Lucerna, toda una ciudad de cuento en el corazón de Suiza

Rodeada por un impresionante paisaje alpino y a orillas del Lago de los Cuatro Cantones se encuentra Lucerna, toda una ciudad de cuento. Lucerna es la puerta de entrada al centro de Suiza y un desvío perfecto para los viajeros que deseen atravesar el país en varios días. Su belleza, sus atracciones y la posibilidad de escapar en una excursión a las montañas que la rodean son la razón por la que millones de turistas visitan esta localidad de 60.000 habitantes que nada tiene que envidiar a Berna o Zúrich.

 

Lucerna es la puerta de entrada al centro de Suiza y un desvío perfecto para los viajeros que deseen atravesar el país en varios días. Vista desde las murallas (Museggmauer). Foto: Turismo de Lucerna
Lucerna es la puerta de entrada al centro de Suiza y un desvío perfecto para los viajeros que deseen atravesar el país en varios días. Vista desde la muralla Museggmauer. Foto: Turismo de Lucerna

 

Lo primero que llama la atención nada más aterrizas en Lucerna es su aspecto medieval, fruto de los edificios construidos en el sXII, y la unión entre modernidad y tradición que reina en su arquitectura. Las íntimas plazas, las iglesias o sus puentes se funden con edificios más modernos sin perder autenticidad y nos hacen desplazarnos a un lugar por el que el paso del tiempo parece respetar a su historia. Prueba de ello es su maravilloso puente de la capilla (Kapellbrücke), construido en 1333, es el puente de madera más antiguo de Europa y el segundo más largo del continente. El puente, que atrae todas las miradas, une la parte más moderna de la ciudad con el centro histórico atravesando el río Reuss y destaca tanto su exterior como por sus curiosos techos se observan al cruzarlo. Desde el exterior, obtenemos una vista digna de estampa de postal: los cisnes en las aguas de azul intenso del río contrastan con la madera del puente y las torres de la iglesia de los Jesuitas o los campanarios de alrededor. Nada mal para una primera impresión.

Aunque la vista desde cierta distancia es difícil de superar, no hay nada como cruzar el comentado puente. El Kapellbrücke, de madera y de aspecto antiguo, está dotado de una cubierta en la que se recogen diversas pinturas estampadas y colocadas en pequeños triángulos a lo largo del paseo. La autenticidad del paseo te traslada a otra época y da una extraña sensación de fragilidad, como si fuera a derrumbarse de un momento a otro por el peso de los visitantes. Las imágenes son copias de las originales, ya que éstas se perdieron en un terrible incendio en agosto de 1993, y recogen escenas de la historia de Lucerna y Zúrich.

Kapellbrücke
El elemento más identificable de la ciudad es su puente, llamado Puente de la Capilla (Kapellbrücke), que data de 1333 y une el casco histórico de la ciudad con la parte más moderna. Foto: guias-viajar.com

 

Una vez hemos atravesado el puente, dejamos en la otra orilla la iglesia de los Jesuitas para llegar al centro histórico de la ciudad, donde podremos visitar lugares tan variopintos como la plaza de la Capilla y su Fuente del Carnaval, o admirar una fachada que se remonta a 1499 en una de las casas de la Hirschenplatz. Les animamos a perderse por sus callejuelas adoquinadas, admirar sus cuidados escaparates y acercarse a la plaza del vino (Weinmarkt) o la plaza del grano (Kornmarkt).

Subiendo en nuestro paseo de cuento nos encontraremos el barrio de Museggmauer, fácil de identificar porque se trata de un enorme muro de piedra delimitado por una muralla medieval y siete torres, de las que podemos subir a tres de ellas, entre las que se encuentra la torre del reloj (del año 1535), la más antigua de Lucerna.

Hirschenplatz en Lucerna
En el centro histórico se encuentra una fachada pintada en 1499, en Hirschenplatz. Foto: Metma

 

Es el momento de llegar al sitio más solemne de nuestra visita. En el corazón de la ciudad se esconde el Monumento al León, un rincón donde se respiran paz y respeto. El monumento es una especie de gruta a orillas de un pequeño estanque en el que se observa un león acostado y malherido tallado en la propia roca. Labrada en el año 1821, es un homenaje a los suizos caídos en la batalla defendiendo al rey Luis XVI en la Toma de las Tullerías en 1792. Viendo al león, con sus 6,8m de alto y sus 10m de ancho, es fácil coincidir con Mark Twain cuando lo describió como “el más triste y conmovedor pedazo de roca del mundo”.

El Monumento al León es un rincón donde se respiran paz y respeto. Con casi 7m de alto y 10m de ancho, fue tallado en 1821 y es un homenaje a los suizos caídos en batalla. Foto: QI
El Monumento al León es un rincón donde se respiran paz y respeto. Con casi 7m de alto y 10m de ancho, fue tallado en 1821 y es un homenaje a los suizos caídos en batalla. Foto: QI

 

Aprovechando la visita al león moribundo, nos dirigimos a la izquierda para visitar el Jardín de los glaciares (Gletschergarten), un museo que encierra 32 marmitas glaciares descubiertas en 1872 que ponen imagen a la playa tropical que fue un día esta gruta hace 20 millones de años. Un viaje a la Prehistoria muy peculiar. Como curiosidad, en el mismo lugar se encuentra el laberinto de espejos, construido en 1896 con motivo de la exposición universal de Ginebra e inspirado en la Alhambra de Granada.

Dejamos atrás la arquitectura medieval, los edificios del siglo XII y las callejuelas adoquinadas para despertarnos del encanto de la antigua Lucerna y despertar en la modernidad pura y dura con el Centro de Cultura y Congresos KKL, uno de los edificios más nuevos y llamativos de la ciudad. Formado por tres edificios, este conjunto arquitectónico fue diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel y se sitúa a orillas del lago. En la actualidad, es un centro de congresos donde se celebran, entre otras actividades, los conciertos de música clásica propios del Festival de Lucerna.

El Centro de Cultura y Congresos KKL, creado por el arquitecto francés Jean Nouvel, representa la modernidad de la ciudad y en él se celebran conciertos de música clásica. Foto: KKL Luzern
El Centro de Cultura y Congresos KKL, creado por el arquitecto francés Jean Nouvel, representa la modernidad de la ciudad y en él se celebran conciertos de música clásica. Foto: KKL Luzern

 

Si cuentan con más días para exprimir Lucerna al máximo, no olviden subir en barco y recorrer el lago rodeado del espectacular paisaje que ofrecen los Alpes y las montañas de alrededor. Será una experiencia irrepetible llena de calma y perfecta para descansar y desconectar de todo. Aunque si lo que les llama la atención es la aventura, los montes Pilatus y Rigi les ofrecen una excursión de lo más salvaje. Del Monte Pilatus parte su tren cremallera, famoso por tener la pendiente con mayor desnivel del mundo (un 48%). Suena arriesgado, pero vale la pena atreverse por la recompensa a 2.132m de altura con unas vistas panorámicas de los Alpes suizos. Una experiencia similar nos ofrece el Monte Rigi, donde además podrán darse un baño en la zona wellness creada por el arquitecto Mario Botta en la estación de Rigi Kaltbad con los Alpes como testigos.

Lucerna es un lugar mágico donde poder descansar, atreverse a subir la pendiente con mayor desnivel del mundo, atravesar un puente de madera de hace siete siglos o vagar por sus estrechas calles puede hacerse realidad. Y todo ello con un paisaje de película, con los Alpes y el intenso azul del río como testigos. Una ciudad donde el cuento que queramos vivir se puede hacer realidad.