La mítica terminal de la TWA del aeropuerto JFK reabre como hotel de diseño

Después de permanecer inactiva durante casi 20 años, la histórica terminal de la TWA (Trans World Airlines) ha reabierto sus puertas el pasado 15 de mayo. Lo hace como un hotel retro y chic, diseñado para que los visitantes se sientan “teletransportados” a la era dorada de la aviación. Pero el TWA Hotel no consiste solo en un establecimiento hotelero, al edificio histórico de nuevo le da vida todo un complejo de ocio que incluye múltiples restaurantes y bares (como una coctelería en un avión Lockheed Constellation restaurado y expuesto en el exterior), un museo, e incluso piscina en la azotea con vistas a las pistas del aeropuerto JFK de Nueva York para que el disfrute de los apasionados de la aviación sea aun mayor.

  

La antigua sala del aeropuerto JFK es ahora el Sunken Lounge, la coctelería donde beber el espíritu de los glamurosos años sesenta.
El antiguo vestíbulo del JFK es hoy el espacio común del hotel y el Sunken Lounge, la coctelería donde beber el espíritu de los glamurosos años sesenta.

 

“Nada más entrar, vas a sentir que estás en 1962”, señala Tyler Morse, CEO de MCR y Morse Development, el equipo de desarrollo detrás del TWA Hotel. “Ese año fue un año increíble, todo era posible en Estados Unidos. Esa es la ética y el espíritu que capturamos al entrar en el edificio”.

Así el día de la inauguración, el edificio reluciente, situado junto a la Terminal 5 del Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, recibió a los visitantes con un suelo forrado de alfombra roja, el mismo color de los asientos estilo años 60 que se acomodan por varias de sus enormes salas, e invita a “esperar un vuelo” junto a los antiguos paneles que informaban de los horarios. “Está todo igual, excepto en la entrada, donde solía haber una rampa para llevar las maletas”, apunta a la agencia Efe Meureen Humel, una exempleada de TWA.

El histórico Centro de Vuelos, diseñado en 1962 por Eero Saarinen para la extinta Trans World Airlines, fue cerrado después de que la aerolínea fuera adquirida por American Airlines en medio de dificultades financieras en 2001. Desde entonces, el edificio no se ha utilizado excepto para alguna visita ocasional y otros eventos. Así hasta que en 2016 se decide inicar las obras de reconversión.

La adjudicación del diseño fue otorgada a Eero Saarinen & Associates de Detroit.
En 1956 la adjudicación del diseño fue otorgada a Eero Saarinen & Amp; Associates de Detroit.

 

¿El resultado? Todo un universo dedicado al pasado del edificio, centro insigne de la época dorada de la aviación. Un hotel con nada menos que 512 habitaciones (la mayoría con vistas a las pistas), seis restaurantes (uno de ellos firmado por el renombrado chef Jean-Georges Vongerichten), ocho bares (incluido una coctelería a pie de pista, dentro de un avión Lockheed Constellation L-1649A Starliner que data de 1956), un fitness center, una piscina y un mirador en la azotea, y un museo que exhibe uniformes antiguos de azafatas de TWA.

Pero no solo a los apasionados de la aviación estarán entusiasmados con la reconversión. Va a ser objeto de deseo también de viajeros atraídos por el diseño, la arquitectura y el hedonismo. Porque la icónica terminal de la TWA en JFK puede ser fácilmente ahora uno de los hoteles más cool de la ciudad de Nueva York.

Y es que el edificio en sí mismo ya es todo un atractivo. En 1994 fue declarado Monumento Histórico de la Ciudad de Nueva York e inscrito en el Registro Nacional de Lugares Históricos. De hormigón armado, de estilo neoexpresionista, de un altísimo nivel técnico y con evidentes afanes simbólicos pues el diseño recuerda a la figura de una imponente ave alzando el vuelo y captura “el espíritu y la emoción del vuelo”, según destaca aquí Javier Déniz Quemada.

Las habitaciones, diseñadas por el estudio neoyorkino Stonehill Taylor, recrean el estilo de los 60. Incluyen detalles como teléfonos de marcación por disco, carteles vintage de la TWA y mobiliario diseñado por el propio Saarinen, como el sillón Womb (en rojo, por supuesto) que reedita la marca de mobiliario de diseño Knoll. Y lo mejor, las vistas a las pistas desde los enormes ventanales que van del suelo al techo.

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Paredes de paneles de madera, un Martini bar, tocadores de estilo hollywoodense y auténticos muebles de Knoll.

 

Pese a estar en medio del JFK, no se preocupe por el ruido de los aviones, lo que se escucha en este complejo de 4.600 metros cuadrados son las voces de maestras del jazz como Etta James o las de un personal que viste uniformes sesenteros y recrea las expresiones coloquiales de la época.

Los mejores martinis en el aeropuerto JFK se encuentran aquí. Más concretamente en el Sunken Lounge, que cuenta con una localización muy especial, la antigua sala de espera diseñada por Eero Saarinen donde las multitudes vivieron grandes momentos. Como la llegada a Estados Unidos de los Beatles en 1965 o cuando el trimotor “Tin Goose” superaba el récord transcontinental en junio de 1962. Ahora su nuevo inquilino es el grupo Gerber, propietario-operador de 12 innovadores bares y restaurantes en Nueva York, Atlanta y Santiago de Chile.

Situado junto a la sala que estaba destinada a embajadores y la que ocupaban los Papas cuando viajaban con la aerolínea, se encuentra el museo. Allí lucen algunos de los uniformes de las azafatas que firmaron modistos como Balmain, Ralph Lauren y Valentino.

Y en la azotea, la piscina infinita climatizada y el mirador, con vistas a la hípertransitada pista 4 Izquierda/22 Derecha del JFK, estarán abiertos los 365 días del año.

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El lugar estrella para descansar y para disfrutar en directo del espectáculo de los aviones.

 

Todo un despliegue de posibilidades para un homenaje a la energía y el estilo que se vivió en este edificio durante la etapa más querida de la aviación. Ya sabe, el primer lugar que visitar nada más aterrizar en Nueva York.