Calcuta y sus múltiples caras

Porque vivir un viaje es emocionarse, que mueva por dentro sensaciones, ilusiones… visitar Calcuta durante la celebración del Durga Puja es el mejor momento para convertir este destino en toda una experiencia. Durante cinco días del mes de octubre, un anticiclón de alegría y fiesta sobrevuela la ciudad, recalando en cada calle y esquina, y atravesando las viviendas, comercios y centros de trabajo. No en vano, Calcuta durante esta festividad es una caja mágica llena de sueños, fantasías, valores y creencias. Para conocer qué es el Durga Puja y vivirlo, clica aquí. Dicho esto, en las próximas líneas vamos a centrarnos en hacer una buena radiografía a la ciudad de Calcuta en sí misma. No sólo de su fachada, también de su personalidad, marcadas ambas por su herencia histórica.

 

Fuente: www.the42.in
Foto: the42.in

 

Tres etapas en su historia, tres formas de pensar, de vivir y de mostrarse al mundo.

Siglos de cultura ancestral (marcada por la influencia inglesa) y los referentes de última generación se dan la mano, o la espalda, (según los ojos con que se mire) en esta bulliciosa metrópolis. Extendida a orillas del río Hugli (una de las ramas del delta del sagrado Ganges), la capital de Bengala Occidental es una ciudad intensa y deliciosa, caótica y melódica, dibujada por un pasado esplendoroso durante el Imperio Británico, del que ya sólo queda su memoria y sus imponentes edificaciones en una absoluta decadencia. Y sin embargo hay algo en esa decadencia que cautiva grata e inconscientemente al visitante, amén de los olores intensos, el caos de circulación y los continuos ruidos que, sin quererlo, acaba convirtiéndose en parte de su encanto.

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En cada esquina, imponentes edificios totalmente arruinados. Huella de su época culminante. Foto © Luis Martín-Crespo

 

La escena que se presenta nada más salir del aeropuerto no puede ser más reveladora de lo que nos espera en sus calles: ruido loco de bocinas y más bocinas; caos de tráfico; taxis de otra época y taxistas impacientes compitiendo por conseguir viajeros; y un gran barullo entre pasajeros (casi todos, locales) y visitantes, algunos con no más finalidad que la de ser meros espectadores de ese ajetreo. Se respira muchas prisas y agitación pero no sirven de nada.

El desorden y la locura de tráfico continúan ya dentro de la ciudad.

Por calles sin líneas de carril marcadas en la calzada y cruces sin señalizaciones ni apenas semáforos, circulan (¡o eso intentan!) coches atrapados en eternos atascos. Sí, en atascos como en cualquier ciudad del primer mundo, pero acompañados de vacas, ovejas, rickshaws y porteadores, y sin ningún orden ni concierto (aquí es la “ley del más listo” o para ser más precisos: del más Fittipaldi).

Pero “inspiradora” decadencia y “animadas” incomodidades aparte, lo que torna inolvidable a este destino son: su gente; la infinidad de flashes de colores que te rodean (en las ropas de las mujeres, en las fachadas pintadas totalmente des-sincronizadas, por no hablar de en las publicidades chillonas de las calles); su icónica gastronomía picante; la modernidad y la tradición coexistiendo; y el hervidero de culturas: hindús, chinos, árabes y judíos que viven juntos y en armonía.

Saris de las bengalíes
Gran prestancia la de las bengalíes con sus vistosos saris. Llenos de color, alegres y elegantes. © Luis Martín-Crespo

 

Los turistas en esta ciudad son pocos, muy pocos.

Algunos mochileros y grupos de dos/cinco turistas con su propio guía. Y si hay algún grupo más grande (como es nuestro caso, un grupo de 18 periodistas internacionales), sus gentes se divierten con gesto curioso viendo a esta tropa de occidentales con mapa y cámara en mano haciendo fotos sin parar; casi diría que alucinan que para nosotros puedan ser ellos, y su entorno, objeto de nuestra admiración. Y es que en verdad Calcuta es la gran desconocida por no formar parte de los habituales circuitos turísticos a la India.

Aquí la huella británica lo inunda todo, incluidos el tomar mucho té (su especiado chai indio), los taxis Ambassador similares a los cabs londinenses, o los estudiantes jugando al cricket a la más pura tradición británica. Y es que, de los más de tres siglos y medio que estuvieron los ingleses en la India (1608 – 1947), en Calcuta permanecieron doscientos veinte y un años, y de los cuales ¡casi ciento cuarenta como capital de la India británica! Son cifras que inevitablemente marcan a cualquier cultura.

Los taxis Ambassador de Calcuta © Luis Martín-Crespo
Los taxis Ambassador, similares a los cabs londinenses pero en amarillo, le dan el punto de color al caótico tráfico. © Luis Martín-Crespo

 

estudiantes jugando al cricket
Jugando al cricket en el parque Maidan con el Victoria Memorial de imponente espectador.

 

Pero además Calcuta es una ciudad incapaz de generar indiferencia y llena de contrastes. Considerada la capital cultural de la India, la realidad de esta urbe es sin embargo ser una de las más pobres y desiguales del mundo. Con algo menos de la mitad de su población analfabeta y pobre, la escena en las calles es gente deambulando, durmiendo, comiendo y lavándose en las mismas aceras, debajo de puentes o en el “mejor” de los casos, en chabolas. De vecinos: perros y gatos sarnosos. Y en lugar de gorriones y palomas, en esta ciudad son unos enormes cuervos los que la sobrevuelan.

Calcuta y sus múltiples caras y su gente. © Luis Martín-Crespo
El río Hugli es el imponente baño de muchos bengalíes. © Luis Martín-Crespo

 

Aunque también hay otra Calcuta, la de gente haciendo cola a las puertas de los restaurantes más cool de la ciudad.

Y la de una Calcuta de rascacielos, centros comerciales y con su propia zona “Silicon Valley” a las afueras en el noreste llamada New Town; donde más de 235 empresas del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) están favoreciendo el crecimiento de la clase media. Sin olvidarnos de una juventud preparada y muy ambiciosa (con aspiraciones) que está cambiando la urbe. Bajo la influencia de Occidente y de sus modos de vida, representan la nueva Calcuta.

South City Mall Calcuta
South City Mall en Prince Anwar Shah Road, en la zona sur de Calcuta. Foto: Wikimedia Commons
Entrada a New Town, Calcuta y sus múltiples caras
Complejo Uniworld City en la zona residencial Rajarhat de Calcuta. Foto: Wikimedia Commons

Y esta Calcuta imparable, la del mañana y del progreso, también se enorgullece de mantener sus tradiciones. La espiritualidad y las celebraciones religiosas forman parte del imaginario bengalí, incluso para ellos es un patrimonio histórico y cultural tan importante, que con cada festival, la ciudad se vuelca. Y son sus rituales religiosos lo que ponen el toque de definitiva fascinación a esta ciudad y cultura del Bengala occidental. Sin duda, el pasado, el presente y el futuro coexisten en Calcuta.

Álbum Calcuta y sus múltiples caras: