Vuarnet, las gafas de sol que amaban los esquiadores e iconos como Mick Jagger y Alain Delon, ha vuelto para quedarse

En Meaux saben esperar para alcanzar la perfección. Situada a 25 millas al noreste de París y dividida en dos por un meandro del río Marne -afluente del Sena-, esta ciudad tardó casi 400 años en construir su catedral; el famoso queso Brie de Meaux es conocido por mejorar con la edad; y cada par de gafas de sol Vuarnet, también fabricadas en Meaux, requiere de 17 pasos y una semana completa para producirlas. Hoy hablamos de esta firma de gafas de sol francesa que celebridades como Romy Schneider, Mick Jagger, Alain Delon -y actualmente, el actor francés Vincet Cassel, embajador de la firma-, han sido fieles a sus gafas por sus modelos icónicos y su savoir-faire francés aplicado a un trabajo artesano y meticuloso, además de por la calidad y tecnología de sus lentes. Vuarnet vuelve pisando fuerte.

 

Alain Delon con sus Vuarnet 06 en la película La Piscine, (1969) rodada en Saint-Tropez.
Alain Delon con sus Vuarnet 06 en la película La Piscine, (1969) rodada en Saint-Tropez.

 

Aunque en España no llegó a ser muy muy conocida, Vuarnet fue una de las firmas de gafas con mayor tradición e historia en Francia y que triunfó internacionalmente gracias a una lente excepcional, el Skilynx: un cristal mineral (sólo un 5% de las firmas de gafas lo utilizan) capaz de proteger, y al mismo tiempo ofrecer una agudeza visual del relieve, excepcional con tiempo nublado e incluso por la noche. Un material que además no solo protege de los rayos UV, también de los infrarrojos y la luz azul, y que resiste al paso del tiempo, a los rayones y a los golpes.

Pero sobre todo… si por algo esta marca ha sido objeto de deseo por varias generaciones de franceses así como del otro lado del charco, es por su savoir-faire fruto de un trabajo de la lente artesano y meticuloso. Porque a Vuarnet, como buen meldois (gentilicio de Meaux), no le interesa acelerar las cosas. “Darle forma, pulir, grabar, todo se hace a mano”, indica Lionel Giraud, CEO de Vuarnet. Algo muy poco frecuente en el mercado actual de gafas de sol, inundado de sombras baratas y desechables.

El modelado, pulido y grabado de Vuarnet se hace a mano

Su historia comenzó en 1957, cuando el óptico y gran aficionado al esquí, Roger Pouilloux, creó un innovador cristal, el ya indicado Skilynx, que daba a los esquiadores una capacidad sin precedentes para discernir variaciones en la nieve.

Buscando el respaldo de una celebridad, Pouilloux le regaló unas gafas de sol de alta definición al esquiador francés Jean Vuarnet, que las usó durante las carreras en las que consiguió sus medallas de oro en los Juegos Olímpicos de 1960 en Squaw Valley, California. Más tarde, Vuarnet aceptó prestar su nombre -y su caché- a las gafas de sol de Pouilloux, que rápidamente se convirtieron en un icono de lo cool.

Pronto los esquiadores se decantaron por el modelo 02, y seguidamente fue adoptado por personalidades como Mick Jagger que la exhibía por las calles de Londres cogido del brazo de Jerry Hall, o Romy Schneider, increíblemente seductora, tumbada a la orilla de una piscina ataviada únicamente con unas 02 en la película “Inocentes con manos sucias” (1975), de Claude Chabrol. Otros modelos emblemáticos de la casa son el Glaciar que lo llevaba Miles Davis en el escenario, y el modelo 06 que protegió los ojos grises de Alain Delon de la radiante Romy Schneider en la película La Piscine, (1969) rodada en Saint-Tropez.

Pero las modas se desvanecen y Vuarnet no evolucionó para mantenerse al día con los tiempos. En la década de los 2000 la marca se retiró del mercado estadounidense y perdió protagonismo en Francia, donde las gafas de sol Vuarnet, que antes eran tan queridas, empezaron a languidecer en los cajones.

Sin embargo ahora que los looks clásicos de los años 80 vuelven a estar de moda, Vuarnet está revitalizando su imagen y aumentando las ventas (entre otras razones porque la compañía renovó la distribución estadounidense en 2015).

Modelo Edge Ronde.
Modelo Edge Ronde.

Detrás las cosas bien hechas, un trabajo minucioso

Si bien las modas pueden haber cambiado, los exigentes estándares de producción de la empresa nunca han variado. Vuarnet se dedica al vidrio mineral, únicamente y siempre. La empresa rechaza por completo las lentes de plástico: “La precisión óptica es mucho mejor”, explica Giraud, el CEO de Vuarnet. “¿Se imagina una cámara de alto rendimiento con una lente de plástico? Para las gafas es lo mismo, con el vidrio, ves todo mejor”.

El proceso comienza con un disco de vidrio mineral (silicona) del tamaño de un disco de hockey, según las especificaciones de Vuarnet, fabricado en un taller fabricante de vídrio de Meaux y templado para resistir el agrietamiento.

Se necesita una combinación de trabajo a máquina y a mano para transformar ese disco en una lente cristalina. Una máquina pule la pieza de 3,2 milímetros a tan sólo 1,7, manteniendo al mismo tiempo una simetría perfecta entre la parte delantera y trasera. “Incluso la más mínima diferencia de curvatura distorsiona la claridad”, comenta Thierry Bouché, el gerente del taller. Después viene el trabajo a mano, que requiere de destreza para biselar los bordes de las lentes y grabarlas con el logotipo de Vuarnet -la letra V encaramada sobre unos esquís-. “Un dibujo muy delgado que necesita precisión y minuciosidad”, añade Bouché.

Se requieren 17 pasos distintos para terminar unas Vuarnet. En la foto, su cristal Nightlynx que tiene una agudeza visual excepcional incluso por la noche.
Se requieren 17 pasos distintos para terminar unas Vuarnet. En la foto, su cristal emblématico Nightlynx que tiene una agudeza visual excepcional, incluso por la noche.

 

Un trabajo que requiere años de experiencia de los profesionales. Sólo desarrollar lentes de nivel básico -aptitudes para pulir- lleva dos años y aún más tiempo para dominarlas. “Los mejores fresadores han estado perfeccionando su técnica a lo largo de unos 15 años”, subraya Bouché. Después la lente se atempera una vez más, para hacerla resistente al impacto, y luego se somete a una prueba de choque: un trabajador tira una bola de metal sobre la lente desde una distancia de poco más de un metro.

Por último, las lentes reciben el color iridiscente de recubrimiento según el modelo y se montan a mano en los marcos diseñados en París y producidos en fábricas de Francia e Italia. “La idea es mantener el ADN estético de la marca, pero rejuvenecerla”, afirma el CEO de la firma de gafas.

Así, las nuevas colecciones incluyen modelos emblemáticos de la casa pero actualizados. El año pasado, para celebrar su 60º aniversario la firma sacó el Glacier de 1957 en una edición limitada que, creada para el esquí, se presenta en una versión aligerada del diseño original, materiales Premium y a un precio de 500€.

Ahora… de nuevo deseada

El deportista Jean Vuarnet falleció en enero de 2017. Pero la empresa que lleva su nombre está disfrutando de un nuevo auge de popularidad, en parte debido a que los compradores de todo el mundo vuelven a apreciar el estilo vintage de la marca. “Vuarnet es deportiva, pero con elegancia”, proclama Giraud.

Muy extendida ya por toda Europa y gran parte de Estados Unidos, la firma vuelve a tener presencia por todo el mundo, llegando incluso a lugares tan remotos como Melbourne (Australia), Wellington (Nueva Zelanda), Nueva Caledonia, Isla Reunión, Maui (Hawái), Tokio (Japón), Anchorage (EEUU) y Reikiavik​ (Islandia).

En marzo de 2017, coincidiendo con el 60 aniversario de la firma, Vuarnet abrió su flagship en París. El lugar escogido no podía ser más significativo: el espacio parisino donde el fundador Roger Pouilloux tenía su óptica. Ese taller situado en el número 28 de rue Boissy d’ Anglas, dentro del distinguido distrito VIII (el barrio del Palacio del Elíseo, el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concordia), es ahora una boutique con el estilo característico de Vuarnet de los años 60 y sus colores -azul, blanco y rojo-, donde encontrar las líneas actuales de la firma. La tienda incluye también un espacio dedicado a galería donde se exhiben todas las gafas de sol del esquiador Jean Vuarnet, las 06 de Alain Delon, y más recientemente las Glaciar de Daniel Craig que llevaba en la última película de James Bond, Spectre.

Sacando partido a sus grandes bazas: las propiedades de sus probados cristales minerales, el trabajo bien hecho -sin prisas- de sus artesanos, además de su estrecha vinculación con los deportes de invierno y el glamour de su pasado -reinterpretado acertadamente-, parece que la firma francesa haya vuelto para quedarse, como poco por otros 60 años.