Los hombres también tejen

Es un buen remedio contra la depresión y el imsomnio, nos obliga a ejercitar la mente y las articulaciones, también es excelente contra el estrés y la ansiedad… Hacer punto, o tejer con dos agujas, es una manualidad repleta de beneficios que tradicionalmente se ha identificado como netamente femenina. Pero no. Los hombres también tejen. El knitting está de moda, y al amparo de esta tendencia cada vez son más los varones que han descubierto las excelencias de esta práctica. Porque los hombres también tejen. Fuera prejuicios, adiós machismo. Hoy vamos a motivarle, caballero, a que se anime y haga algo bueno por su salud y su mente. Aviso para navegantes: engancha bastante.

 

Los chicos también tejen.
Los chicos también tejen.

 

¿Por qué se ha puesto tan de moda tejer? Hace unos años eran las abuelas las que parecían ser las únicas que se animaban a tricotar para nacimientos y bautizos. Hoy, sin embargo, un auténtico aluvión de jóvenes (cada vez más hombres entre ellas) quedan para tejer o le dan a la aguja en el metro, en casa o en el autobús. De hecho, las mercerías de siempre tienen duros rivales en modernas tiendas, bien sean físicas (como Estaribel, en el madrileño barrio de Malasaña, o All you knit is love en Barcelona) e incluso online, como los preciosos kits de We Are Knitters, que incluyen todo lo necesario para un proyecto. ¿Por qué este boom? La explicación no es sencilla. Una razón puede deberse a que la crisis económica (que arrancó en 2008, no lo olviden) siempre favorece el ocio “casero” y las actividades que tienen un aprovechamiento práctico (como puede ser hacerse un jersey o un gorro). Pero lo cierto es que todo el universo homemade lleva muchos años muy fuerte. Y los varones no tienen por qué quedarse fuera.

Para esto de la igualdad en el tema del tejer, en cualquier caso, queda un largo camino. Y esto lo demuestran acciones como las de Tejiendo Malasaña, un colectivo de tejedores con mayoría femenina que periódicamente se reúnen para tejer todo tipo de piezas y decorar las calles del barrio (esto es lo que se conoce como yarn bombing, una forma de arte urbano). El 9 de marzo de 2014 salieron por la plaza de Dos de Mayo para animar a los caballeros a empinar la aguja. Muchos, obviamente, no tenían ningún tipo de noción, pero basta echar un ojo a su crónica para ver que no faltaban los que sabían desenvolverse un poquito.

 

Lanas y agujas: combinación ganadora también para ellos.
Lanas y agujas: combinación ganadora también para ellos.

 

Para los que quieran atreverse y tengan alguna noción, una buena idea puede ser participar en las reuniones y quedadas de tejedores. Se producen en cafés y bares de las ciudades. En Madrid, por ejemplo, puedes acogerte a las de Madrid Knits, que se reúnen los viernes y sábados durante cuatro horas en el Starbucks de Pedro Texeira. En su web dejan claro que no dan clase (otra cosa es que surjan dudas), así que los muy novatos necesitarán buscarse un padrino o madrino que les enseñe. Y si eres vergonzoso y no te apetece ver tu cara en ninguna publicación de Facebook puedes estar tranquilo: aquí no hacen fotos a las caras de ningún tejedor. También hay señores en las quedadas de Punto Cuqui, también en Madrid. Lo cierto es que es tan fácil como buscar en Google y et voilà. Suele haber hombres, pero siempre en minoría.

En España, como en tantas otras cosas, en esto vamos con retraso. Porque en ciudades como Londres o Nueva York, el punto masculino es algo mucho más frecuente. Si husmeamos por la Red de Redes, encontramos webs tan interesantes como Men who knit (que promueve el punto entre los hombres) y otros muchos sites en la misma línea. El diario británico Telegraph se preguntaba a mediados de 2014 si el tejer se iba a convertir en el nuevo yoga de los señores. En nuestro país, por desgracia, queda un largo camino por recorrer. Lo importante es estar dispuesto a perder la vergüenza y pisar unos cuantos tabúes estúpidos.

Y una buena manera de hacerlo es apuntándonos en cursos para aprender. Cada vez hay más espacios para iniciarse en esta labor y en otras tan en boga como el ganchillo (que difiere del punto sustancialmente, por si no lo sabe). La mayoría del alumnado, no nos engañemos, es femenino, pero el ambiente es genial y lo encontrarás reconfortante, muy relajante y sobre todo divertido. ¡Palabra de tejedora! Y si tenemos la agenda complicada, hay millones de tutoriales en todos los idiomas que son una forma excelente de soltarnos.

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