Los pequeños placeres de viajar, ¿los disfrutamos de verdad?

Acostumbrados a un ritmo de vida que no espera, son muchas las ocasiones en las que se pierden oportunidades por no concentrarnos en lo realmente importante. Si cerramos los ojos, y realizamos un ejercicio de autovaloración, comprenderemos las veces en las que no hemos disfrutado de las pequeñas cosas -incluso al viajar de vacaciones- por intentar obtener un placer mayor. Y es que dicen que las cosas sencillas en la vida son las mejores y que ‘muchas personas pierden las pequeñas alegrías por buscar la gran felicidad’. Para que no vuelva a suceder, le dejamos una lista de diminutos lujos que puede experimentar durante sus trayectos y que probablemente no se haya dado ni cuenta.

 

En ocasiones estamos tan ocupados que no vislumbramos las pequeñas cosas que nos rodean
En ocasiones estamos tan ocupados que no vislumbramos las pequeñas cosas que nos rodean

Observar a la gente

Durante nuestros viajes, es tal la cantidad de cosas que queremos hacer y visitar que permitirnos el pequeño placer de estar sentados en un banco, una terraza o un bar y contemplar a la gente caminar pasa desapercibido. Cada una de las personas, todos aquellos que pasan por delante carga a sus espaldas una historia. ¿A dónde van? ¿De dónde vienen?

Que te sonría un desconocido

Corriendo a todas partes, siempre con el tiempo justo y mirando el teléfono para observar si hemos recibido el mail o la llamada que tanto ansiamos. Si se para a pensar, es posible que en incontables circunstancias se encuentre con personas amables, y simpáticas que le deleiten con una sonrisa sin que se dé cuenta. Un placer reducido en el tiempo pero que puede alegrar el día.

Un olor familiar

A menudo caminando por la calle en un viaje, llega un olor fugaz que provoca que uno tenga que detenerse en seco. El viajero conoce esa sensación de echar de menos algo familiar. Estrechamente relacionados con situaciones, cosas o personas, los olores quedan grabados en la memoria para elaborar imágenes mentales que, a menudo recuerdan aspectos positivos de nuestra vida. La importancia de los olores es vital, teniendo en cuenta que los seres humanos contamos con una memoria sensorial olfativa. Encontrarse con un conocido, con el pasado, con una vivencia o simplemente evocar otros tiempos a través del olfato es uno de los mayores placeres a través de uno de los cinco sentidos que más desapercibido pasa, pero a su vez, uno de los más destacados por el alto contenido emocional que acarrea.

Encontramos pequeños lujos tanto en personas como en lugares que nos hacen recrear momentos de ensueño

Una hermosa vista

Puede que sea en una curva viajando en coche por una colina, las vistas desde la terraza, un día soleado o uno con lluvia. Puede que sea en territorio nacional, internacional, un pueblo o una de las ciudades más transitadas del momento. No hay incluso por qué salir del hotel, ni tienen que irse demasiado lejos. Surge de repente y esa vista especial quedará a partir de ese mismo instante plasmada en la memoria. Los paisajes de National Geographic no tendrán nada que envidiarle.

En cualquier momento puede salir una escena con encanto (En la foto: pueblo de Vaucluse, Francia)
En cualquier momento puede salir una escena con encanto que disfrutar (En la foto: pueblo de Vaucluse, Francia)

Caminar bajo el espíritu del flâneur

Caminar de forma despreocupada, sin un objetivo concreto y dejándose sorprender por lo que le va saliendo a su paso. Estando de viaje, ¿cuántas veces se lo ha permitido a sí mismo? Es más… perderse para encontrarse nuevamente, probablemente, sea una riqueza que se valora muy poco. Pero ¿existe un lujo mayor que recorrer las calles de un lugar nuevo?

Sentir el olor de unas sábanas frescas

Comprendemos que como en casa en ningún sitio, pero hay que aceptar que el frescor de unas sábanas limpias y recién planchadas en una habitación de hotel es uno de los mayores “pequeños-placeres” que están a nuestro alcance y pasan inadvertidos.

Tiempo para dormir

Alarma, despertador, despertar, ajetreo y dormir. ¿Y si fuera distinto? Uno de los mayores placeres no es posponer la alarma del reloj diez minutos, sino dormir todo el tiempo que uno desee. Para todos aquellos que viajan con regularidad, y para el resto de los seres humanos, dormir es, sin duda alguna, un lujo que nadie puede negar. ¿O sí?

Los pequeños placeres del día a día que vive todo aquel que viaje a menudo pueden pasar desapercibidos

No a las prisas

Salir con tiempo, unos zapatos cómodos, charlar con el taxista, leer un libro, la maleta hecha el día anterior, observar a la gente, tomarse un café, ojear el periódico, embarcar… todo con tiempo. Todo sin ansia. Con calma. Disfrutando de todo y sin pensar en el reloj. ¿Alguien da más?

Dedicarse a uno mismo

Ya le hemos hablado con anterioridad de la importancia del silencio. Aprovechar los viajes, los recorridos por el mundo para reflexionar, centrarse en uno mismo y encontrarse, es uno de los grandes placeres que ofrece desplazarse por el mundo. Emplear el tiempo en cosas realmente necesarias como uno mismo, es tan importante a veces, como dedicárselo a los demás.

El reencuentro

Después de pasar largas jornadas fuera del hogar, no hay nada mejor que reencontrarse con las personas más allegadas. Familiares, amigos, compañeros de trabajo… todos esperan con ansia y júbilo que contemos hasta el más mínimo detalle de nuestra travesía. Aunque solamente hayan sido unas horas fuera de casa, encontrarse con los que más queremos y sentirlos cerca, es un deleite para todo el mundo.

Cantar. Reír. Soñar. Vivir, en definitiva. Porque vivir es sencillo si uno comprende cómo hacerlo. Es lo más importante que se hace día a día, de ahí que sea tan relevante la sencillez.