Lamian by Soy Kitchen: ramen, creatividad y nuevos aires para Julio

A mediados de 2014 Soy Kitchen dio mucho (y en general bien) que hablar a los entusiastas de la gastronomía en Madrid. En un auténtico “Bar Paco” de Noviciado, Jongping Zhang, más conocido como Julio, ofrecía una curiosísima cocina, con ingredientes españoles y salsas y sabores chinos, tailandeses, coreanos, japoneses. Con mezcla de texturas y sabores que iban cambiando de mesa en mesa, en función del apetito del comensal y de su propia creatividad (la del chef, se entiende), que era mucha. Ahora, tras dos años, Julio mueve ficha y en el mismo local inaugura Lamian by Soy Kitchen, una taberna asiática donde el ramen es el protagonista, aunque no faltan otros platos con el toque tradicional de locura y talento de este inclasificable y locuaz cocinero.

 

Uno de los platos de ramen de Lamian by Soy Kitchen.
Uno de los platos de ramen de Lamian by Soy Kitchen. Imagen de su página de Facebook.

 

El ramen o lamian (denominación china de los fideos estirados a mano, cocinados con caldo y múltiples ingredientes) son la apuesta principal del restaurante. Julio bebe de la tradición para ofrecer un bocado artesanal, con sopas cocinadas durante horas con mimo y esmero, pero sin renunciar a su personalidad audaz: ingredientes españoles, asiáticos y siempre, siempre, un choque de sabores muy en su línea. Hay tres tipos de ramen entre los que elegir: “Nuestra interpretación del Lamian”, con carne guisada, mejillón, setas y huevo maridado; “Jackie Chan no es Bruce Lee”, con rabo de toro, base de miso, caldo y garbanzos y, por último, su “Juego de los Sabores en la Mesa”, ricos fideos con solomillo ahumado de añojo y aderezados con aceite de sésamo, vino y té verde.

Platos para abrir boca

Antes de llegar al plato principal, por supuesto, hay que pasar por otras propuestas que sirvan como entrantes para abrir boca antes del “momento ramen”. Con su habitual imaginación, Jongping Zhang ha dispuesto en la carta veinticinco platos agrupados bajo el epígrafe “The Rituals”, un amplio compendio de preparaciones con recetas que beben de China, Taiwan, Corea, Japón o Tailandia y que pasan por el wok y la imaginación del peculiar cocinero.

Lo cierto es que sorprende, y se agradece, la variedad de platos, que nos permiten gozar y seguir disfrutando de esa fusión multisensorial que identifica a la cocina de Julio. Hay recetas tan refrescantes para el verano como su lubina acebichada con maíz tostado y pimienta de Sichuán, el tataki de caballa, la berenjena “satay style”, el okonomiyaki de pulpo (plato nipón de masa cocinada con diversos ingredientes) o los langostinos con crujiente de té. Tampoco faltan guiños a la cocina española, como unas originales patatas con jamón o las “albóndigas de aquí al estilo de allí”. Si nos gusta la casquería, tan china, deje sitio para la lengua estofada con tempura de cebollino oriental. Y los entusiastas de los platos asiáticos más actuales no deben dejar de devorar el chili crab con aromas de Hong Kong y Sichuan.

Si es usted devoto cofrade de la romería del tan de moda dim-sum, le informamos de que hay un pequeño apartado dedicado a estas tapitas de origen cantonés que tanto se estilan. Encontramos har gow de gamba (dumpling), baozi de ternera, un bao (panecillo al vapor) de panceta piel de tigre con mejillón y deliciosas empanadillas tres delicias con boquerón y alga nori. Para darle al palillo con delirio.

 

Imagen del local. Fuente: página de Facebook de Lamian by Soy Kitchen.
Imagen del local. Fuente: página de Facebook de Lamian by Soy Kitchen.

 

De postre, algunos bocados originales, como una crepe de coco y mango, un mochi hispánicamente emborrachado con pacharán, gelatina de lichi y ciruela o un helado de soja con chasquido de cacahuete están entre las alternativas para un fin de fiesta goloso en un local desenfadado y de una decoración joven y urbana. Buena idea esta pequeña propuesta de postres: cuando, quien les escribe, visitó Soy Kitchen, lo más cercano a lo oriental era el limón helado de Frigo. Gallifante para Lamian by Soy Kitchen.

La carta de bebidas es corta: apenas un par de sakes, una selección de menos de una decena cervezas, refrescos, copas y unos pocos vinos son la parte líquida de una carta informal y divertida por unos 25 o 30 euros, lo que supone un ahorro más que considerable respecto al anterior Soy Kitchen, bastante más lesivo para el bolsillo.

Y, por cierto, ¿Qué pasará con este espacio, con la «casa madre»? Pues, como nos contó Julio en la presentación del espacio, buscará un local más adecuado y en un enclave más atractivo que su primer formato, ese que le situó como un imprescindible para los foodies, morrofinos y gourmands que se dejaron seducir por su exótica e inclasificable propuesta, y por la arrolladora personalidad del chef. Conociendo un poco a Julio, seguro que nos sorprende.

 

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