Mindfulness en viajes: cómo mantener la calma cuando tu viaje va mal

Los vuelos se retrasan o cancelan, las reservas se equivocan, los restaurantes se sobrecargan. A veces hasta llueve en tu único día de playa. “Viajar implica inherentemente incertidumbre”, señala el periodista de negocios David Gelles, que ha reunido sus 15 años de práctica de la meditación en el libro Mindful Work: How Meditation Is Changing Business from the Inside Out. “La atención consciente puede hacernos sentir más cómodos ante esos contratiempos”. De manera que si el camino se torna accidentado, prueba estas técnicas de mindfulness (atención plena o atención consciente).

Cancelaciones y retrasos. El Mindfulness puede ayudarnos a gestionar mejor esos momentos.
Cancelaciones y retrasos. El Mindfulness puede ayudarnos a gestionar mejor esos momentos.

Practicar mindfulness para aumentar la atención hace furor en las escuelas de negocios, los centros de trabajo y las clínicas. Probablemente hayas oído hablar de esta práctica. Actualmente el mindfulness está en todas partes, como ya pasó con otras ideas y prácticas tomadas de los textos budistas (el yoga, el taichí…), que han pasado a formar parte de la cultura popular de Occidente.

El mindfulness se refiere principalmente a la idea de concentrarse en el momento presente, algo que no es tan fácil, y sin tratar de cambiarlo. Su práctica supone dedicar momentos a meditar. Tiene sus raíces en tradiciones budistas centenarias.

Algunas personas creen que el “mindfulness” y la “consciencia” se tratan de unas palabras de moda vacías y pasajeras, o de todo un rollo macabeo sin ninguna credibilidad; otra gente quizás sí le den autoridad pero lo ven como un viaje espiritual que requiere de años de devoción para obtener resultados reales.

Pero lo cierto es que en las últimas décadas, tanto la medicina como la psicología occidentales han reconocido sus beneficios sobre el bienestar emocional. Los estudios han demostrado que la práctica de la atención plena ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, e incluso puede contribuir a mejorar la concentración, la memoria y la flexibilidad emocional.

Los terapeutas y practicantes avanzados apuntan que es una capacidad que cualquiera puede desarrollar pero es fundamental la constancia. Hay que practicarlo con regularidad, a ser posible a diario. Incluirlo en nuestra rutina diaria al igual que nos lavamos los dientes, nos duchamos, desayunamos… Y es como levantar pesas, los resultados avanzan con la regularidad. La idea de la meditación es entrenar gradualmente tu mente para estar presente y en sintonía con el momento. Hay apps como Headspace, Calm, 10 Percent Happier o Insight Timer que son útiles para empezar a desarrollar el hábito.

Pero volviendo a los viajes, ¿qué técnicas podemos usar para canalizar la atención cuando ocurre algún incidente?

Tomar momentos diarios para meditar

Ya sea en la habitación del hotel o en un banco de un parque público, busca un lugar cómodo todos los días donde puedas cerrar los ojos y practicar la meditación. Toma y expulsa el aire de manera consciente, presta atención a qué sonidos hay, a qué huele, siente lo que sucede a tu alrededor, ¿hay brisa?, nótala en tu cara, ¿hace calor o frío?, siente en tu cuerpo los puntos de apoyo si estás sentado o tumbado…

Todo esto son algunas ideas en las que concentrarte. Se trata de poner el cerebro en modo “encefalograma plano”, a únicamente recibir inputs pero sin juzgarlos, sin analizarlos. Evita que entren pensamientos, pero si sucede no pasa nada, tu cerebro está programado para pensar y planificar. Cuando te pase, deja que se marchen sin castigarte y vuelve a tus sensaciones. Se necesita práctica, pero incluso unos pocos minutos al día son suficientes para empezar a cambiar nuestra forma de pensar.

Mirador del Parque Eduardo VII, en Lisboa. Foto: objetivoviajar.com
Mirador del Parque Eduardo VII, en Lisboa. Foto: objetivoviajar.com

Encuentra tu lema

Un gatha es una serie de frases (himnos o mantras) que se repiten en la mente, vinculadas al ritmo de la respiración. Si te cancelan el vuelo, te rompen tus planes de viaje. La solución a tu estrés puede comenzar con unas pocas frases sencillas. Por ejemplo: “La aceptación reduce el sufrimiento”, “No está en mi mano poder cambiarlo, así que mejor aceptarlo” pueden ayudarte a calmarte cuando estés enfadado e indignado. Enfócate en respirar profundamente mientras recitas tu gatha. El punto es tratar de dejar ir las frustraciones y las preocupaciones sobre lo que ya ha pasado.

Foto: AFP
“No está en mi mano poder cambiarlo, así que mejor aceptarlo”. Foto: AFP

Busca pequeñas fuentes de confort, relajación

Uno de los principios fundamentales del mindfulness es que la mayor parte de nuestro sufrimiento no está causado por lo que nos pasa, sino por lo que nuestra mente hace con ello. Muy en sintonía con el postulado “El mapa no es el territorio” de la programación neurolingüística (PNL).

Por esta razón puede ser útil buscar fuentes específicas de comodidad en el camino, especialmente para los viajeros con ansiedades comunes como es el miedo a volar o a las grandes multitudes.

Una almohada de viaje gozosa no hará que un vuelo turbulento sea menos accidentado, pero de alguna manera aumentará tu sensación de serenidad hasta que la tormenta haya pasado. Darte al chocolate cuando las cosas no van como tú quieres (con moderación, claro) puede ayudarte a desconectar del problema por un momento, reducir la ansiedad y a enfocarlo con más perfectiva. Eso sí, concéntrate en disfrutar del sabor, de la textura, del goce del momento y con calma, como un momento para ti, no te limites a engullirlo compulsivamente. Ya sabes, pon en práctica el célebre “Take a break” del anuncio de los famosos chocolates ingleses. Identifica lo que te tranquiliza en momentos de estrés, y considéralo un acto de autocuidado sin ningún tipo de vergüenza o remordimientos.

Tener un plan B

Imagínate que va a hacer mal tiempo en Machu Picchu. Niebla o lluvia que arruinen la postal perfecta. O que el Louvre de París esté cerrado. Cuando no puedas completar tu “lista de cosas por hacer en el viaje”, sigue un plan B. Así que trata de visitar un museo menos conocido en un vecindario cercano o deambular por algún lugar que de otra manera no habrías conocido. A lo mejor te sorprendes y es todavía mejor plan.

“En lugar de quedarnos atrapados en el deseo de que las cosas sean diferentes de lo que son, mejor reconocer que nos enfrentamos a una realidad, y que es nuestra elección si la aceptamos”, apunta David Gelles. “No se trata de no tener expectativas. Lo importante es que reconozcamos que nuestras expectativas no son los determinantes de si tenemos o no una experiencia satisfactoria”, comenta.

Una calle de Brooklyn.
Una calle de Brooklyn.

Estas son sólo algunas pautas para evitar disgustarte y para relativizar. Para en definitiva, disfrutar y pasártelo mejor aun cuando las cosas se tuercen en tu viaje.