La luz de Monet ilumina Madrid

Una exposición reúne, en CentroCentro Madrid, 50 obras maestras del artista impresionista

Hasta el 25 de febrero, CentroCentro exhibe 50 obras del maestro impresionista procedentes del Musée Marmottan Monet de París

La luz de Monet llega a Madrid y enriquece la oferta cultural del denominado Paisaje de la Luz, articulado en torno al Paseo del Prado y el Parque del Buen Retiro. Se trata de una muestra que ha sido organizada conjuntamente con el Musée Marmottan. Lleva por título Monet. Obras maestras del Musée Marmottan Monet, París y es una de las grandes citas culturales de esta temporada en Madrid. Reúne piezas con las que Claude Monet convivió íntimamente en su casa de Giverny hasta su muerte, entre las que destacan Retrato de Michel Monet con gorro de pompón, Londres. El Parlamento. Reflejos en el Támesis y sus icónicos nenúfares.

Glicinas
«Glicinas» (hacia 1919-1920). Museo Marmottan Monet, París.

Gracias a la iniciativa de CentroCentro y Arthemisia, Madrid recibe 50 obras maestras de Monet que explican su trayectoria artística. El recorrido de la exposición se centra en las distintas etapas de Monet, desde sus comienzos en las costas normandas hasta su última obra, los Nenúfares, pintados en su propiedad de Giverny, pasando por sus viajes a Holanda, Noruega y Londres.

“Son obras que guardó como oro en paño en su estudio y en la casa familiar de Giverny. Recorrer esta exposición es entrar en la rebosante creatividad del pintor y conocer sus fuentes de inspiración, así como su intimidad”, dice el director del Musée Marmottan Monet, Érik Desmazières. Además, el público también podrá conocer obras de Delacroix, Boudin, Jongkind, Renoir y Rodin, que fueron maestros y colegas de Monet.

Origen del Musée Marmottan Monet

La sección I de la exposición se ciñe a “Los orígenes del Musée Marmottan Monet: desde el Imperio hasta el Impresionismo”. Hay que empezar diciendo que, en 1932, Paul Marmottan (1856-1932) legó su palacete del XVI arrondissement de París y sus colecciones a la Académie des Beaux-Arts, y dos años después, en 1934, la institución convirtió el edificio en un museo. Su mobiliario imperial y los cuadros neoclásicos ilustran la pasión de Marmottan por el arte de la Europa napoleónica y constituyen el primer fondo de la institución parisina, que en 1999 adoptó el nombre de Musée Marmottan Monet.

"El tren en la nieve", de Monet
«El tren en la nieve. La locomotora» (1875). Museo Marmottan Monet, París.

La incorporación del apellido del gran pintor refleja el enriquecimiento de la institución con la donación de Victorine Donop de Monchy, de quien se expone en la muestra un retrato, así como dos de las obras maestras que legó al museo, La primavera a través de las ramas y El tren en la nieve. La locomotora, ambas de Claude Monet.

El gran legado de Michel Monet

Fue en 1966 cuando el museo pasó a ser depositario del primer fondo mundial de obras de Claude Monet (1840-1926) gracias al legado del hijo pequeño y descendiente directo del pintor, Michel Monet, que, aparte del busto de Monet por Paulin, añadió un centenar de cuadros de su padre desde sus inicios como pintor hasta su última etapa.

"Campo de tulipanes en Holanda", de Monet
«Campo de tulipanes en Holanda» (1886). Museo Marmottan Monet, París.

La Sección II de la muestra lleva por título “La luz impresionista”. Hay que recordar que, con su decisión de salir del estudio y pintar la naturaleza, los impresionistas rompen con la jerarquía de los géneros en la pintura. Desde entonces, lo que prima ya no es el tema en sí sino la sensación provocada por un paisaje o por las escenas de la vida moderna.

Maestro de la pintura al aire libre

Convertido en maestro de la pintura al aire libre, Monet dedicó toda su vida a captar las variaciones luminosas y las impresiones de colores de los lugares que miraba. Más que en el motivo, su interés se centraba en la transfiguración de la luz. Y para apresar esta luz cambiante, el pintor trabajaba deprisa a base de pinceladas sucesivas y no dudaba en aventurarse por lugares expuestos a cambios meteorológicos bruscos. La costa de Normandía y sus puestas de sol o los paisajes de Holanda, adonde volvió en 1886, le permitieron abordar las intensidades lumínicas de una naturaleza aún salvaje.

"El puente del ferrocarril", de Monet
«El puente del ferrocarril. Argenteuil» (1874). Museo Marmottan Monet, París.

“El Plen Air” es el eje de la Sección III de la muestra. Hay que tener en cuenta que, en el siglo XIX, la llegada del ferrocarril y la invención de la pintura en tubos dieron más libertad de movimiento a los pintores. Sin embargo, obligados a desplazarse con su material, los artistas elegían lienzos de pequeño formato y fáciles de transportar. También tenían que pintar deprisa, con el fin de plasmar lo que veían al instante.

Los viajes al extranjero

Fueron Johan Barthold Jongkind (1819-1891) y Eugène Boudin (1824-1898) quienes iniciaron a Monet en esta práctica. El pintor recorría Francia con asiduidad e hizo varios viajes por el extranjero para pintar marinas, paisajes o escenas de la vida familiar, como el retrato abocetado de su esposa Camille (1870). En algunas de sus sesiones en plein air, Monet recurría a los servicios de un porteador, como Poly, a quien conoció en Belle-Île en 1886 y de quien pintó un retrato.

"Los hemerocallis", de Monet
«Los hemerocallis» (hacia 1914-1917). Museo Marmottan Monet, París.

La exposición continúa con la Sección IV: “El jardín de Monet en Giverny. Más allá del Impresionismo”. En 1883 el pintor se instaló en Giverny y ya no se alejó del valle del Sena. Al mejorar su situación económica, pudo dedicarse casi en exclusiva durante 20 años a acondicionar su casa y a diseñar el jardín, “su mejor obra de arte” según sus palabras. La figura humana fue desapareciendo progresivamente de sus cuadros, cuyo único asunto acabaron siendo los iris, los hemerocallis, los agapantos y, sobre todo, los nenúfares, al tiempo que adoptaba como tema predilecto su jardín acuático.

Entre el estudio y su jardín

Al final de su vida, Monet vivía rodeado por sus creaciones, a caballo entre su estudio y su jardín. Las obras expuestas en Madrid proceden de su domicilio y constituyen, por su excepcionalidad y sus dimensiones, un conjunto único en el mundo.

"Sauce llorón", de Monet.
«Sauce llorón» (hacia 1918-1919). Museo Marmottan Monet, París.

“Las grandes decoraciones” es el tema de la Sección V de la muestra. Desde 1914 hasta su muerte, en 1926, Monet representó su jardín acuático de Giverny en 125 paneles de gran formato de los que regaló una selección a Francia (lo que se conoce como los Nenúfares de la Orangerie).

Nubes y ramas de sauces

Al representar un fragmento de su estanque en formatos muy grandes, Monet no sólo prescinde de cualquier perspectiva, sino que se propone sumergir al espectador en una extensión de agua convertida en espejo: nubes y ramas de sauces se reflejan en la superficie del estanque y ya no se distingue entre arriba y abajo. Estos paisajes sin principio ni final invitan a una experiencia contemplativa en la que basta con representar una flor, un detalle de la naturaleza, para sugerir su inmensidad.

"Vétheuil en la niebla", de Monet.
«Vétheuil en la niebla» (1879). Museo Marmottan Monet, París.

La Sección VI de la exposición se denomina “La abstracción en cuestión”. Toca recordar que, en 1908, Monet empezó a sufrir de cataratas, dolencia que le impedía ver con claridad y alteraba su percepción de los colores. Durante este tiempo, su paleta se redujo quedando dominada por los marrones, los rojos y los amarillos, como deja patente en los ciclos de El sendero de los rosales, los Puentes japoneses y los Sauces llorones. Y estos cuadros de caballete dejaron una huella profunda en los pintores abstractos de la segunda mitad del siglo XX.

¿Quién era Monet?

Claude-Oscar Monet (París, 14 de noviembre de 1840 – Giverny, 5 de diciembre de 1926) está considerado en la historia del arte como uno de los fundadores del Impresionismo francés, hasta el punto de que el propio nombre del movimiento artístico está vinculado a una de sus obras, «Impresión, sol naciente» (1872). Dentro del movimiento, es sin duda el exponente más consistente y prolífico.

"El velero", de Monet.
«El velero, efecto del atardecer» (1885). Museo Marmottan Monet, París.

La filosofía de su pintura, que se puede apreciar en sus famosas series, es la de retratar la naturaleza tal como es, siempre cambiante, de modo que incluso tomar el mismo argumento una y otra vez no significa reproducir el mismo cuadro. Por eso, la luz de Monet ilumina Madrid.

Información útil:

CentroCentro: Plaza de Cibeles, 1. Madrid

Horario: De lunes a domingos, de 10:00 a 20:00 h

Entrada general: 16€. Entrada reducida: 14€

PILAR ORTEGA

Nací en Madrid un 8 de marzo y prácticamente desde entonces tengo un libro entre las manos. Me licencié en Periodismo y mi trayectoria profesional se ha desarrollado casi siempre en las secciones de Cultura de periódicos nacionales: “El Mundo”, “La Razón” y “Ya”. Ahora colaboro como “freelance" con diversas publicaciones y también he puesto en marcha un proyecto que enlaza los viajes con la literatura. Soy autora de varias guías publicadas por la editorial Anaya Touring con las que me sumergí en países tan interesantes como Ecuador, Bolivia o Costa Rica. www.viajesynombres.com es mi aventura más personal.
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