Perth, y Australia Occidental en general, nos parecen un destino lejano y singular a los nacidos a este otro lado del planeta, a ojos de un viajero australiano, ¿qué impresión puede causar este pueblo gallego a un paso -más bien, a unas brazadas- de Portugal? No podemos retroceder a aquella época, el s. XIX, cuando la mayor parte de los australianos eran aborígenes, sin formación ni más mundo que su pequeña comunidad; y en la que ni siquiera existían oficios como aradores, carreteros y trabajadores agrícolas, que por cierto los australianos deben la introducción de todos ellos a Salvado. En la época en la que creció, Tui sería diametralmente distinto a los paisajes, las construcciones y el estilo de vida de los nativos australianos que abrieron su corazón a este monje benedictino tudense. Si estos hubieran viajado hasta aquí, su impresión sería probablemente tan sorprendente y atractiva como la que debió experimentar el propio Rosendo Salvado en su andadura por aquellos lares.  

Algo que muy probablemente puedan seguir experimentando los viajeros del otro lado del planeta en su visita a Tui. Porque es un pueblo por el que parece que no pase el tiempo y en el que “teletransportarnos” al pasado. El aspecto de su centro histórico sigue siendo el de pueblo medieval. Y aun teniendo un común denominador, el eucaliptus australiano, en Tui… tan verde, tan húmedo y tan antiguo, el contraste para cualquier visitante de aquellos lares tiene que ser mágico. Tan distinto al skyline urbano y a los paisajes naturales de Australia Occidental, esta última de clima “mediterráneo” y estética de inspiración anglosajona, of course

Como buena oda al pasado, el municipio de Tui se inicia como asentamiento prehistórico, después fue romanizado -quedan algunos restos arqueológicos de ambas etapas-, y por este pueblo han pasado diferentes culturas: los árabes, los normandos, judíos y cristianos, cada uno dejando su propia huella para la posteridad.

El centro histórico se haya sobre una gran colina -sí, como cada pueblo medieval en territorio goloso para el enemigo- y en este caso además a orillas del Miño, río que hace de frontera natural con Portugal. Tui es por tanto la puerta de entrada del Camino (de Santiago) portugués a Galicia. Tras las murallas, arranca un laberinto de calles empedradas con casas con blasones heráldicos, conventos e iglesias y en lo más alto, la catedral de Santa María. Ésta de aspecto regio e imponente. Y es que además de templo hacía las veces de fortaleza, algo imprescindible ya que por su situación estratégica la ciudad tuvo que defenderse a lo largo de su historia.

Tui se sitúa al inicio de las Rías Baixas entrando desde Portugal
Con aspecto de castillo, la catedral de Santa María

Santa María se inició en el siglo XII y guarda mucho del románico, aunque la fachada principal es gótica y es la primera que se realizó en la Península Ibérica de este estilo. En su interior hay que ver los órganos barrocos, la sillería del coro, el retablo de la Expectación y la capilla de las Reliquias. Y por supuesto, el claustro que tiene la singularidad de ser el único en estilo gótico de las catedrales de Galicia. Por cierto, ni Vigo ni Pontevedra siendo ciudades mucho más grandes tienen catedral y sí en cambio la pequeña Tui. Dentro de la catedral está el Museo Catedralicio, situado en la capilla de Santa Catarina con su arte sacro. Al final de la visita, qué mejor que subir a la torre del Homenaje para contemplar el Miño y el pueblo vecino portugués de Valença do Minho, tan coqueto también, además de entretenido por las compras.

Junto a la catedral el visitante encuentra el edificio que fue hospital de pobres y peregrinos (inaugurado en 1756) y hoy reconvertido en el Museo Diocesano. De entre toda la colección que guarda, llaman la atención los catorce “sambenitos”, unos capuchones o escapularios del siglo XVII que utilizaba la Inquisición para estigmatizar a quienes los tenían que llevar. Se trataba de hacer público a la vista de todos la situación de herejes encausados ante el Tribunal del Santo Oficio. Fueron descubiertas dentro de la catedral de Tui en los años 80 y son la mejor colección existente en España.

Los sambenitos

El corazón de la ciudad vieja cuenta con vestigios del antiguo barrio judío. Edificios como la casa de botica, la casa de Salomón y la casa dos capeláns son prueba de ello. Queda también en pie el patio de la antigua sinagoga medieval, que es el único judío existente en Galicia. Incluso la catedral también tiene sello hebreo, con la “menorá” inscrita en el claustro.

Entre visita y visita haga un hueco para entrar en la tienda de alimentación -y estanco- más antigua de Galicia. Entre conservas, licores, especias, infusiones para todo tipo de dolencias y males, dulces, legumbres… esta familia lleva más de 130 años de oficio. Ricardo Alonso, al pie del cañón, es la quinta generación de este negocio desde que lo fundaron en 1890.

En las estanterías de este ultramarinos hay una colección de licores y bebidas con probablemente más de 40 años de antiguedad

Otros edificios imprescindibles son la Capilla de San Telmo, que es un buen ejemplo del barroco portugués en Galicia y fue construida sobre la casa donde murió este santo en el siglo XIII, que es patrono de Tui. También el Convento de las Clarisas, que sobrio y austero a la vista deja claro el estilo de vida de las monjas de clausura que aquí habitan. Los dulces riquísimos que elaboran seguro que serán unos pequeños tesoros con los que hacerse los comentados turistas australianos. Sin olvidar la iglesia gótica y convento de Santo Domingo que, muy cerca de la orilla del Miño, fue panteón de la nobleza tudense y posee dos espléndidos retablos barrocos del siglo XVIII.

Tui no solo es patrimonio histórico, también es naturaleza. Rodeada de un paisaje idílico, sus caminos forestales adentran al visitante en montes en los que se entremezcla flora autóctona con otras especies exóticas con ya los cien años allí. Están repletos de robledales con abetos, cedros del Líbano, eucaliptus y todavía más mágico, también de leyendas. Un buen lugar para disfrutar haciendo senderismo es el monte Aloia, que fue el primer espacio en Galicia en ganar la categoría de parque natural. Desde sus miradores a más de 600 metros de altura se tiene una panorámica espectacular sobre el río Miño a un lado, y al otro lado al mar alcanzando hasta las Islas Cíes. Otro tipo de regalos para el paseante en Aloia son el recinto amurallado de la época galaico-romana y una ermita.

Unos 10 km de sendas a lo largo del monte Aloia, una atalaya a unos 700 metros de altura. Foto: Concello de Tui turismo
Paisajes de gran belleza en este parque natural. Foto: Concello de Tui turismo

No es de extrañar que esta pequeña ciudad pueda dejar prendado a cualquiera. Pero cuando el visitante procede de un lugar tan ajeno y lejano como es Oceanía, la sensación agradable y enriquecedora de atracción hacia lo desconocido debe ser todavía más intensa y placentera. Tan distintas y sin embargo, con algo en común: el legado del misionero Rosendo Salvado.

Más información:

Oficina de Turismo. Además de la información de puntos imprescindibles de la ciudad y el tradicional mapa turístico, en la oficina facilitan dos mapas con rutas turísticas dedicadas a las familias con cuestionarios y juegos sobre al patrimonio tudense para que los pequeños vayan resolviendo a lo largo del recorrido. Uno por los vestigios del pasado judío de Tui y el otro por el conjunto histórico entorno a la catedral.