Roma, vista por los genios de la literatura

Rilke, Dickens, Twain, Melville, Goethe o Stendhal describen las maravillas de la Ciudad Eterna

Pocas ciudades como Roma han capturado la imaginación de los artistas de todas las épocas. Por eso, la editorial Ático de los Libros publica ahora una ‘Guía literaria de Roma’, en la que se condensan los pensamientos y sensaciones que la capital italiana despertó en los escritores más célebres que la visitaron. Desde Montaigne hasta Rilke, pasando por Chateaubriand, Dickens, Twain, Melville, Goethe, James o Stendhal, el libro presenta una visión diferente de esta ciudad, que aparece ilustrada con grabados de Giovanni Batista Piranesi y Giuseppe Vasi, entre otros.

Roma es la ciudad de los ecos, de las ilusiones, de los anhelos’, dejó por escrito Giotto di Bondone. Pero son legión los visitantes que inmortalizaron con sus palabras el encanto de la Ciudad Eterna, una de las ciudades más visitadas del mundo. Nos acercamos a la experiencia de alguno de ellos:

Ponte Milvio, según Piranesi.
Ponte Milvio, según Giovanni Battista Piranesi.

ESTRABÓN

Estrabón se dirige a lectores griegos y da su impresión del aspecto físico de Roma, que se había hecho dueña del mundo griego. Escribió este texto en época de Augusto, alrededor del año 20 de nuestra era, cuando muchos de sus edificios más famosos, como el Coliseo, todavía no habían sido construidos.

“En el Campo de Marte, la belleza de la naturaleza se une a la del arte (…) Las estructuras que rodean el Campo de Marte, la hierba que lo cubre todo el año, la cima de las colinas más allá del Tíber, levantándose a sus orillas como un magnífico paisaje, presentan un espectáculo que el ojo se resiste a abandonar”.

Piazza Colonna, según Vasi.
Piazza Colonna, según Giuseppe Vasi.

MONTAIGNE

Montaigne emprendió, en 1580, un viaje a Suiza, Alemania e Italia. Guardó sus impresiones en un diario. Durante el viaje disfrutó de su estancia en Roma en la medida en que se lo permitieron las piedras que tenía en el riñón.

“Yo decía de las ventajas de Roma, entre otras cosas,q ue es la ciudad más abierta del mundo, en la que a la extranjería y a la diferencia de nacionalidades se le da poca importancia, pues por su misma naturaleza es una ciudad hecha de remiendos de extranjeros; todos están en ella como en su casa. Su príncipe abraza con su autoridad la cristiandad entera”.

Piazza di San Piedro, según Piranesi.
Piazza di San Piedro, según Piranesi.

EDWARD GIBBON

Edward Gibbon publicó en 1776 uno de los libros más apasionantes sobre la antigua Roma por la calidad de su prosa y su estilo irónico. Fue precisamente en Roma, sentado entre las ruinas del Capitolio mientras unos frailes descalzos cantaban vísperas en el templo de Júpiter, cuando se le ocurrió escribir sobre el declive y caída del Imperio romano.

“Los responsables del estado ruinoso del Coliseo son los sobrinos de Pablo III, y todo viajero que contempla el Palazzo Farnese puede muy bien maldecir el sacrilegio y ostentosidad de esos príncipes advenedizos. Similar reproche puede hacérsele a los Barberini, y de los reinados subsiguientes puede inferirse la sucesiva repetición del expolio del edificio”.

Piazza di Spagna, según Piranesi.
Piazza di Spagna, según Piranesi.

TOBIAS SMOLLETT

Tobias Smollett publicó en 1766 su ‘Diario de viajes por Francia e Italia’. Médico, escritor, traductor, historiador y periodista, lo vemos a menudo quejándose de todo cuanto ve.

“Fue una gran decepción ver el Panteon, que, a pesar de todo lo que se ha dicho de él, parece un corral de gallos de pelea abierto por el techo. El pórtico, que Agripa añadió al edificio, es indudablemente noble, aunque, en mi opinión, no se aviene con la sencillez del edificio. Siento una enorme veneración por los antiguos, pero no veo en qué puede consistir la supuesta belleza de la rotonda”.

San Juan de Letrán, según Piranesi.
San Juan de Letrán, según Piranesi.

GOETHE

Goethe hizo, en su célebre ‘Viaje a Italia’, el relato del año y medio que el genio alemán pasó viajando por el país Mediterráneo. Partió en 1786 y, según había escrito 40 años antes de emprender el viaje: «Roma será mi universidad.» Este fue, probablemente, el periodo más feliz de su vida.

“Quien no ha cruzado Roma bajo la luna llena no tiene ni idea de la belleza que se ha perdido. Las grandes manchas de luz y de sombra engullen todos los detalles, y el ojo solo ve las imágenes más grandes y genéricas. Hace tres días que disfrutamos a placer de las noches más excelentes y claras. Un espectáculo singularmente bello lo ofrece el Coliseo”.

Foro romano.
Foro romano.

CHATEAUBRIAND

Chateaubriand escribió su ‘Viaje a Italia’ a la edad de 35 años, después de haber viajado allí entre 1803 y 1804. Son una serie de cartas a sus amigos que sólo vería la luz en 1826 con la publicación del volumen decimotercero de sus obras completas.

“Jamás me cansaba de ver en la Villa Borghese ponerse el sol sobre los cipreses del monte Mario y sobre los pinos de la villa Pamphili, plantados por Le Nòtre. Muchas veces he remontado el Tíber en Ponte Molle para gozar de aquella grandiosa escena al acabarse el día: los picos de los montes de la Sabina parecen hechos de lapislázuli y de ópalo”.

El Coliseo, según Piranesi.
El Coliseo, según Piranesi.

STENDHAL

Stendhal dijo que lo primero que debe hacer el viajero es sumergirse en la lectura de los libros que traten del destino al cual se dirige. Él viajó a Roma en varias ocasiones, la primera en 1815. Para él, Roma era la metáfora del amor perfecto.

“Desde Monte-Cavallo a la Fontana di Trevi hay unos cinco minutos de distancia. La masa de dicha edificación y la abundancia de agua le confieren un aire majestuoso; pero, desafortunadamente, descansa sobre un terreno muy bajo y el espacio es muy estrecho. Una gran figura de Neptuno ocupa la arcada de en medio. En los dos nichos laterales se levantan las estatuas dedicadas a la Salud y a la Fecundidad”.

Interior del Panteón, según Luigi Rossini.
Interior del Panteón, según Luigi Rossini.

SHELLEY

Shelley tuvo tiempo, a pesar de su temprana muerte a los 30 años, de ser expulsado de Oxford por defender el ateísmo, fugarse a Escocia con la hija de un posadero, escribir varios poemas considerados obras maestras, casarse con Mary Shelley y volverse a fugar hacia Francia y Suiza y visitar a Byron en Italia. A un espíritu tan inquieto no dejó de impresionarle la ciudad de Roma.

“Durante mis viajes por Italia me llegó un manuscrito, copia de otro que se encuentra en el Palazzo Cenci de Roma, y que contiene una narración detallada de los horrores que terminaron con la extinción de una de las familias más nobles y ricas de esa ciudad en el año 1599, durante el pontificado de Clemente VIII”.

Fontana di Trevi, según Vasi.
Fontana di Trevi, según Vasi.

FENIMORE COOPER

Fenimore Cooper pasó cinco meses en Roma durante su viaje por Italia entre 1828 y 1830. El libro que publicó en 1838, Excursiones por Italia, provocó que en Estados Unidos le acusaran de preferir Roma a su patria.

“Las mujeres romanas están entre las más seductoras y bellas de toda la cristiandad. Cualquiera que pase una semana aquí podrá entender la ‘bocca Romana’, pues no hay mujeres que hablen su idioma de forma más bella. La manera en que pronuncian esa bonita y elegante palabra, ‘grazie’, es pura música”.

Iglesia de San Eustaquio y Palazzo Cenci, según Vasi.
Iglesia de San Eustaquio y Palazzo Cenci, según Vasi.

DICKENS

Charles Dickens vivió en Italia entre 1844 y 1845, siendo ya un escritor famoso. Viajó con su familia y estuvo en Roma durante el carnaval y la Semana Santa. En 1846 publicó Imágenes de Italia, un libro de viajes centrado en la descripción de acontecimientos y ceremonias más que monumentos y palacios.


“Cuando, tras un par de millas, la Ciudad Eterna emergió en la distancia, se parecía –casi temo escribirlo- ¡a Londres! Allí estaba, bajo una espesa nube, con sus innumerables torres y agujas y tejados elevándose al cielo, y sobresaliendo entre todos ellos, una cúpula. Aunque soy perfectamente consciente de lo absurdo de la comparación, juro que a esa distancia se parecía tanto a Londres que, si me la hubieran enseñado por un catalejo, no la habría tomado por otra cosa”.

El Panteón, según Piranesi.
El Panteón, según Piranesi.

HERMAN MELVILLE

Melville viajó a Roma en octubre de 1856 para visitar a su amigo Hawthorne. Se sentía melancólico, pues la fama literaria lo eludía. Moby Dick fue publicada en 1851, pero sólo vendió 3.000 ejemplares y no impresionó a la crítica. Pasó́ el resto su vida luchando contra la ruina económica. Entre 1857 y 1860 recorrió Estados Unidos dando conferencias.

“Al entrar en la propia Roma, saludan al visitante miles de estatuas que, como representantes de un pasado poderoso, alargan sus manos hacia el presente y, con ello, conectan los siglos. Vaya a donde vaya uno en Roma, en sus casas, moradas, iglesias, en sus jardines, en sus paseos, en sus plazas públicas o en sus parcelas privadas, por todas partes abundan las estatuas”.

Laoconte.
Laoconte.

PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN

Pedro Antonio de Alarcon, autor de El sombrero de tres picos, cultivó el género de la literatura de viajes. En 1861 publicó De Madrid a Nápoles, que recogía sus experiencias en un viaje realizado en pleno proceso de unificación de Italia.

“Los hombres de la clase pobre, con sus capas de color, sus sombreros de ala ancha y alta copa puntiaguda, su calzón corto, su faja, su cara aguileña, sus ondulantes cabelleras y magníficas barbas, me han infundido cierto respeto. Los grandes señores parecen retratos de la Edad Media. Las damas principales, severas, pálidas y grandiosas, tienen algo de las matronas romanas”.

MARK TWAIN

Mark Twain visitó Italia en 1867 en lo que él mismo llamó «el primer viaje de placer organizado trasatlántico». En 1869 publicó Inocentes en el extranjero, un detallado relato de un largo viaje a través de Europa y Tierra Santa. Cuando visitó Roma, la ciudad seguía bajo el gobierno del papa y no se había incorporado todavía al joven Reino de Italia.

“Estar en la puerta de San Pedro y mirar a los hombres que se encuentran en el otro extremo del templo, a dos manzanas de distancia, tiene un efecto reductor sobre ellos; rodeados por prodigiosas pinturas y estatuas y perdidos en el vasto espacio, parecen mucho más pequeños de lo que parecerían si estuvieran a dos manzanas de distancia al aire libre”.

Acqua Claudia, según Piranesi.
Acqua Claudia, según Piranesi.

HENRY JAMES

Henry James realizó varios viajes a Italia entre 1869 y 1909. En 1873 pasó una temporada considerablemente larga en Roma y publicó en revistas estadounidenses largos artículos sobre su estancia. En 1909 esos artículos, junto con otras narraciones de viajes, se recogieron en Italian Hours.

“El primer día de mi estancia en roma bajo la antigua dispensa lo pasé vagando al azar por la ciudad, dejando que la casualidad fuera mi guía. Resultó ser una guía perfecta y me dio muchas alegrías, entre ellas entablar conocimiento con Santa María la Mayor. Las primeras impresiones, las impresiones memorables, son generalmente irrecuperables”.

HUGH MACMILLAN

Hugh MacMillan, doctor en Derecho y Teología, hizo una excepción en sus escritos religiosos para publicar en 1888 una obra sobre los encantos de Roma, Mosaicos romanos.

‘No hay ninguna ciudad el mundo tan bien abastecida de agua como roma. Se oye el arrullador son ido y se ve el claro brillo del agua en casi todas sus plazas. En la Fontana di Trevi o en la Fontana Paolina, un río cae en una serie de perladas cascadas hasta ir a parar a un gran estanque”.

RAIMER MARIA RILKE

Rilke se trasladó a Roma después de pasar una temporada en París. En la capital italiana escribió la quinta y la sexta de sus célebres Cartas a un joven poeta y en la primera de ellas, plasmó sus impresiones sobre la Ciudad Eterna.

Roma, además, cuando uno no se ha acostumbrado a ella, te sofoca de tristeza durante unos pocos días: por la atmósfera sombría y muerta de museo que exhala, por la abundancia de sus pasados, que son traídos a colación y laboriosamente sostenidos por una terrible sobrevaloración, realizada por eruditos y filólogos e imitada por el turista común en Italia”.

PILAR ORTEGA

Nací en Madrid un 8 de marzo y prácticamente desde entonces tengo un libro entre las manos. Me licencié en Periodismo y mi trayectoria profesional se ha desarrollado casi siempre en las secciones de Cultura de periódicos nacionales: “El Mundo”, “La Razón” y “Ya”. Ahora colaboro como “freelance" con diversas publicaciones y también he puesto en marcha un proyecto que enlaza los viajes con la literatura. Soy autora de varias guías publicadas por la editorial Anaya Touring con las que me sumergí en países tan interesantes como Ecuador, Bolivia o Costa Rica. www.viajesynombres.com es mi aventura más personal. pilarortega@hispaviacion.es
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