Durga Puja en Calcuta, territorio inexplorado

Pocas son las tradiciones y eventos al otro lado del planeta de los que no hayamos dado cuenta todavía los occidentales. Sin embargo quedan algunas fiestas que durante siglos han pasado inadvertidas a los ojos del grueso de la sociedad occidental. Es el caso de la celebración DURGA PUJA en Calcuta.

 

Diosa Durga pandal Behala Nutan Dal. © Luis Martín-Crespo
Retablo de la diosa Durga en el pandal Behala Nutan Dal. Foto © Luis Martín-Crespo

 

Porque más allá de poder ser conocido por los “viajeros más curtidos y empedernidos” (dícese de aquellos que pasan largas temporadas recorriendo el mundo y mimetizándose con los lugareños), para el resto de occidentales el festejo del DURGA PUJA es un completo desconocido. Una oportunidad única, por tanto, para descubrir este festival y el encanto de la caótica Calcuta sin masas de turistas a nuestro alrededor. Viajamos para conocer la ciudad de Calcuta en este enlace.

La Ciudad de la Alegría, ya de por sí tan colorida y atrayente, se supera a sí misma cuando celebra su gran gala DURGA PUJA.

Gigante, monumental y mágica. Así es la fiesta de DURGA PUJA (en bengalí significa: culto/adoración a Durga). Una gran exposición artística al aire libre que cada año en octubre se realiza en la capital de Bengala Occidental, y en la que miles de retablos de la diosa Durga son dispuestos tanto en las calles como en cada casa particular o vecindario. Repartidos por toda la ciudad en el interior de unos pabellones o templos (según se mire), llamados pandals, donde se ofrece un gran espectáculo visual a los numerosos visitantes. Una increíble muestra de la creatividad artística de esta gente. Adéntrese en los pandals aquí.

Y aunque DURGA PUJA no sea sólo pandals, sí son lo más despampanante de la celebración. 

 

Pandals un mundo de fantasía - Foto © Luis Martín-Crespo
Entrar en los pandals es entrar en un auténtico mundo de fantasía. Foto © Luis Martín-Crespo

 

Durante cinco días, todos los bengalíes salen a la calle sin excepción, acompañados de música y baile, para disfrutar junto con su familia, amigos y vecinos de su ciudad engalanada para la ocasión. No sin razón, es el acontecimiento religioso, social y artístico más grande e importante del calendario en Calcuta. Una ciudad que da el máximo durante cada DURGA PUJA. En la última edición, el número de pandals ha sido de algo más de 3.780; se ha necesitado un total de 1.900 MW de potencia para mantenerlos con una iluminación espectacular (gasto extra aproximado durante los días de celebración); las colas que han aguantado los calcutenses para entrar en los pandals más espectaculares han sido del orden de una hora y media en cada uno. Más de 3 millones de visitantes al día han pasado por los 15 o 20 pandals más importantes, lo que supone un flujo total de 15 millones de personas en 5 días, es decir, la práctica totalidad de los habitantes de Calcuta.

Son sólo algunas cifras que dan buena cuenta de la envergadura de este evento.

Y aunque la sorpresa, majestuosidad e ilusionismo que ofrecen los pandals son lo que principalmente mueve a la gente a acudir a estas construcciones, no olvidemos que la base de la fiesta es de carácter religioso. Porque aunque DURGA PUJA sea el momento del año en Calcuta de ser festivo y salir de la rutina, la adoración a la Diosa sigue siendo el centro de todo. Conozca en qué consiste el rito religioso aquí.

 

Devoción a la diosa Durga
Los devotos se encuentran cara a cara con la Madre Durga. © Luis Martín-Crespo

 

La gran celebración del año. Aunque el mito de la diosa Durga viene de muy lejos (es conocido en la India desde hace más de 2.000 años, e incluso la tradición de representar en tallas a Durga matando al demonio se realiza desde los siglos III-IV D.C), no fue hasta mediados del siglo XVIII cuando se convierte en una auténtica celebración social en sí misma. Primero entre las familias bengalíes adineradas e influyentes como signo de estatus y riqueza y después, a partir de comienzos del siglo XX, como fiesta pública en la que participa la ciudad entera.

La religión, sí, ¡es su razón de ser! pero hoy por hoy la celebración DURGA PUJA va mucho más allá. No se trata sólo de rendir homenaje al regreso de la diosa Durga y su victoria sobre los males.

Para muchos se trata de “tirar la casa por la ventana”

Y de ser partícipe de un evento espectacular para el que se ha esperado durante casi un año. A modo de comparativa, para los bengalíes esta celebración tiene la misma relevancia social, cultural e incluso a nivel económico, que lo que suponen para nosotros las fiestas navideñas. Es el momento en el que la ciudad se llena con lo mejor: los edificios, calles y carreteras brillan repletos de cadenetas de luces ¡la iluminación que no falte!; los hoteles y restaurantes organizan jornadas gastronómicas; las empresas lanzan campañas publicitarias especiales, las tiendas rebajas y gangas Pre-Puja. Además, muchas películas, álbumes y libros se publican en estos días para coincidir con el DURGA PUJA.

 

Iluminación de las casas en Durga Puja
Las viviendas, ya sean modernas o viejas, acomodadas o humildes, de un barrio u otro… también adornan sus fachadas. Foto: urmikeka.blogspot.com

 

Durante los 5 días de celebración, la Durga-pasión engancha a todo el mundo al margen de la edad, casta o sexo. La lista es numerosa: visitar a la familia y planear reuniones con los amigos, compras de última hora e intercambio de regalos, estrenar ropa nueva para lucirla en los pandals y mostrar las últimas adquisiciones, olvidarse por unos días de la dieta, salidas y fiesta, acudir a eventos culturales, y por supuesto, pasar la noche de pandal en pandal. Son parte de lo que supone DURGA PUJA para los bengalíes.

Para muchos seguramente es la única ocasión del año en que pueden permitírselo.

Y ¡ojo! DURGA PUJA también es las grandes multitudes y atascos de coches, el tiempo perdido en las colas para entrar a los pandals, la mala gestión de tráfico y el despilfarro de dinero en las luces y las imponentes construcciones temporales. Es la locura por unos días y las señas de identidad de esta celebración en todo su potencial. Pero, ¿qué sería la vida sin un poco de disparate?