Parador de Sigüenza, todo un castillo

Instalado en una imponente alcazaba árabe del siglo XII, de esplendorosos y firmes muros, el Parador de Sigüenza se muestra al viajero como una tentación de la Historia, como si la férrea fortaleza de piedra quisiera brindarle la oportunidad de formar parte de una aventura milenaria, la protagonizada por reyes, obispos y cardenales que deambularon desde la Edad Media por este singular emplazamiento.

 

Parador de Sigüenza
El Parador de Siguenza está enclavado en una antigua e imponente alcazaba árabe del siglo XII.

 

Estratégicamente ubicado, el Parador de Sigüenza fue, además de alcazaba, palacio de obispos, lugar de paso de reyes y príncipes, breve corte de un rey frustrado, objeto de asedio en la guerra de la Independencia, cuartel y, después de ser bombardeado durante la Guerra Civil, un montón de ruinas. Y, por fin, tras ser restaurado, es, desde 1976, un singular parador de turismo.

Un personaje trágico

Si existe un personaje histórico ligado a la historia del Parador de Sigüenza, éste es sin duda Blanca de Borbón (1339-1361), reina consorte de Castilla. Esta joven noble francesa se casó con Pedro I (el Cruel) y tuvo una vida muy desdichada. Ella era una pieza clave en la alianza regia entre Francia y Castilla, pero su marido la abandonó sólo dos días después de la boda al no poder pagar el rey de Francia la dote matrimonial pactada. Y tras ser repudiada, fue enviada al castillo de Sigüenza, sede entonces del Palacio Episcopal. Aquí estuvo durante cuatro años, los que van de 1355 a 1359, que coincidieron en el tiempo con la guerra que, por la lucha por el poder de la Corona, arruinó Castilla desde 1355.

Blanca de Castilla acabó sus días asesinada por orden de Pedro I el Cruel en 1361, después de una breve estancia por tierras andaluzas.

Aún hoy, el Parador de Sigüenza conserva ese aire propio del Medievo, castellano y recio, en la mayoría de sus estancias, tanto en los salones como en el bar y en el restaurante. Incluso casi todas las habitaciones lucen camas adoseladas que hacen sentir al viajero como si estuviera en un aposento de un viejo palacio. Destacan, por su envergadura, el gran patio central empedrado, donde existe un profundo pozo cargado de leyendas, y la capilla románica del siglo XIII que conserva su traza original al salvarse de todas las sucesivas agresiones sufridas por la fortaleza.

Mazmorras y caballerizas

Es en la fachada poniente de la vieja alcazaba, la de mayor altura, donde se encuentran la torre de Doña Blanca, además de las viejas mazmorras, las bodegas, los almacenes y las caballerizas, hoy reconvertidas en salón de ceremonias.

El acceso al parador se hace a través de la parte norte, que está presidida por dos torres semicirculares y que cuenta con una reconstruida barbacana del siglo XIV que defendía el castillo. En la zona occidental, se halla el comedor que tiene unas vistas magníficas al Pinar de Sigüenza.

El edificio ha sufrido modificaciones y rehabilitaciones en distintos momentos de la Historia, en los siglos XIV, XV y XVIII. Ya en el siglo XX su adaptación a parador nacional entrañó serias dificultades, ya que había sufrido reformas muy desordenadas, además de los bombardeos posteriores a causa de la Guerra Civil.

Cocina tradicional

Hoy el Parador, dirigido por José María Pérez-Reverte, brinda al viajero todo tipo de comodidades y organiza cenas temáticas, como la Noche de la Ópera o la Noche de la Zarzuela, y también las Noches Literarias, además de deliciosas jornadas gastronómicas. Tiene 81 habitaciones, de las que 14 tienen una categoría especial, y su restaurante, con capacidad para 170 comensales, brinda la posibilidad de disfrutar de la cocina tradicional de la zona.

No hay que irse de Sigüenza, si puede ser, sin probar las migas seguntinas, el cabrito lechal al horno, el bacalao de Trijueque o el corzo marinado en vino e hierbas del campo.

Hoy el Parador brinda al viajero todo tipo de comodidades y organiza cenas temáticas y otras actividades.
Hoy el Parador brinda al viajero todo tipo de comodidades y organiza cenas temáticas y otras actividades.

 

Sitios que hay que ver

Y ya que estamos en Sigüenza, no podemos dejar de hacer un viaje al pasado por la villa del Doncel. Hay que visitar la catedral para encontrar el famoso sepulcro y recorrer la Plaza Mayor y el casco antiguo, cargado de historia. También la Travesaña medieval y el barrio barroco de San Roque. Y si hay tiempo, habría que acercarse hasta el Mirador de Félix Rodríguez de la Fuente, donde el malogrado naturalista filmó muchos de los episodios de su mítica serie televisiva “El hombre y la tierra”. Y el vecino Parque Natural del Río Dulce, situado a tan sólo 7 kilómetros de Sigüenza. O la villa de Medinaceli (a 20 kilómetros) o incluso el monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, un poco más alejado.

ACERCA DE Patricia Palomar