Rutas literarias, donde la realidad se encuentra con la ficción

Todas las ciudades cuentan historias, pero algunas tienen una relación más estrecha con la literatura que otras. Hay lugares que han protagonizado ciertas de las mejores novelas que se hayan escrito, y sitios donde pasaron su día a día escritores que dieron a luz grandes obras maestras. Los libros nos hacen viajar con la imaginación. Y nosotros podemos viajar, de manera literal, con los libros. Estas son algunas de nuestras rutas literarias favoritas…

 

Rutas literarias, ciudades literarias
Estatua de Oscar Wilde en la Merrion Square de Dublín. Foto: Flickr

 

Los amantes de la literatura y los viajes tienen varias opciones para disfrutar de sus dos pasiones al mismo tiempo. Podemos hacer rutas por ciudades que han albergado a escritores importantes y de este modo conocer cómo vivían, cuáles eran los lugares que frecuentaban y cuánto de su vida hay en sus ficciones. Sin duda, uno de los sitios que concentra más genios literarios por metro cuadrado es Dublín.

Dublín

Ciudad de literatura y de pubs, ya se decía en el Ulises de James Joyce que sería toda una prueba de hierro intentar cruzar Dublín sin pasar por un pub. La relación entre la narración y las tabernas es mucho más importante de lo que pueda parecer, la tradición irlandesa de contar historias se remonta a muchos siglos atrás y se sigue manteniendo en los pubs como punto de encuentro central. La mayoría de los pubs más importantes se concentran en la zona del Temple Bar, lugar de visita obligada, y donde, si gustan de la Guinness, podrán probar un buen plato de ostras con la famosa cerveza negra de la capital irlandesa.

Por los pubs de Dublín pasaron muchos de los escritores más importantes de la literatura en lengua inglesa, especialmente por el Palace Bar, lugar de encuentro de intelectuales. No es un decir, hablamos de Joyce pero también de Oscar Wilde, Samuel Beckett, George Bernard Shaw, W.B. Yeats, el autor de Los Viajes de Gulliver Jonathan Swift, o el poeta y premio Nobel Seamus Heaney. Por toda la ciudad pueden encontrarse placas conmemorativas y monumentos de estos célebres personajes, además de poder visitarse no sólo los lugares donde vivieron sino también donde se desarrollaban algunas de sus obras más célebres. Es el caso de la “House of the Dead, la casa donde transcurre “Los muertos”, una de las historias del libro Dublineses de James Joyce; es un edificio histórico situado en el centro de la ciudad donde ahora se organizan eventos, también acoge una galería de arte contemporáneo.

Madrid

Otra de esas ciudades que huelen a tinta y a papel es la capital de España, por algo es allí donde se encuentra el Barrio de las Letras, escenario de la vida de los grandes genios literarios de nuestro Siglo de Oro, como Lope de Vega, Calderón de la Barca o el más universal, Cervantes. Hay muchos “Madrides” diferentes, uno de ellos es el Madrid de Cervantes; las casas, las calles y los adoquines por los que se paseó el autor español más universal. El escritor vivió en Madrid a principios del siglo XVII, habitando en varias casas: de la calle de la Magdalena pasó a la calle León, de allí a Huertas, luego a la plaza de Matute, y de nuevo a la calle León esquina con Francos, lugar donde falleció. Hoy en día esa casa se ha convertido en uno de los comercios tradicionales más famosos de Madrid, la zapatería y ortopedia El Pie de Oro.

Ruta por el Madrid de Cervantes
Monumento a Miguel de Cervantes en la Plaza de España de Madrid. Foto: Pixabay

 

Don Miguel de Cervantes fue un hombre inquieto, por lo que podemos seguir sus pasos también fuera de Madrid. El Tren de Cervantes nos llevará desde la capital a su lugar de nacimiento, Alcalá de Henares, pero también podemos visitar otros lugares emblemáticos de su vida. En la localidad de Argamasilla de Alba, en Ciudad Real, se encuentra la Cueva de Medrano donde Cervantes estuvo cautivo, y en Esquivias, en la provincia de Toledo, fue donde nació la mujer del escritor y vivieron durante un tiempo.

Las obras de Cervantes son un buen ejemplo de otro tipo de ruta literaria, la que persigue a los personajes en lugar de al autor, aunque a veces no está claro quién es quién. Uno de los recorridos más populares es el de la ruta de El Quijote, que nos llevará a ver gigantes que son molinos y a conocer el pueblo verdadero de Dulcinea del Toboso. A unos 60 kilómetros de Toledo, en Consuegra, nos daremos de bruces con los gigantescos molinos que atormentaban a Don Quijote; muy cerca se encuentran Alcázar de San Juan, donde según parece fue bautizado Cervantes y cuentan con una excelente colección de molinos, y Campo de Criptana, que también es “Tierra de Gigantes”. Para ver dónde nació la amada de Don Quijote, hay que moverse apenas unos minutos, hasta El Toboso. Según cuenta la tradición, la verdadera Dulcinea fue la “dulce Ana”, una muchacha del pueblo, Ana Martínez Zarco de Morales, cuya casa puede visitarse, ya que es ahora la Casa Museo de Dulcinea.

Rumanía

Drácula, igual que Don Quijote, es un personaje de ficción, pero Bram Stoker, otro escritor irlandés ilustre, se documentó con leyendas y lugares reales para escribir una obra universal y crear un personaje que verdaderamente se ha vuelto inmortal. Rumanía es el principal destino para quienes quieran conocer por dónde “se movían” los vampiros, especialmente Transilvania. Allí pueden seguirse los pasos de Vlad Tepes, el personaje histórico en el que se inspiró Stoker para su Drácula. Hay varios recorridos y museos, la visita más popular es al castillo de Bran, aunque realmente Tepes pasó poco tiempo allí si es que pasó alguno; aun así merece la pena observar un impresionante castillo de cuento en un entorno natural espectacular. El verdadero castillo de Vlad “El Empalador” es el de Poienari, en Valaquia, una fortaleza no tan bien conservada como la de Bran pero toda una aventura: para acceder hay que subir 1.426 escalones. Y quienes quieran hacer una auténtica ruta del Drácula de Stoker, además de ir a Rumanía, deberán cruzar al Reino Unido, en concreto a la bonita ciudad inglesa de Whitby. Allí es donde desembarca el Conde Drácula cuando viaja al Reino Unido en busca de su amada, Mina.

Abadía de Whitby, Reino Unido
Abadía de Whitby, uno de los lugares que aparecen en ‘Drácula’. Foto: Pixabay

 

París

A menudo la vida personal de un autor está muy marcada por un lugar y eso acaba reflejándose en su obra literaria. Es el caso, por ejemplo, del norteamericano Henry Miller y su Tópico de Cáncer con la ciudad de París. Donde Pigalle y Montmartre, es decir, lo sórdido y lo sublime, fueron el alimento de su obra y de su vida en la capital. También el barrio donde se instaló nada más llegar desde Estados Unidos con 36 años en 1928, el barrio de Montparnasse, el paraíso de los intelectuales y artistas de la belle époque.

Estados Unidos

En la misma línea de obra literaria marcada por la vida encontramos a Jack Kerouac, cuyas novelas eran eminentemente autobiográficas. Una buena manera de recorrer Estados Unidos de una forma original y diferente es siguiendo las rutas de su obra más conocida, En el camino. El libro es un monólogo interior que refleja los viajes que Kerouac y sus amigos hicieron entre 1947 y 1950; está dividido en distintas partes que incluyen cuatro mapas de las rutas que hicieron. La primera opción es viajar de Nueva York a San Francisco cruzando Denver, y volver; otra es ir desde Rocky Mount en Carolina del Norte a San Francisco pasando por Nueva Orleans;  la tercera ruta es de Denver a Nueva York por San Francisco; y por último se puede ir de Nueva York a la ciudad de Nuevo México pasando por Denver. Cualquiera de las opciones nos asegura un “road trip” en toda regla.

la Ruta 66 y la obra "En el Camino"
‘En el camino’ popularizó la Ruta 66. Foto: Wikimedia

 

Viajando a estos lugares podemos convertirnos en los protagonistas de nuestra historia favorita o impregnarnos de aquello que inspiró a nuestro autor más admirado. Como decíamos al principio, las opciones cuando hablamos de rutas literarias son muchas y variadas, sólo hay que viajar con imaginación.