La buena vida en Arlés, más allá de los reclamos turísticos

Si por algo es conocida la pequeña y tranquila Arlés es por su imponente pasado romano y por sus fuertes lazos con Vincent van Gogh. Una ciudad al sur de Francia (a las puertas del delta del Ródano) de callejuelas con aire provenzal y glamour parisién, que bajo la luz brillante que enamoró al genial pintor holandés luce orgullosa hasta trece monumentos Patrimonio Mundial de la UNESCO -de ellos, el anfiteatro romano es su estrella turística-; y cuenta con varios museos y fundaciones en los que darnos un festín histórico y cultural. Pero en este lugar no sólo hay arte, monumentos y callecitas con encanto y de estudiada decadencia en las que perderse. Hay otras cuantas poderosas razones por las que visitar esta pequeña ciudad.

 

Arlés nos regala momentos para la buena vida como pasar la tarde en placitas como esta del restaurante L'Ouvre Boite
En Arlés, placitas como esta del restaurante L’Ouvre Boite, nos regalan momentos para la buena vida. Foto: L’Ouvre Boite

 

Porque Arlés respira la animación, la alegría y el buen vivir propios del Mediterráneo. Sus gentes y su estilo de vida lo llevan marcado en su ADN. Al fin y al cabo, esto es el sur de Francia, algo así como el sur de España. De hecho, los del sur tienen para los franceses una concepción muy similar a los andaluces entre el resto de españoles. Por no hablar que los 300 días de sol de los que pueden presumir los arlesianos frente a otros galos, tal y como asegura la oficina de turismo de Arlés.

De paseo por la ciudad. Puntos estratégicos…

Un poco de espíritu rural o campesino, más otro poco de elegancia parisina hacen de Arlés una urbe encantadora para caminar sin prisa y sin rumbo, descubriendo a su paso la vida en las calles.

Lo cotidiano aquí incluye pasar la tarde en alguna de sus placitas o en una terraza de los cafés del bulevar des Lices y acudir el sábado al mercado, uno de los más grandes de Provenza -son dos kilómetros llenos de colores y olores de frutas y verduras, quesos, flores y especias-. También dirigirse a la calle Porte de Laure donde encuentra numerosos restaurantes. La plaza de Paul Doumer, dentro del barrio de la Roquette, es muy agradable para un paseo por la mañana. Está llena de pequeños comercios (carnicería, frutería, tienda de comestibles, panadería…) además de cafés en los que apetece hacer un alto antes de seguir indagando la ciudad. Por cierto, algunos de esos cafés fueron antes cabarets que Van Gogh frecuentaba a finales del XIX.

Callecita de Arlés cercana al anfiteatro
Callecita de Arlés cercana al anfiteatro

La buena mesa

En el apartado gastronómico, el arroz con D.O. “Arroz de la Camarga”, el aceite de oliva de la región, la carne de toro D.O., el salchichón de Arlés, o los cangrejos del río de Louisiane y las tellinas pescadas en el golfo de Beauduc; más los vinos de la región, la sal de Camarga, y todo ello junto con una gran tradición de recetas, hacen de la ciudad una apuesta segura para disfrutar de la buena mesa. Sin olvidarnos de los productos locales de cultivo biológico (hortalizas, frutas y verduras, aceitunas, miel, quesos de cabra…).

Algunas direcciones para el “buen comer” son:

En una encantadora miniplaza muy cerca del teatro romano, hay un restaurante -también mini-, L’Ouvre Boite, (del Hôtel du Cloître) que es un sitio ideal para tomar unas tapas y una ensalada en su terraza. O para llevar a casa alguna buena adquisición gastro, ya que cuenta con un rincón con una selección muy cuidada de ultramarinos: vinagres, salsas, especias, conservas portuguesas, verduras italianas, sake japonés y vinos franceses, entre otros productos.

Otro pequeño restaurante es L´Autruche (el avestruz), que haciendo honor a su nombre está escondido en la Rue D’Allau. El ambiente del local es distendido y animado, y la cocina con productos de temporada es sencilla, actual y superior.

Y dos direcciones Michelin en Arlés son: L’atelier, con dos estrellas, de Jean-Luc Rabanel, el chef pionero de la cocina ecológica en Francia. También suyo es el restaurante Bistrot À Coté, -aunque este sin estrellas-. Y a doce minutos de la ciudad en el corazón de la Camarga, se encuentra el restaurante La Chassagnette donde con una estrella Michelin, Armand Arnal propone en un homenaje a la naturaleza, una cocina a base de productos orgánicos de su propia huerta. Allí todos los platos son sin gluten y el pan es casero.

Terraza de La Chassagnette junto a su huerta. Foto: La Chassagnette
El jardín junto a la terraza de La Chassagnette es su huerta de productos orgánicos. Foto: La Chassagnette

Pequeña pero con una apretada agenda cultural

En Arlés existen muchas posibilidades para zambullirse en el terreno cultural. Porque aunque el buen vivir de las calles es el protagonista principal, compite en atractivo con la agenda cultural y de ocio que aquí disfrutan los arlesianos. Las dos citas más importantes -al menos a nivel internacional- de su variada y apretada agenda son el festival de fotografía “Les rencontres internationales de la photographie” y el de música “Les suds, à Arles”.

Les Rencontres d’Arles

Acudir a esta ciudad durante el verano, de julio a septiembre, permite descubrir la obra fotográfica de aquellos artistas que tienen la oportunidad y la suerte de exponer en el festival Les Rencontres d’Arles. Para que se haga una idea y tal como indica la Oficina de Turismo de Arlés en su página… “lo mismo que representa para el cine la ciudad de Cannes, Arlés lo es para la fotografía”.

Desde su creación en 1969, está considerado como el festival de fotografía más importante de Europa. Fue el pionero en su género y en cada edición atrae a participar a fotógrafos de todo el mundo. Desde grandes nombres como la norteamericana Annie Leibovitz y otros tantos profesionales reputados que suelen exponer en esta gran cita (en la pasada edición 2017, lo hicieron el alemán Michael Wolf y el italiano Alex Majoli). A otros muchos que vienen para aprovechar las prácticas y las Master Classes que se organizan con las que perfeccionar su técnica fotográfica, o los que simplemente acuden con su porfolio bajo el brazo para llamar la atención de alguno de los agentes fotográficos más importantes del mundo.

Pero más allá del ámbito estrictamente profesional, el evento es también todo un acontecimiento para la ciudad. Cantidad de actividades, abiertas al gran público, inundan el casco antiguo durante todo el verano.

Para empezar, unas sesenta exposiciones, conferencias y debates se reparten por lugares importantes de su patrimonio, como iglesias y museos, e incluso en edificios privados no visitables de forma habitual. Y no sólo en la sección oficial, porque las galerías, librerías y comercios también se suman al desenfreno fotográfico alojando en sus espacios exposiciones o actividades culturales. En realidad en cualquier rincón o muro de la villa puede encontrar una exposición improvisada o una de la sección off del festival.

Así llegamos al momento “salir de fiesta”. Con simplemente rastrear un poquito, se topará con alguna fiesta o evento. Por ejemplo, en alguno de los edificios de las entidades que participan, en cualquier galería en la que no faltará un grupo indie tocando en directo, o en el sitio más insospechado donde puede dar con alguna sesión de dj.

En definitiva, Les Rencontres d’Arles es todo un acontecimiento que trasciende a lo fotográfico.

Arlés es en el mundo de la fotografía algo así como su capital. Foto: Les Rencontres d'Arles
Arlés es en el mundo de la fotografía algo así como su capital. Foto: Les Rencontres d’Arles

 

Les Suds, à Arles

Cada segunda quincena de julio se celebra una semana de músicas del mundo dentro del festival Les Suds, à Arles. Desde las 10 de la noche hasta las 4 de la madrugada y con un programa de conciertos que promueve la diversidad cultural, la localidad se llena de encuentros distendidos con más de doscientos artistas venidos de todo el mundo. Así, durante esos siete días se topará con actuaciones en muchas de las pequeñas plazas y patios de la ciudad. También a orillas del Ródano y por supuesto, en lugares privilegiados como el teatro antiguo o el Museo de la Antigua Arlés, que se convierten en escenarios para la música durante esta gran cita.

Este año habrá además una versión del festival en pleno invierno. Así, del 17 al 24 de febrero se celebra Les Suds, en hiver en la que como novedad participan junto con Arlés otras cuatro localidades de la región Provenza-Alpes-Costa Azul.

Más música encuentra en Jazz in Arles que se celebra en mayo, o en las Escales du Cargo de música pop a finales de julio. Y más fotografía en el Festival Europeo de Fotografías de Desnudos, que se celebra en mayo.

El magnetismo de las fiestas tradicionales

Si lo que busca es saborear la cultura tradicional del lugar, le interesará saber que en Arlés las fiestas tradicionales tienen un gran peso en la cultura y en el día a día de la ciudad.

En todas las celebraciones populares hay dos claros protagonistas: los gardians (los cuidadores de los caballos de la Camarga), y las arlesianas con su traje provenzal. Conservan incluso tradiciones específicas para ellos, como la Fête du Costume y la Fête des Gardians. En esta última, los gardians se reúnen cada 1 de mayo para bendecir a sus caballos. Por su parte las mujeres, que se visten con el traje tradicional durante todas las celebraciones populares, tienen un día dedicado en particular a ellas y a su traje: la Fête du Costume (fiesta del traje). La cita es el primer domingo de julio. Por la mañana, se visten con sus vestidos más bonitos para desfilar por las calles hasta llegar al teatro Antiguo romano, donde ensalzan a la reina de Arlés y a sus damas de honor (desde 1930 se elige a la reina cada tres años). Y por la tarde, en su honor se suceden distintas tradiciones provenzales como corridas de toros camarguesas, juegos a caballo de los gardians y bailes típicos.

Traje de arlesiana. Foto: Arles Tourisme
Traje de arlesiana. Foto: Arles Tourisme

 

A finales de agosto, la antigua Arelate homenajea a Roma con distintas actividades como visitas teatralizadas, películas de romanos en el teatro romano, representaciones de luchas de gladiadores y carreras de carros en el anfiteatro.

Y toros. En la ciudad de Arlés, los aficionados tienen tres principales citas taurinas: en Semana Santa; en julio con la Cocarde d’Or, la corrida de toros camarguesa más conocida y a la que acude la gente vestida con trajes tradicionales; y a mediados de septiembre durante la Feria del Arroz. Encierros, música por las calles, salir de bares y acudir a carpas al más puro estilo “Feria de Abril”, son algunos de los planes, con acento español, para pasarlo bien durante esos días.

En Navidades, del 21 al 24 de diciembre, se celebra Drôles de Noëls, un festival en la calle con animaciones y espectáculos para ir caldeando el ambiente prenavideño. Calles, plazas y los monumentos se llenan con actuaciones de marionetas, circo, magia, música, cuentos y fuegos artificiales, incluso los comercios se unen con su propio repertorio de animaciones. Por cierto, en esta ciudad es típico las figuritas de Belén, conocidas como santons (santos en provenzal), que están hechas a mano por artesanos especializados. Como Evelyne Ricord, una de las mejores de Francia de estas figuras de arcilla. Entre mediados de noviembre y de enero, se realiza el Salón des Santonniers que desde 1958 reúne en el claustro de Saint Trophime los belenes más bonitos de la Provenza y de otras partes del mundo.

Todas estas son sólo algunas de las citas y posibilidades que ofrece la capital de la Camarga a lo largo del año. Porque en una comarca con un pronunciado carácter mediterráneo, cualquier excusa es buena para salir a disfrutar de la vida en la calle y en compañía de otros. Como afirman los lugareños: “en Arlés, la vida es un arte en sí mismo”. Ahí lo dejamos.