La ciudad de Samarcanda, como sacada de un cuento de «Las mil y una noches»

Hay nombres de ciudades entre lo real y lo fantasioso que ofrecen imágenes evocadoras y enigmáticas. Tombuctú, Pernambuco, Shangri-La… Samarcanda. Pero es quizá esta última, en el corazón de la ruta de la Seda, la que más hace soñar. Y es que su nombre, tan sonoro, evoca historias de las mil y una noches entre palacios de azulejos esmaltados, oasis y tesoros escondidos. No es para menos cuando grandes personajes están unidos a ella en la memoria de la Historia: Alejandro Magno, Gengis Kan, Tamerlán, el español Ruy González de Clavijo y, por supuesto, Marco Polo.

– Texto: Enrique Sancho | Fotos: Carmen Cespedosa –
La plaza Registán de Samarcanda es, probablemente, una de las más bellas y personales del mundo.
La plaza Registán de Samarcanda es, probablemente, una de las más bellas y personales del mundo.

Samarcanda lo tiene todo y, sin embargo, la primera impresión al llegar a ella decepciona, especialmente si antes se han visitado las pequeñas y armoniosas joyas de Bujará y Jiva en Uzbekistán, en Asia Central. Y es que antes de descubrir los tesoros de Samarcanda, uno se encuentra con una ruidosa y activa ciudad de casi tres millones de habitantes, moderna, cuidada y con tráfico intenso. Por supuesto, también con grandes centros comerciales y tiendas de moda… los zocos y bazares hay que ir a descubrirlos. Y también los imaginados callejones estrechos, arcos entre las casas, ventanucos de madera y numerosos minaretes llamando a la oración cinco veces al día.

Pero esa Samarcanda moderna, con buenos hoteles y restaurantes, hay que dejarla atrás cuanto antes, porque nos espera la otra, la que sedujo a conquistadores y exploradores

El mérito de esta ciudad no es casual, está en la encrucijada de culturas, de saberes, de lenguas venidas de aquí y de allá… No es extraño la serie de definiciones a cual más bella que ha recibido a lo largo de la historia: Centro del Universo, Espejo del Mundo, Jardín del Alma, Perla del Este, Joya del Islam… Este fabuloso oasis en el borde oriental del desierto de Kyzylkum ha tenido comerciantes y soldados, poetas y peregrinos con letras líricas durante casi tres milenios.

Hace poco se celebraban los 2.750 años de la fundación de la ciudad, siendo por lo tanto uno de los lugares poblados de forma continuada más antiguos del mundo. Antes de convertirse en capital cultural del islam, hubo de sufrir asedios y destrucciones.

Registán, la plaza más bella de Asia

Para muchos, Samarcanda alberga la plaza más bella de Asia, y puede que de todo el mundo. Por eso, hay que llegar cuanto antes a la plaza Registán y disponerse a permanecer allí durante horas y regresar a ella siempre que se pueda.

La plaza Registán, que brilló como ninguna otra cuando el resto de Asia y Europa estaba en sombras, es un gigantesco escenario que parece dispuesto para su contemplación. En una gran superficie, a la que antiguamente convergían las seis principales calles de la ciudad, se alzan tres grandiosos edificios. Pudieran ser mezquitas, palacios, mausoleos… pero no, son simplemente escuelas. Aquí se las llama madrazas, que son escuelas coránicas e incluso universidades donde se estudiaba matemáticas, astronomía, teología y filosofía. Resulta sorprendente que estas bellísimas construcciones que se remontan a 1.420 estuvieran dedicadas a la cultura, cuando Europa no había salido de la Edad Media y se consumía en guerras de religión, y solo algunas zonas de Asia estaban un poco desarrolladas.

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Mosaicos celestes de mayólica
Plaza Registán
Plaza Registán. Las dos madrazas a derecha e izquierda aunque parecen simétricas, en realidad no lo son porque el islam prohíbe las copias idénticas

El espectáculo visual de Registán es incomparable: mosaicos celestes de mayólica, cúpulas que compiten en color y brillo con el propio cielo, alabastros tallados, columnas con grabados enrevesados, minaretes de acceso prohibido (aunque con una propina a los vigilantes todo se consigue) desde los que contemplar la ciudad a vista de pájaro.

El esplendor que hoy lucen estas madrazas, las más antiguas y mejor conservadas del mundo, se debe en buena parte al tesón de los soviéticos que supieron rehabilitarlas con maestría tras numerosos terremotos, aunque también se concedieron algunas licencias, como la cúpula azul de la escuela central, donde precisamente se muestra una exposición del estado antiguo y actual del conjunto.

La de la izquierda que lleva el nombre del gobernante que la terminó en apenas tres años, Ulugh Beg, nieto de Tamerlán, apasionado de la astronomía, de la que impartía clases, está decorada con infinitas estrellas. En la madraza central, Tilla-Kari (Cubierta de Oro) terminada en 1660, hay un agradable patio ajardinado y una mezquita decorada en azul y oro, con una cubierta también dorada que parece abovedada, aunque es lisa.

Los antiguos dormitorios y algunos espacios libres están invadidos por talleres de lo más diverso, dedicados desde a escritura a instrumentos musicales; y a las inevitables tiendas de recuerdos y artesanías con alfombras y cerámicas, vestidos y pañuelos de seda, antiguos bordados y bellos grabados, algunos pintados con café, que muestran las caravanas de la Ruta de la Seda con Marco Polo al frente.

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Antiguos dormitorios
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Alfombras con los estampados típicos

Otras joyas cercanas

Aunque cuesta trabajo alejarse de Registán y uno se hace la promesa de regresar al atardecer o por la noche y disfrutar su magnífica iluminación, hay mucho que ver en la ciudad y la mayoría de los grandes monumentos están muy cerca.

La siguiente visita es una mezquita que tiene nombre de mujer y, como tantas cosas en este país, está asociado a una leyenda, o historia. El nombre es Bibi Khanum y fue la esposa favorita de Tamerlán. Durante una de las largas ausencias de su belicoso marido, ella quiso darle la sorpresa de esta gran mezquita, la más grande y ornamentada que jamás hubiesen visto sus ojos, en la que trabajaron los mejores artesanos para hacerla realmente hermosa, empleándose incluso zafiros y turquesas para engalanar tan magna obra.

Mezquita Bibi Khanum o  Bibi-Khanym
Mezquita Bibi Khanum o Bibi-Khanym

El arquitecto se empleó a fondo, pero terminó enamorándose de Bibi y pidiéndole un beso como premio. Ella se resistió pero finalmente accedió a su deseo y el beso fue tan apasionado que dejó una pequeña huella en los labios de ella. Tamerlán, que estaba en todo, se dio cuenta y, de momento, mandó ejecutar al ardiente arquitecto y, según la leyenda, subió con su mujer al minarete para ver las estrellas, le agradeció el regalo y le dio un empujón que acabó con su vida. Una historia más suave, evita ese final y dice que desde entonces Tamerlán ordenó que las mujeres llevaran velo para no tentar a los hombres, nada nuevo ya que lo llevaban haciendo las mujeres musulmanas desde siete siglos antes.

Aunque durante mucho tiempo estuvo en ruinas, todavía puede apreciarse su enorme riqueza y descomunal tamaño. Se dice que para su construcción se emplearon más de noventa elefantes que transportaron numerosos bloques de mármol blanco de la India hasta Samarcanda, el pishtak o portal de entrada mide 38 metros de altura, y una de las cúpulas más de 40, lo que la convierte en una de las mayores de Asia Central y de todo el mundo islámico.

Frente a ella, y contrastando con su grandiosidad está el mausoleo de la propia Bibi Khanum, con cinco tumbas y preciosas estalactitas pintadas. Parece que, en realidad, Bibi no está enterrada aquí, sino su madre y otras dos mujeres de su familia.

Tras la visita, no está mal hacer un alto en el Siob Bazaar, un enorme mercado moderno con cientos de puestos que venden de todo y con simpáticos tenderos que dan aprobar sus productos de forma gratuita. Los puestos de frutas, verduras y especias son especialmente olorosos y coloristas. Llama la atención el gran espacio que se dedica a la venta de halva, un empalagoso dulce típico de la ciudad.

El Siob Bazaar
El Siob Bazaar

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Tal vez sea este un buen momento para hacer un alto y disfrutar de la gastronomía de Uzbekistán, que, como centro que fue de la Ruta de la Seda, tiene influencias de muchos países. El plato tradicional del país es el Plov del que hay hasta 60 variantes y, como casi todo aquí, parece que fue un invento del gran Tamerlán. Se cocina con carne de cordero mezclada con arroz y acompañada de cebolla, zanahoria, pasas y especias como el comino y el cilantro. También son frecuentes en cualquier comida los Shashlik, pinchos de carne de cordero, ternera, pollo o hígado de ave, a menudo servidos con cebolla cruda y las Samsá, unas empanadillas cocidas en horno de barro con diferentes rellenos de carne picada con cebolla, calabaza, patatas o verduras.

Tumbas, reyes y sabios

Uno de los lugares más emocionantes, sagrados y bellos de Samarcanda es Shah-i-Zinda, una impresionante avenida de mausoleos, que contiene algunos de los mosaicos más ricos y vistosos del mundo musulmán. El nombre, que significa «Tumba del Rey Viviente», se refiere a su santuario original, más interno y más sagrado: un complejo de habitaciones frescas y tranquilas alrededor de lo que probablemente sea la tumba de Qusam ibn-Abbas, un primo del profeta Mahoma, quien se dice que llevó el islam a esta área en el siglo VII. Al final del camino entre los mausoleos, el complejo se abre hacia el cementerio principal de Samarcanda, que es un lugar fascinante para caminar en silencio.

Shah-i-Zinda fue establecido como un solo monumento religioso hace más de mil años. Varios templos, mausoleos y edificios se agregaron sucesivamente a lo largo de los siglos siguientes, desde el siglo XI al XIX. El resultado es una fascinante referencia cruzada de varios estilos arquitectónicos, métodos y artesanía decorativa que han cambiado a lo largo de un milenio de trabajo.

A lo largo de la avenida principal hay unos veinte mausoleos de importancia histórica y artística, además de algunas mezquitas y madrasas que salpican el camino. Sin contar el importante número de tumbas menores pero antiguas que yacen a los pies de los mausoleos donde reposan personajes ilustres de antes, después y durante la época timúrida. Estas obras muestran la riqueza creativa en sorprendente armonía, ya que ningún mausoleo es igual a otro. Su tamaño modesto permite una intimidad imposible en proyectos más grandiosos.

El hecho de que Shah-I-Zinda es una necrópolis, que alberga los restos de numerosas personas, tanto famosas como desconocidas, ha permitido que las diversas construcciones permanezcan intactas durante tanto tiempo.

Un recuerdo para el cruel Tamerlán

Otra visita en Samarcanda es Gur-e Amir, el mausoleo del conquistador Tamerlán, también conocido como Timur, que con la ayuda de sus descendientes fue quien dio máximo esplendor a la ciudad. Ocupa un lugar importante en la historia de la arquitectura turco-persa como precursor y modelo de las grandes tumbas de la arquitectura mogol posteriores, incluida la Tumba de Humayun en Delhi y el Taj Mahal en Agra, construido por los descendientes persas de Timur.

Gur-e Amir
Gur-e Amir

Dentro descansan Amir Timur junto con dos hijos y dos nietos (incluido Ulugbek el creador de la primera madraza de Registán). El cruel Tamerlán quería ser enterrado en una simple tumba en su ciudad natal de Shakhrisabz, pero sus familiares y asesores tenían planes algo más grandiosos. Y aunque el edificio es más bien modesto, sus azulejos y la cúpula estriada son particularmente bellos. «Si el cielo desaparece, la cúpula lo reemplazará», entusiasmó un poeta al vislumbrar la cúpula sin igual sobre el mausoleo de Tamerlán. El momento para verlo en su total esplendor es después del anochecer, cuando la cámara central brilla con la luz que parpadea desde la colosal araña de cristal colgada debajo de la cúpula. El dorado en el techo parece brillar, y se tiene la certeza de estar en un lugar muy sagrado.

Dónde dormir:

Aunque en Samarcanda hay infinidad de hoteles de todas las categorías, no es mala opción la que propone el Centro Europeo de Eco y Agro Tourim (ECEAT) con sede en los Países Bajos apoyando el turismo rural basado en la comunidad, lo que representa una oportunidad importante para los países de Asia Central y, por supuesto Uzbekistán, en sus esfuerzos por diversificar la cartera de productos turísticos, reducir la pobreza, preservar las culturas locales y el medio ambiente, generar empleo, ingresos, divisas y expandirse y diversificar las economías.

Junto con los hoteles privados especializados y las casas de huéspedes en las ciudades, las instalaciones turísticas en las zonas rurales como las aldeas agroturísticas y de pesca y caza se están abriendo gradualmente y cuentan con el apoyo de la Unión Europea. Son alojamientos muy sencillos, compartiendo habitación entre varios huéspedes y con un aseo también compartido. Todo se compensa con un buen servicio, magnífico desayuno y precios que raramente superan los 10 euros por persona y noche.

Cómo ir:

No hay vuelos directos desde España a Taskent, capital y principal aeropuerto internacional en el país. Sin embargo, el potente buscador de vuelos y hoteles jetcost.es ha encontrado muy buenas combinaciones vía Dubai o Estambul con Emirates y Turkish Airlines, con precios atractivos y vuelos diarios. De Taskent a Samarcanda lo más cómodo es el tren AVE (Talgo español) que tarda solo 2 horas y 14 minutos.

Más información:

http://uzbekembassy.es/index.php/es/turismo-a-uzbekistan

https://www.centralasia-travel.com/sp/countries/uzbekistan/places

http://www.eceat.org/