Un lugar para pasar de Toledo: Barrancas de Burujón

Toledo está en el top ten de las ciudades más bonitas del mundo, pero a veces hay que pasar de ella y dedicarse a explorar la provincia, donde abundan las sorpresas. Una de ellas es el paraje de las Barrancas de Burujón, declarado Monumento Natural; un sitio hermoso para caminar, mirar a lo lejos y disfrutar de ser casi los únicos turistas.

 

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Lo malo de que exista una ciudad como Toledo es que eclipsa todo lo que tiene a su alrededor. En la provincia hay unos dólmenes de esos que emocionan, pero sin apenas señalizar, en medio de un trigal, en un camino perdido… Si el viajero pregunta por ellos, los lugareños puede que ni los conozcan o que respondan con desgana «¡Ah, sí, esas piedras que están en lo bajo de la tierra de Miguel!». Hay también yacimientos hispanorromanos y visigodos, como Malamoneda, con sus tumbas de granito que, si no fueran para lo que son, parecerían de lo más acogedoras. O el sitio arqueológico de Ciudad de Vascos, una medina de al-Ándalus del siglo IX, que conserva restos de muralla, mezquita, viviendas, baños… En esos pueblos feotes y sin ninguna gracia que crecen en Castilla-La Mancha se encuentran otras joyas, como una pequeñita Piedad del Divino Morales, que está a la entrada de la iglesia de Polán, como sin darse importancia. Y así podíamos seguir un rato enumerando las sorpresas de Toledo que no son Toledo.

Y luego está la naturaleza, que por algo esta tierra ha gustado tanto a gentes venidas de cualquier parte y de cualquier siglo.

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Las Barrancas de Burujón son un Monumento Natural, según calificación de 2010. Las personas exageradas dicen que se parecen al Gran Cañón del Colorado. Siendo realistas, no tienen mucho que ver, salvo que están formadas por el mismo proceso de erosión durante un montón de años. Y también que estas cárcavas de aquí fueron el escenario de un anuncio de Coca-Cola Light que parecía rodado en el Far West.

El río Tajo, una vez que ha dejado Toledo capital, se entretiene en unos meandros grandes hasta llegar a un embalse, el de Castrejón. Ahí se represa el agua desde 1967. Queda entre los municipios de la Puebla de Montalbán, Polán y Burujón. Alrededor de este embalse es donde se han formado las Barrancas, que tienen tonalidades rojizas, ocres, amarillas y pardas talladas por la erosión del viento y el agua del Tajo durante 25 millones de años.

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La visita a las Barrancas de Burujón

Este sitio queda a unos 25 km de la capital de Toledo. Llegar es fácil, siempre que uno esté abierto a que hay quien las llama Barrancas de Burujón y otros de Castrejón y Calaña. En el pueblo más próximo, Burujón, hay indicaciones hacia el paraje natural. Cuenta con aparcamientos gratuitos, no hay que pagar por la visita ni reservar nada, se puede hacer solo, aunque también, de vez en cuando, se organizan recorridos guiados.

Lo mejor es dejar el coche en el aparcamiento primero, junto a un bar hospitalario que proporciona información y bocatas. Luego se camina por una pista cómoda, que se podría hacer en coche, pero que no tiene sentido llegar hasta ahí para seguir sentados. Además, los caminos son vías pecuarias, lo que significa que si uno no tiene ningún sembrado por la zona no está autorizado para transitar con vehículos de motor. En caso de necesidad, se pueden visitar en coche porque los miradores tienen acceso para minusválidos.

A un kilómetro, aproximadamente, está el primer mirador, el del Cambrón, a 120 m sobre el agua. Si usted se pasa la vida mirando una pantalla de ordenador o caminando por calles de ciudad, encontrará muy agradable liberar la mirada en la amplitud tremenda del embalse y sus alrededores. Y si no, también.

Desde este primer punto se puede ir hacia la derecha al mirador de los Enebros, que está enseguida y que se llama así por lógica, porque hay muchos de estos árboles. La zona cuenta con la amabilidad de un merendero, pero solo apto para días de invierno, porque no hay ni una sombra que se apiade de los caminantes.

Aquí se puede iniciar la bajada hasta la orilla del embalse, donde abundan las cañas y arenales en los que hacer un pícnic. Lo malo será la subida.

Desde el primer mirador, el del Cambrón, parte un caminito estrecho hacia la izquierda, al principio algo empinado que recorre las barrancas por su máxima altura. La zona de cárcavas mide un kilómetro, aproximadamente, con salientes y entrantes en los que pararse a decir un ¡oh! tras otro. Las vistas son muy especiales durante toda la senda, hasta llegar a una casa en ruinas; aunque siempre se puede seguir…

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A los pájaros también les gusta

El recorrido es apto para todos los que sepan y puedan andar, sin ninguna dificultad, salvo que se lleven tacones. Puede que hagamos unos 10 kilómetros en total, con ida y vuelta, pero muy relajados.

Esta zona es seca, con bajas precipitaciones. Aparte de las cárcavas arcillosas, hay una vegetación discreta. En los alrededores los campos están sembrados con cereales y almendros, brotan encinas, tomillo, romero y retamas. Se ven conejos y liebres. Conforme nos acercamos al embalse, abundan las cañas en zonas arenosas y algunos sauces. Dentro del embalse emergen islotes de humedales.

El camino suele estar acompañado por cernícalos y otras rapaces. Es una zona de valor ornitológico, pero es difícil diferenciar las aves desde la orilla. Sí se ven patos y zancudas a lo lejos. Los entendidos serán capaces de distinguir mucho más, porque este es un sitio muy visitado por especies amenazadas. Y también en el agua se sienten los chops chops de las carpas que han elegido este sitio para vivir.

Lo dicho, las Barrancas de Burujón nos permiten, por esta vez, pasar de largo por Toledo.