Fermín Aparicio: “En el barrio nacen los sueños”

El escritor presenta 'El cayado de los afectos', un retrato generacional de la Transición, en San Fernando de Henares

Acaba de regresar de Assilah (Marruecos), donde ha armado la estructura de un libro a cuatro manos con un escritor marroquí, y hoy firma ejemplares de su última novela, ‘El cayado de los afectos’, en la Feria del Libro de Madrid. Fermín Aparicio, madrileño y residente en Cádiz, es un creador atípico. Lo mismo da rienda suelta a su creatividad a través de los pinceles que con un poema, una colección de relatos o una novela. Le apasiona meterse en la piel de los niños, los adolescentes y los jóvenes para edificar sus historias, ya sea para describir un barrio en los años de la Transición o para empatizar con el dolor de los niños palestinos.  

Una comunidad de rebeldías

Fermín Aparicio hace un retrato de una generación, la suya.
Fermín Aparicio hace un retrato de una generación, la suya.

‘El cayado de los afectos’ es el título de su último libro, donde hace un retrato de una generación, la de quienes vivieron su juventud en la España gris de finales de los años 60. Está representada en unos chavales de la periferia madrileña que pasaron de ser monaguillos para implicarse en política. Su objetivo: tejer hilos invisibles para armar una comunidad de sueños y rebeldías. Es, además, la historia de la Transición española. El próximo martes día 9 se presenta en el Centro Marcelino Camacho de San Fernando de Henares (Plaza de Fernando VI, 11), y el jueves 11, en el Espai Memorial La Model de Barcelona (D’Entenca, 155), a las 18:00, con visita guiada por las dependencias de la antigua prisión catalana a partir de las 16:30.

Pregunta. ¿Qué ha querido contar en este libro? ¿Y con qué intención?

Respuesta. Es la historia de un grupo de chicos y chicas que, en apenas siete años—una eternidad en edades tempranas—, completan una transformación vertiginosa. Pasan de ser monaguillos a pioneros en la primera clase mixta de su colegio, de estudiantes a militantes en una organización juvenil clandestina y, finalmente, a ‘tejedores’ de la vida social de su barrio. En este viaje se mezcla el realismo más crudo con un lirismo mágico. He querido capturar el momento de una adolescencia donde cada gesto, desde una conversación prohibida hasta un reparto de propaganda, estaba cargado de significado. Es la visión, en definitiva, de unos años muy importantes para la historia de España, a través de unos chicos y chicas de barrio, en un tiempo muy importante también para ellos. A la vez que España va ‘madurando’, estos chavales van creciendo. Se me viene a la cabeza, justo cuando se cumplen 50 años de democracia una reflexión. Se le da el protagonismo y el mérito al Rey, a Suárez, a los líderes políticos de aquella época… pero los verdaderos protagonistas fueron los trabajadores, los estudiantes, las mujeres… y esos jóvenes de barrio que fueron capaces de hilar complicidades culturales, de relaciones, de sueños y de imaginar un futuro en color.

P. ¿Cuánto hay de autobiografía en la novela?

R. Nunca pretendí que el libro fuera una autobiografía, pero es inevitable que en algún capítulo aparezcan situaciones que a las personas que me conocen ‘les huela a Fermín’. Eso es natural. Al fin y al cabo la novela está plagada de sentimientos y es muy difícil abstraerse de los propios. Creo que es Víctor Manuel el que dijo algo como que “en cada verso se deja jirones de su piel”. En cualquier caso, es una biografía coral de los protagonistas de la novela, unos chicos que en esos años pasan de los 12/13 años a los 19/20.

P. ¿Por qué ‘El cayado de los afectos’?

R. El título lo tomo de uno de los personajes, don Carlos Guama Zhou, que aparece casi al final de la novela, una especie de hombre sabio, sacerdote, santero, escritor, diplomático… con mucha experiencia en la vida, que va colgando en su cayado, en el bastón que le ayuda a vivir, y que siempre lleva consigo, los afectos, los recuerdos más importantes de su vida. Es un libro de afectos y sentimientos, donde cobra importancia el hecho de tener presentes a los nuestros para seguir andando.

P. ¿Cree que esa generación de la que habla despertó a la política en bloque, en busca de sueños?

R. Hubo una generación, la mía, que pasó de la niñez a la juventud en esos años agitados, con muchas implicaciones sociales y cambios políticos. Esa generación no es ajena; pero en el libro no hablo sólo de conciencia política estrictamente. Hablo sobre todo de sueños, de imaginar otra forma de relacionarse y de pensar en el futuro. De esa perspectiva amplia participa toda una generación, quizás porque va implícita con ser joven.

P. ¿Qué papel juega la imaginación en el desarrollo emocional de estos jóvenes?

R. La imaginación lo es todo. Sin imaginación estamos condenados a no ver más allá de un palmo. Cuando no sabemos qué hay al doblar la próxima esquina, nos lo imaginamos. Cuando queremos tener un horizonte, en cualquier aspecto de la vida, el afectivo, el profesional…, nos lo imaginamos. Es algo parecido a la utopía, que sin ella no seríamos capaces de ir hacia adelante.

P. ¿Le ha resultado fácil regresar a una época en la que todos éramos, los que habíamos nacido, mucho más jóvenes?

R. Difícil, no, pero hacer este ejercicio de mirar atrás con un mínimo de meticulosidad te hace ver las cosas con perspectiva. Te das cuenta de que instintivamente sólo recordamos las cosas buenas, pero cuando quieres abordar el pasado para escribir sobre él, afloran momentos, historias que casi habías olvidado para protegerte de ellas. Es bueno, aunque sólo sea como terapia, poner tu espejo retrovisor y cierta luz para mirar atrás.

P. ¿Cree que es posible cambiar la historia de un país desde abajo?

R. No sólo lo creo posible, sino que es imprescindible para que sea efectivo el cambio. De lo contrario, cambiarán nombres, cambiarán protagonistas, incluso algunos matices, pero la historia no cambiará. “Será siempre la misma historia”, cantaba León Felipe.

P.        ¿Cómo son los vínculos que se establecen entre los chicos de la novela? ¿Qué importancia tiene la geografía del barrio?

R. Las relaciones humanas y los vínculos son fundamentales para vivir y en edades tempranas más. Para un joven, para un adolescente, para los niños del barrio, “la calle” lo era todo, era el sitio para jugar, para ligar, para pelearse, para soñar… Es el espacio donde nacen los sueños y las rebeldías. ¿Cuántas veces decimos que “hoy los chicos no juegan en la calle” y que sólo están frente a las pantallas? Pues en esos barrios se establecían esas complicidades culturales y reivindicativas en lo inmediato de mejorar nuestras vidas. Los barrios han sido puntos de encuentro, incluso intergeneracionales, en asociaciones de vecinos, clubes juveniles, peñas… Han sido los motores del desarrollo, con cierta cordura, de las grandes ciudades. ¿Qué sería de Madrid sin Vallecas, Carabanchel, Orcasitas…?

P. Las canciones juegan un papel importante en la novela, como si fuera la banda sonora de la historia. ¿Por qué les ha dado tanta importancia?

Fermín Aparicio es madrileño y reside en Cádiz.
Fermín Aparicio es madrileño y reside en Cádiz.

R. La música, los olores y los colores forman parte de nuestra vida, son nuestros puntos de anclaje. Como dice Miguel Poveda, mi niñez es el olor a puchero en la lumbre y a las canciones por la radio que se colaban por la ventana de la cocina. En estos años, además, muchos descubrimos, a través de las canciones, la poesía, incluso la historia y la actualidad de otros sitios. Pero creo que eso pasaba entonces y pasa ahora. Entonces no teníamos auriculares y nuestros gustos musicales los aguantaban los vecinos, ahora la música parece un acto más íntimo que se disfruta desde la soledad. Y que conste, que en esto y en casi todo no creo que “cualquier tiempo pasado sea mejor”.

P. Uno de los personajes, Angelines, busca consuelo a su soledad, precisamente, en la música de Serrat, quien llega a ser su confidente…

R. No solamente es su confidente, es su amante secreto e imaginario, pero eso es normal. En momentos determinados todos hemos imaginado un amante, o unos amantes, y es de lo más sano y terapéuticamente recomendable. ¿O no?

P. La literatura, especialmente la poesía, se convirtió en un refugio emocional de la juventud.

R. Ante un mundo que nos parece hostil, sobre todo tienes 15, 16 ó 19 años, buscamos refugiarnos en los que tenemos más a mano, y esto puede ser un poema, una novela, una canción. Muchos se aventuran a escribir poemas. Alguna editorial debería apostar por publicar los poemas escritos por adolescentes, aunque sólo hicieran uno o dos…

P. Decía Carlos Edmundo de Ory que somos recuerdos, pero ¿no cree que el paso del tiempo ha dulcificado la historia de aquellos años y la ha hecho más bonita de lo que fue?

R. Es normal que tengamos una tendencia a ‘dulcificar’ nuestros recuerdos. Pero en ‘El cayado de los afectos’ hay momentos dulces, y otros absolutamente trágicos. Es una reivindicación de la memoria histórica. Es memoria de afectos, memoria de barrio, memoria de complicidades, memoria de amores y desamores, memoria y homenaje a esos chicos y chicas, y quizás el resumen esté en esas dos palabras ‘memoria histórica”, aunque prefiero hablar de ‘memoria histórica democrática’.

P. ¿Cree que los jóvenes de hoy son menos reivindicativos que los de entonces?

R. En absoluto. Los jóvenes de ahora son tanto o más reivindicativos que los de entonces. Eso sí, son diferentes en sus manifestaciones culturales y estéticas, pero son jóvenes y no admiten, afortunadamente, muchos de los ‘legados’ que les estamos dejando. Y eso que intentamos a menudo engañarles diciéndoles: “Vosotros sois el futuro”, cuando lo que son de verdad es el presente y a ellos les pertenece. No pretendamos que lean la poesía que leíamos nosotros, que escuchen la misma música, o exterioricen su pensamiento como hace 50 años. No podemos comparar a Paco Ibáñez con Milo J. No podemos pretender que los chavales acudan a actos ‘culturales’ a los que hoy tampoco iríamos nosotros.

P. ¿En qué anda ahora metido? ¿Cuál va a ser su siguiente proyecto?

R. Hace unos meses, el grupo Diwan, que es mi editorial, me propuso una estancia literaria en Marruecos, en concreto en Assilah, que se va a materializar en una novela “a cuatro manos” con un escritor marroquí. La editorial Diwan apuesta por dar a conocer escritores españoles y marroquíes aquí y allí. El objetivo: fortalecer los lazos históricos que ya existen por medio de la palabra y cultura. Y personalmente esta idea, este viaje… me ha entusiasmado.

PILAR ORTEGA

Nací en Madrid un 8 de marzo y prácticamente desde entonces tengo un libro entre las manos. Me licencié en Periodismo y mi trayectoria profesional se ha desarrollado casi siempre en las secciones de Cultura de periódicos nacionales: “El Mundo”, “La Razón” y “Ya”. Ahora colaboro como “freelance" con diversas publicaciones y también he puesto en marcha un proyecto que enlaza los viajes con la literatura. Soy autora de varias guías publicadas por la editorial Anaya Touring con las que me sumergí en países tan interesantes como Ecuador, Bolivia o Costa Rica. www.viajesynombres.com es mi aventura más personal. pilarortega@hispaviacion.es
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