Clunia, una colonia romana en Burgos

Bailar sobre la tumba de alguien no es una maldición, sino una realidad muy corriente en España. Clunia, la ciudad romana en la provincia de Burgos, estuvo sepultada bajo una gran explanada donde los vecinos de la zona organizaban merendolas, bailes y romerías hasta no hace mucho. Hoy Clunia emerge hermosa, una vez liberada del peso que la enterraba.

 

CLUNIA
Diosa Fortuna.

 

Parece que los romanos ya pisaron sobre un asentamiento celtíbero, pero no queda nada de aquellos tiempos. En cambio, todavía se ven muchos restos de la que fuera Colonia Clunia Sulpicia desde el siglo I, cuando Tiberio era el gran general que imperaba en Roma, y hasta el V, más o menos, cuando el Imperio romano ya no daba más de sí.

Como pasa con muchos lugares, lo mismo se ponen de moda que se olvidan. Y como ocurre también con muchos otros, caen en manos de la Iglesia en algún momento de su historia. Así ocurrió con Clunia. Las piedras de la ciudad romana aparecen aquí y allá, en los edificios de alrededor, en las ermitas. Se llama reciclar.

 

CLUNIA
Yacimiento de Clunia.

 

A mitad de camino

Clunia Sulpicia está en el término municipal de Peñalba de Castro, cerca de Aranda de Duero, en la provincia de Burgos. Por los pies de Clunia pasa el río Arandilla, un afluente del Duero. Hay muchas huertas alfombrando los alrededores, y una vista imponente desde su altura, de más de mil metros sobre el nivel del mar.

Un día soleado, haga frío o sí, porque en Burgos es lo normal, resulta perfecto para conocer Clunia. El acceso es cómodo, en coche hasta la puerta y más allá. Se puede recorrer lo principal andando o sobre ruedas, si uno prefiere infrautilizar sus piernas.

Hay mucho que ver y disfrutar bajo un cielo limpio y sin gente. Esto último es casi seguro en fin de semana y absolutamente seguro en días laborables. La excepción son las fiestas patronales que siguen celebrándose allí, en la ermita de la Virgen de Castro, levantada en pleno centro del yacimiento, rodeada de columnas del macellum, mosaicos y pedruscos históricos. El último fin de semana de agosto, ya con rebequita, el sitio se pone de bote en bote.

Lo primero es ver el aula de interpretación y tragarse el vídeo que, quieras que no, ayuda. En una de las salas del museo está la diosa Fortuna, un puzle de centenares de piezas de mármol que da como resultado una figura imponente y, como corresponde a su nombre, con cara plácida. Da gusto verla. Se agradece que esté aquí y que no se la hayan llevado a un lugar más importante. El que quiera conocerla que venga a su casa.

 

CLUNIA
Conjunto de Los Arcos, una de las zonas termales.

 

Un gran yacimiento

Luego hay que lanzarse a disfrutar de esta meseta de 130 hectáreas donde se puede mirar muy a lo lejos o detenerse en revisar cada piedrecita y cada pedrusco. Aquí y allá han tenido el gusto de dejar unos troncos de olmos fallecidos de grafiosis que no pueden ser más hermosos y, de vez en cuando, surgen «los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido», como los describía Azorín.

Están los restos del foro, con sus columnas bien visibles, que era como la plaza mayor donde se juntaba todo el mundo, y al lado se supone el mercado. Queda algo del templo de Júpiter. También las termas, extensas, que no pueden faltar en toda ciudad romana que se precie. Y la necrópolis.

En una ladera con forma de media sandía, hay un teatro magnífico. Unos dicen que cabían ocho mil y los más exagerados (entre los que se incluye al personal del yacimiento) hablan de once mil. Da igual, es imponente. Tiene una zona reacondicionada como graderío donde hoy, como antes, se celebran espectáculos; pero otra parte se conserva como era (ahí no hay que sentarse), frente a una parte de la escena monumental todavía en pie.

Clunia llegó a ser muy importante. Tenía estatus de municipio latino con administración a la romana y autorización para acuñar sus propias monedas. Por sus calles pasearía Servio Sulpicio Galba, gobernador en esta parte de Hispania, que pronto se postuló como emperador, volvió a Roma e hizo salir corriendo a Nerón.

En un lugar así hay casas de ricos, viviendas con delicados mosaicos, escaleras, cisternas, fragmentos de pintura mural, trozos y trocitos para imaginar cómo vivían aquí hace veinte siglos. Esa también es la importancia de Clunia, que un yacimiento tan extenso nos permite ver el urbanismo romano, sus calles, sus construcciones, su evolución en el tiempo.

 

CLUNIA
Teatro romano de Clunia.

 

Lo que no se ve y lo que se puede ver

Parece que lo más interesante, como suele ocurrir, es algo que no se visita: su sistema de abastecimiento de agua. Clunia se estableció sobre un conjunto de galerías kársticas y lagunas subterráneas que alimentaban fuentes y pozos para que sus habitantes pudieran disfrutar de la afición romana por excelencia: las termas. Y tampoco se ve la cueva Román, dedicada al dios Príapo, ese que según todas las apariencias era muy fértil. Dicen que abundan las inscripciones y figuras centradas en la ostentación fálica.

Clunia Sulpicia es un lugar para emocionar a los amantes del patrimonio arqueológico, pero tiene un inconveniente: cierran a mediodía. Hay que estar allí temprano, sobre todo si uno es muy fan del patrimonio arqueológico, algo que, asumámoslo, implica ser un pesado.

El yacimiento está bien explicado, con información por todas partes y vigilantes enteraos y majetes que ayudan al visitante. Habrá quien consiga ver Clunia en dos o tres horas. Esos tendrán tiempo para un aperitivo de lo mucho que ofrece la zona. Y no estamos hablando del lechazo (sí, aquí también presumen del mejor de España), el ribera de Duero, la morcilla o el queso, sino de llenar esos otros vacíos que no son el estómago.

Muy cerca está la ermita del Santo Cristo, a las afueras de Coruña del Conde, una joya del siglo XII, con piedras del yacimiento de Clunia. Llama la atención, y no por su tamaño, desde la carretera. Aparque donde pueda y acérquese bordeando el patatal para verla de cerca. Conmovedora. Y también muy cerca está Peñaranda de Duero, que es un lugar que todo el mundo debería conocer. Pero esa ya es otra historia.