‘Los Juanjos’, cita con la literatura y la música
La Librería de Pimiango (Asturias) acoge la presentación de 'Los vínculos invisibles', de Juanjo Fernández-Arroyo

Juanjo García Carretero, cantante, compositor, músico y abogado, dio un ‘Concierto de canciones malas’ que no pudo ser más aplaudido
Se llama La Librería de los Libros Perdidos, pero, como si de un oxímoron se tratara, se ha convertido en un lugar de encuentros. El lugar donde la literatura y la música se dan la mano; donde maridan palabras y notas; donde cada fin de semana el paseante que quiere perderse en este paraíso en Pimiango (Asturias), acaba encontrando un oasis cultural donde todo fluye.
Dos togados en busca de causas justas
Ocurrió el pasado 18 de julio. Tarde mágica de 2 Juanjos (“que no los 2 Javis”. bromean); ‘Arriba y Abajo’, como la serie. Arriba, libros; abajo, música. El cartel anunciado, la presentación de ‘Los vínculos invisibles’ del escritor Juanjo Fernández-Arroyo y, para rematar la tarde, concierto de Juanjo García Carretero de ‘Canciones malas’. O eso decía su autor, compositor, músico y abogado. Más coincidencias, los 2 protagonistas de la tarde son juristas. En un mundo de togados en busca de causas justas, donde todo está rigurosamente articulado y no hay lugar al azar, surgen sin embargo casualidades como éstas en la que los vínculos dejan de ser invisibles y las canciones dejan de ser malas. Y todo ello, en esta librería de libros perdidos, que no perdida, aunque al GPS a veces le cuesta ubicarla: la librería de Pimiango.
Una librería que es un lugar de culto
Esteban Raposo es el mecenas de este espacio. Los Mecenas fueron claves en el Renacimiento y Esteban lo es en esta atalaya sobre el mar Cantábrico, en el extremo más oriental de Asturias. Lo dijo el escritor Juanjo Fernández-Arroyo durante la presentación de su libro. “Esteban, eres muy generoso por abrir este espacio a escritores, a artistas; por dejar que presente mi libro”. Un libro que ya tiene su merecido hueco en este lugar de culto.
Muchas vidas para un solo final
Con la sala llena, como siempre (Esteban tiene un grupo de difusión por WhatsApp de miles de lectores y una larga lista de autores en espera), el escritor madrileño dio a conocer un libro que atrapa desde la primera frase: “Tengo 35 años y me muero”. Sí, y no hay que darle más vueltas. Porque la muerte no tiene segundas oportunidades, por lo menos para el protagonista de Fernández-Arroyo que se muere al principio, y se muere al final. Porque el escritor no engaña, aunque para llegar a ese final haya que vivir muchas vidas.
Viaje a un mundo de recuerdos
Acompañado por Javier y Xisca, la presentación estuvo llena de sorpresas y llevó a los espectadores a realizar un viaje a un mundo de imágenes y recuerdos donde daba igual si era o no real. Allí, en Pimiango, a esa hora, lo era. “Llevamos una hora debatiendo y hablando de unas vidas que no existen, que son ficción. Pero aquí estamos”. El público aplaudió el comentario porque todos querían saber más de la vida de Julio, de la vida de Evaristo. “Un camino, unas veces, llano, suave, placentero incluso y, otras, abrupto, intrincado, plagado de recodos oscuros; como me ocurre a mí ahora, que veo una secuencia de escenas propias y ajenas, vividas, prestadas e incluso puede que imaginadas”, indica Fernández-Arroyo.

La educación frente a las emociones
La historia promete. Julio, el hijo único de un hombre despiadado, forjado en la versión más dura de la España rural de posguerra y capaz de cualquier cosa para hacer fortuna, conocerá en el Madrid de la década de los noventa a Berta, una joven genuina, marcada desde su infancia, y su mundo dará un vuelco inesperado. “Los vínculos invisibles explora cómo la educación que recibimos y los dogmas que configuran la moral priman sobre nuestras emociones y sentimientos. Trata de hasta dónde estamos dispuestos a renunciar en favor de miedos y tabúes que nos dominan incluso más allá de lo que somos conscientes”, explica el también autor de ‘Bajo la hojarasca’.
Personajes dibujados con precisión
Hay oficio en Juanjo Fernández-Arroyo; hay oficio en quien dibuja a la perfección a sus personajes sólo por cómo actúan, hablan o visten. Decía Gloria Fuertes, “En vez de echarme al odio o a la calle, escribo a lo que salga”. El autor seguro que no odia; el lector, después de cerrar el libro, puede que sí.
Canciones ‘menos malas’ y ‘malas de verdad’
Y abajo esperaba el clon de Juanjo García Carretero anunciando un ‘Concierto de canciones malas’, avisando al lector y visitante que estaban a tiempo de irse… o de quedarse. Y se quedaron en lo que, sin duda, fue una acertada y original puesta en escena, Empezando por el nombre, “bienvenidos al hootenanny”, lo que significa juntarse en torno unas canciones, reuniones informales donde los músicos cantaban, tocaban y el público participaba. Por ejemplo, tocaba votar. Sobre la mesa, los asistentes encontraron tarjetas amarillas y rojas para sacar al final de cada canción: amarillas, las menos malas, y rojas, “las malas de verdad”. El público protestó. Quería sacar las verdes. “¿Dos amarillas valen por una verde?”, preguntó alguien.
Poesía pura convertida en canciones
Y entre risas y bromas, poesía pura convertidas en canciones. La voz de Juanjo llegaba donde no llega la palabra. Suave, dulce voz que acariciaba y envolvía la noche. Letras propias y letras de poetas a las que ha puesto música. La chica más guapa, Llámame como quieras amor, Silencio o Tiempo. En su repertorio, una denuncia a la violencia de género que conoce como profesional y una defensa a sus canciones malas. No hubo tarjeta verde. No hacía falta. Los aplausos hablaron solos en la noche de los Juanjos, Arriba y Abajo. Vínculos visibles y canciones no tan malas en Pimiango, donde nada está perdido. Ni los libros.





