El Luberon de Provenza: “slow travel” en esencia pura

Luberon, en el corazón de la Provenza, todavía conserva esa pureza que el turismo de masas no ha conseguido devastar. Tiene algo de viaje orgánico, con ese colorante natural ocre de las canteras de Roussillon que decora muchas fachadas de las casas; y esos viñedos y campos de lavanda que compiten con los edificios góticos de sus pueblos para enganchar la mirada; o la charla tranquila que ignora, tan sabia, las redes sociales. Viajar pausadamente para ir al encuentro de lo que vaya sucediendo por el camino entre pueblos y paisajes de postal, impregnarse del lugar y de sus gentes, limitarse a contemplar la belleza a su alrededor, y por supuesto, sucumbir al deleite de los placeres de la buena mesa, es el ideal de viaje que le proponemos por la comarca del Luberon. Una zona que bien puede ser la quintaesencia provenzal.

 

El Parque Regional de Luberon incluye 77 municipios, que cubren un territorio de 75 km de largo y 43 km de ancho y está designado reserva de la biosfera y geoparque mundial por la UNESCO.
El Parque Regional de Luberon, un territorio de 75 km de largo y 43 km de ancho que incluye 77 municipios, está designado reserva de la biosfera y geoparque mundial por la UNESCO.

 

A poco más de una hora de la segunda ciudad más grande de Francia, Marsella, se encuentra un remanso de tranquilidad y sosiego: la zona del parque natural regional de Luberon (Luberón en español). Una cadena montañosa, en el departamento de Vaucluse, salpicada de pequeños pueblos -algunos en colinas con vistas impresionantes- junto con extensos cultivos de frutales, de girasoles -inmortalizados por Van Gogh-, vides y por supuesto, de la tan icónica lavanda de la Provenza.

Porque sí, aquí huele a lavanda, pero también a albahaca y a hiervas provenzales, a aceite de oliva, a aceitunas picantes y a melones maduros de Cavaillon. En este rincón al sur de Francia, la vida trascurre sosegada y la tertulia vence -por goleada- a los emails. Llegará y sentirá calma y cierta vuelta a lo que fue en el pasado la vida mediterránea en el campo. A su cabeza le vendrán imágenes de lo que debieron ser aquí aquellas vacaciones en los años cincuenta-sesenta sin apenas veraneantes: con bici o motocicleta para corretear de aquí para allá; tomates y berenjenas de la huerta; charlas sobre vinicultura con temporeros expertos; vecinas regando sus macetas de hierbas aromáticas; y bailes al aire libre en las fiestas del pueblo durante las noches de verano.

Un consejo: métase en ambiente con el libro “Un año en Provenza” del escritor británico Peter Mayle, que narra su vida como un expatriado asentado en el pueblo de Ménerbes; o con la película basada en uno de sus libros “Un buen año” (2006), dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Russell Crowe. Otra que también se adentra en la vida rural de estos pueblos es “Un verano en la Provenza” (2007), nominada en los premios César franceses a Mejor ópera prima.

El color de la Provenza…

Es y será el morado. Es el más representativo de esta región francesa

Provenza es buena tierra para la lavanda por ser muy calcárea, por el sol que recibe y por sus inviernos suaves. Esta planta, que atrae a tantos viajeros, empieza a salir en junio, florece en su punto álgido en la primera quincena de julio -es el mejor momento para venir a ver los campos de lavanda- y termina a mediados de agosto. Sepa que no todos los que verá son de lavada, la mayoría son en verdad de lavandín, pues esta otra variedad crece a cotas sobre el nivel del mar más bajas (unos 600 metros). Frente a la lavanda que necesita terrenos a partir de los 800 metros para cultivarse.

Los extensos campos de lavanda atrapan la mirada. Foto: provenceguide.com
Los extensos campos de lavanda atrapan la mirada. Foto: provenceguide.com

 

A mayor altitud, mejor calidad. Por lo que el aroma de la lavanda es más delicado y el del lavandín más basto y fuerte – con un olor algo alcanforado. Para jabones, cremas, geles, cosméticos de gran consumo se utiliza lavandín. Y la preciada lavanda para alta perfumería y aromaterapia.

Las identificará y diferenciará primero por el color de las flores, pues el del lavandín es menos intenso y uniforme (yendo desde el blanco al violeta) y porque la planta de esta última es más alta y espigada que la lavanda.

De todo el territorio de la Provenza, una de las localizaciones más bonitas para disfrutar de este paisaje morado se encuentra en pleno Luberon. En concreto en la abadía cisterciense medieval de Sénanque, cercana de la localidad de Gordes que, rodeada de la lavanda que plantan los monjes, regala una escena de gran belleza visual.

Pueblos del Luberon, presumiendo de estar entre los más bonitos de Francia

A su paso por la comarca también cruzará por macizos de piedra caliza imponentes. Como sucede conduciendo por Combe de Lourmarin, una garganta de roca por la que entre una vegetación ruda y frondosa discurre el arroyo l’Aigue y la carretera que une la comarca de norte a sur, acabando en el encantador pueblo de Lourmarin (de ahí su nombre). Otros pueblos deliciosos que también le estarán esperando por esta vía son Bonnieux y Roussillon. Este último ostenta la etiqueta de “Pueblos más bonitos de Francia” (Les Plus Beaux Villages de France). En Vaucluse, en total hay siete municipios con tal distinción: Séguret, Venasque, Ménerbes, Ansouis, Gordes y los dos ya comentados Lourmarin y Roussillon. Y todos, muy cerca los unos de los otros – poco más de 100 kilómetros separan a los dos más alejados entre sí, Séguret y Ansouis.

Situado sobre una pequeña montaña, Roussillon (Rosellón en español) es un pueblo de color básicamente terracota (en todos sus matices) y eso mismo es lo que, en gran parte, le hace peculiar respecto al resto de portentos de la lista. Se debe a que en su territorio se encontraban unas canteras de extracción de pigmentos de colores ocres. Desde finales del siglo XIX el municipio disfrutó de la riqueza que les proporcionaba la explotación y exportación de sus pigmentos a Oriente. Lo que duró hasta mediados del XX, pues con la irrupción de los colores sintéticos el acuerdo comercial se rompió y las canteras se cerraron.

Cantera Ocres Roussillon
Conocido como el macizo de los Ocres, es una formación sedimentaria de areniscas rojizas, amarillentas, anaranjadas… que parece deslocalizada de su entorno mediterráneo.

 

Pero hoy esta curiosidad geológica se puede visitar. Su paisaje cárstico, de una belleza primitiva y situado en lo alto de una colina, se recorre entre pinos, jaras y paredes de arena arcillosa y óxido de hierro, de una rica variedad de matices, desde el blanco dorado hasta el púrpura – pasando por el ocre o albero, el terracota y toda la gama de rojizos.

Es muy particular e inesperado encontrar algo así en el entorno de la Provenza, más propio de parajes áridos. Merece también una visita una de las antiguas fábricas de colores, en realidad la única en este pueblo que queda en pie, y que hoy se ha reconvertido en el Conservatorio de ocres y pigmentos de Roussillon  para comprender el procedimiento de tratamiento de las arenas ocres hasta convertirlas en pigmentos de otros muchos colores.

Por su parte, la localidad de Roussillon es pequeña y muy asequible para visitarla en una mañana. Aquí vivió Samuel Beckett durante la Segunda Guerra Mundial. Las callejuelas más o menos empinadas conducen serpenteantes a la cumbre, la iglesia del siglo XVII, desde donde se puede ver una magnífica panorámica del valle y al fondo la cordillera de los Alpes de Alta Provenza. A falta de una calle principal en la que reunirse el comercio -por lo pequeño que es pueblo y lo escarpado del terreno- en muchas de sus callecitas se ha instalado un microcosmos de tiendas ideales en las que perderse entre productos gourmet, artesanos, de decoración y antigüedades y alguna que otra galería de arte y tienda de moda.

Plaza de Roussillon.
En la Plaza de Roussillon.

 

No podemos seguir el camino sin al menos mencionar a Gordes, pues quizás sea el pueblo con mayor renombre de la zona, o al menos el más fotografiado. Es un pueblecito típico provenzal, elevado, de piedra y fortificado, que ha conservado su esencia medieval y su belleza de aspecto austero y macizo, como enclave defensivo. Sobre las casas escalonadas en la colina, el castillo renacentista corona el pueblo. Y su atractivo sigue a las afueras con los campos de lavanda en la Abadía de Sénanque, la vista más utilizada para ilustrar portadas de revistas y guías de viajes de la Provenza.

Las casas. Dosis de estilo

Las casas de los pueblos y de campo son de una arquitectura sencilla, sin estridencias y con un aire entre el mediterráneo de los pueblos vecinos -italianos y españoles-  y obviamente el francés. Sus interiores también son sencillos y sin pretensiones. Estos hogares, haciendo caso omiso a las palabras “decoración” o “estilo”, desprenden entre muros de piedra gruesa, suelos de baldosas de barro cocido, chimeneas ahumadas por el uso y detalles sobrios pero encantadores, un hechizo irresistible que hace suspirar a los lectores de las revistas de decoración del mundo entero.

Los placeres sencillos de la vida de campo

Tanto Vaucluse como Luberon no quieren desprenderse de ese aire de glamour rural y bohemio. No cansados de admirar esa faceta, dirigimos ahora la mirada a los placeres de la vida que nos ofrece. Aquí la filosofía del “buen vivir” no va por grandes despliegues de lujos, tiene un significado más puro y auténtico. Es lugar para dejarnos seducir por emociones llanas…

Imperan los placeres sencillos de la vida de campo pero eso sí, sin perder un ápice del glamour francés.

Nos rendimos al slow life en… bici. Aquí se hace imprescindible recorrer los alrededores a pedales y dejarse seducir por lo que se va presentando a nuestro paso por caminos comarcales.

Recorrido en bici eléctrica desde el pueblo de Vaugines.
Recorrido en bici eléctrica desde el pueblo de Vaugines.

 

Porque sí, el pasatiempo preferido en Luberon es explorar la comarca en bici e ir parando en rincones de película, para luego reponer fuerzas tomando un plato de cocina típico en un bistró encantador con el que terminar de meternos en el ambiente más auténtico. Cualquier camino comarcal y de campo merece la pena, aunque para los más concienzudos, la oficina de turismo del Luberon en su página de recorridos en bici reúne una carta de itinerarios para todos los niveles e intereses, desde paseos por campos de lavanda o paisajes naturales destacados del parque natural regional, a circuitos de pueblo en pueblo (por los más recónditos o los más emblemáticos), e incluso rutas por las antiguas canteras de pigmentos de color ocre, entre otros cuantos.

Una buena toma de contacto con la comarca es recorrer el sur en bici eléctrica, pasando por cinco pueblos pequeños: Vaugines – Cucuron – Ansouis – Saint Martin de la Brasque – Cabrières d’Aigues – y de nuevo, Cucuron. Son un total de unos 30 kilómetros, mezcla de ejercicio y belleza.

Y para quien prefiera ir a motor, una opción divertida, diferente y muy vintage es hacerlo en un Citroën Dos Caballos que alquilan empresas especializadas.

Tierra de vinos

Remate el recorrido por estos pueblecitos con una cata de vinos en la bodega Domaine de la Cavale, en Cucuron. Nada más llegar le entrará por los ojos su edificio del arquitecto Jean-Michel Willmotte, pues es un gran ortoedro blanco que rompe con el paisaje rústico de la comarca. De su viñedo de 17 hectáreas salen unos blancos, tintos y rosados que son buenos representantes de los vinos de la región, la AOP (denominación de origen) Luberon. Hechos a partir de uva garnacha (esta cepa española que llegó en el siglo XV y que encontró en el sur de Francia las condiciones ideales para su cultivo, es la principal de los vinos del Luberon), además de cinsault, cariñena y syrah.

Bodega de la Cavale. Foto: Domaine de la Cavale.
Bodega de la Cavale. Foto: Domaine de la Cavale.

 

Si después de la cata se le despierta el gusanillo, pásese por la tienda que junto con sus caldos, reúne una selección de vinos y licores de otras partes del mundo y productos gastronómicos: desde exquisiteces locales como quesos de granja, trufas y dulces, a rones de isla Reunión. El broche aquí en los meses de verano lo pone su terraza, donde disfrutar de la bonita vista a los viñedos mientras se toma un vino, y con un poco de suerte… con música en directo.

Por donde quiera que vaya en Luberon, especialmente en verano, el vino rosé es el que más le apetecerá. Aparte de por ser el vino más de moda ahora por toda Europa, sobre todo porque los de esta región son especialmente buenos.

El buen comer

Si hay otro protagonista del buen vivir que en este ideal entorno rural compita con la experiencia de “la enología en directo” ese es la gastronomía. Productos a los que poner el radar en la comarca del Luberon son el aceite de oliva, las aceitunas y el tapenade (especialidad provenzal de aceitunas molidas con ajo, anchoas y alcaparras), el melón de Cavaillon, y las jaleas, mermeladas y frutas confitadas -por la abundancia de fruta de estas tierras bañadas por el sol-.

Dos son los aceites que se elaboran en esta región. El primero, conocido como “le fruité vert”, por su color verde, fruto de haberse recolectado las olivas a principios de la temporada, en noviembre. Y el otro es el “fruité noir”, por recogerse al final de la temporada, en diciembre, dándole un sabor maduro propio de la aceituna negra. En cualquier caso, se caracterizan por ser aceites con apenas amargor y en su mayoría bastante picantes, signo de su frescor y buena calidad.

La variedad de oliva Aglandau es la más cultivada en esta zona

Ampliando un poquito el rango, de todo Vaucluse son también buenos representantes locales las trufas negras de Périgord y el azafrán. Vaucluse proporciona el 74% del consumo francés de trufas de Périgord, las más apreciadas en materia gastronómica. Que el nombre no le confunda, representan una designación botánica, no geográfica.

La trufa negra es uno de ingredientes principales de la cocina provenzal

Así, los días se pasan en Luberon también comiendo y cenando en restaurantes para dedicarse a probar las especialidades de la Provenza. El melón granité, la ratatouille (un plato de verduras y hortalizas guisadas con hierbas provenzales), el cordero en costra y la gelatina de espárragos… posiblemente sean algunos de sus mayores orgullos culinarios. Y de cara a los postres, los calissons de Provenza hechos con almendras y melón confitado.

Ir descubriendo mercados

A medida que vaya pasando por pueblos, además de encontrar restaurantes a los que sucumbir se irá topando con mercados al aire libre. Y es que con productos frescos bañados por el sol (algo que escasea en el resto de Francia) son toda una institución en la Provenza.

En Roussillon, por ejemplo, no falta los jueves un mercadillo a los pies del pueblo. Los alimentos que venden aquí son todos productos locales, de huerta (sobra decir orgánicos), frutas, legumbres, embutidos… y algún que otro producto gourmet del resto de Francia. Y como buen mercadillo que es… también ropa, complementos y detalles de decoración. Eso sí, con auténtico french touch y un ambiente más refinado de lo normal para un simple mercado de pueblo -como cabe esperar en esta comarca-.

Con los imprescindibles puestos dedicados a las bolsitas bordadas de olor a lavanda.
Con los imprescindibles puestos dedicados a las bolsitas bordadas de olor a lavanda.

 

Las fiestas locales también son en Vaucluse la excusa ideal para organizar mercados de agricultores, en los que se dan cita productores locales, enólogos y bodegas, y donde no faltan propuestas de planes como visitas y degustaciones relacionadas con la tierra y su gastronomía.

DATOS PRÁCTICOS Y PLANES DESTACADOS

El Parque Regional de Luberon incluye 77 municipios, que cubren un territorio de 75 km de largo y 43 km de ancho y está designado reserva de la biosfera y geoparque mundial por la UNESCO.

Mejor fuera de los meses de verano

Lo perfecto es ir en primavera hasta junio. Este último es el mejor mes porque hace buen tiempo, el sol brilla y los campos de lavanda están en su momento más espléndido. Además, todavía apenas hay veraneantes. Luego, en plena temporada de vacaciones estivales el parque natural regional de Luberon se convierten en destino favorito para franceses, británicos y estadounidenses. Todos ellos hedonistas y cultivados que vienen en busca de la desconexión seducidos por sus paisajes, el charme del estilo rural provenzal de sus pueblos, la buena comida de sus restaurantes y los tesoros por descubrir en las tiendas de antigüedades. Para muchos de ellos simplemente pronunciar la palabra “Provenza”, ya desprende la quintaesencia del estilo vacacional rural.

Fuera de temporada, le impresionará la tranquilidad de los pueblos y el silencio que los rodea. Comprobará que los pocos coches con los que se cruzará por las carreteras son locales. Se sentirá el único foráneo de la zona y que todo está ahí en exclusiva para usted, sin tener que compartirlo con nadie más.

Otra buena fecha es a finales de febrero, cuando el valle de la villa de Apt se llena de las flores blancas de los almendros.

Cómo llegar

Con Air Nostrum hasta Marsella. La ruta Madrid-Marsella está atendida con tres frecuencias diarias en invierno y un vuelo más al día durante la temporada de verano (desde finales de marzo a finales de octubre). La duración del vuelo es de una hora y 35 minutos. Y desde Marsella al pueblo de Lourmarin (a la entrada del Luberon) hay unos 70 kilómetros y una hora en coche.

Paseos en bici

Una web en la que encontrar todo tipo de información, rutas y dificultad es Vélo Loisir Provence. Para alquilar la bici sin monitor Lou Massi y con acompañante que dirija el recorrido Bike Session tanto en bicicleta de montaña como eléctricas y por el día e incluso por la noche.

Recorrer la comarca en un Citroën 2CV

Se pueden alquilar estos míticos coches franceses en 2cv Provence y Douche Forever.

Conservatorio de ocres y pigmentos de Roussillon

Es una antigua fábrica de tintes en la que se puede realizar una visita guiada por sus antiguos hornos, las cuencas en las que se lavaba y decantaban las arenas, los molinos, y otras de sus dependencias. También imparten cursos y talleres.

Especial lavanda

  • En Les Routes de la Lavande y en este pdf de Turismo de Luberon puede encontrar todo acerca de este mundo, desde dónde comprar aceites esenciales y dónde ver in situ la recogida de lavanda a destilerías tradicionales, talleres de perfumistas, jardines, recorridos sensoriales, museos…
  • El Corso de la Lavande, o desfile de la lavanda, en Digne-les-Bains, son cinco días a primeros de agosto de fiesta y desfiles de carros decorados y perfumados con lavanda en los que se dan cita músicos procedentes de toda Europa.
  • La Fiesta de la Lavanda es el campeonato de Francia de siega de lavanda con hoz para aficionados y profesionales. También es en agosto y se celebra en el pueblo de Sault.

Cata de vinos

Los viñedos Domaine de la Cavale en la localidad de Cucuron realiza visitas guiadas por la bodega y termina con una cata de vinos de la mano de alguno de sus enólogos. En verano tienen una terraza en la que con suerte puede coincidir con algún músico o grupo dando un pequeño concierto.

Paseos por viñedos en Luberon

Bodegas de la comarca que realizan recorridos a pie por sus fincas son el Chateau de la Verrerie en Puget Sur Durance, Garelle en Oppede, y Fontenille en Lauris. También existe la posibilidad de realizarlos de la mano de un guía especializado independiente para que le lleve por varios viñedos mientras le cuenta todos los entresijos de este mundo (Información en Luberon Coeur De Provence). Y por su propia cuenta y a su aire, puede pasear por los viñedos alrededor del encantador pueblecito Oppède Le Vieux, situado en un entorno montañés de película. Los carteles y signos explicativos que encuentra a su paso le darán el punto didáctico extra.

Otros planes vinícolas, pero en Vaucluse

  • Aprender el arte de agrupar distintas cepas, para fabricar un estupendo vino en la bodega Château Maucoil del pueblo Châteauneuf-du-Pape.
  • Participar en una vendimia en la finca Domaine des Grands Devers o en la Domaine Beavalcinte.
  • Degustar un maridaje de vino y chocolate en la chocolatería Castalain en el pueblo de gran tradición viticultora Châteauneuf du Pape.
  • Y festivales del vino como La Fiesta de la Vid y el Vino que organiza la Cámara de Agricultura de Vaucluse en Avignon a mediado de mayo; o el Ban des Vendanges, que celebrado también en la capital de Vaucluse a principios de agosto, traslada a toda la ciudad a tiempos de los Papas (Siete Papas residieron en esta ciudad de 1309 a 1377).

Dónde comer y planes gastro

  • Noches de tapas y vino rosé en el verano, y noches de vino con cazuela durante el invierno, en el viñedo de Domaine des Peyre en Robion.
  • Los chefs aficionados pueden apuntarse a cocinar con un chef en la cocina de su restaurante. Algunos incluso le llevarán al mercado para seleccionar los ingredientes con los que trabajar. Toda la información en la página oficial de turismo Luberon Coeur de Provence.
  • Los cuatro cocineros con estrellas Michelin en Luberon dan lugar a restaurantes que merecen ser descubiertos. Con una estrella están: Jean-Jacques Prévot, el especialista en melones y su restaurante Prevot en Cavaillon; el chef Grégory Mirer del restaurante Les Bories en Gordes; Jérôme Faure que acaba de estrenarse como “estrellado” por su trabajo en Le Champ des Lunes, restaurante dentro de un hotel en el pueblo de Lauris. Y con tres estrellas, Pierre Gagnaire y su restaurante Pèir, localizado en un hotel de ensueño en Gordes.
  • Entre otros restaurantes conocidos y apreciados a nivel local que también valen la pena investigar, uno de ellos es P’tit Resto Vaugines, en la plaza del pequeño pueblo de Vaugine. En esta antigua pizzería han sabido renovar su carta, en la que mantienen algunos guiños a productos italianos bien integrados en la cultura gastronómica provenzal. La cocina es casera con productos frescos de temporada.
  • Si le apetece probar gastronomía de la zona en un ambiente actual, reserve en el hotel restaurante Auberge de Carcarille. Tanto su cocina como su interiorismo contemporáneo son tratados con sencillez. Ensaladas, berenjenas, calabacines y alrededor de treinta variedades diferentes de tomates, son parte de los productos locales que no faltan en su carta de temporada.
  • Y la opción que si o si hay que experimentar son los “Bistrot de Pays”. Así se conocen a restaurantes en pueblitos rurales, en los que proponen las recetas tradicionales de los hogares de Luberon elaboradas básicamente con productos de temporada. Cero diseño pero muy auténticos. Dos Bistrots de Pays muy acogedores son L’Imprévu en Les Beaumettes y Les Poulivets en Oppède.

Dónde dormir

Un hotel en medio del campo con un restaurante que solo por probar su cocina bien merece la pena alojarse en él, es Le Mas de Guilles, cerca de Lourmarin. También porque es una casona de piedra del siglo XVII en medio de plátanos centenarios, olivos y cipreses, cigarras cantando y con vistas al macizo del Luberón. En resumen, una estampa bien provenzal. Además desde esta localización podrá abarcar cómodamente toda la comarca en coche. En los fogones de su Les Terrasses de Guilles, el chef Patrick Lherm obsequia a sus comensales con una cocina clásica francesa actualizada con creatividad y que apuesta por el producto de proximidad. Desayunar en su gran terraza, bajo su porche o sombrillas, escuchando el canto de los gallos mientras contempla el extenso jardín verde y tras este, el bonito paisaje provenzal hasta donde la vista alcance requiere de no tener prisas para saborearlo al máximo.

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