Aviñón: la ciudad más vigorosa y escénica de la Provenza

La herencia de la época medieval de esplendor durante el Papado es innegable en la Aviñón de hoy en día. Está ahí. Calles y edificios de estilo provenzal, galo e italiano se mezclan como en una coctelera para dar una escena visual enriquecedora para al viajero. Tan pronto creerá estar en pleno París como en un pueblecito del corazón de esta región, que incluso en alguna localidad de la vecina Italia. Una sensación maravillosa en cualquier caso. Porque para qué vamos a conformarnos con una única dimensión cuando podemos tener varias a la vez. Y aunque si por algo es visitada la capital del departamento de Vaucluse es por su pasado papal, en realidad lo que la hace tan especial es el encanto de fusionar los rasgos provenzales de la tierra con los imprescindibles galos y con un toque de la herencia italiana adquirida tras el paso por aquí de los Papas de Roma. Pero luego está lo que pone el toque definitivo y que hace que el visitante ponga un diez a esta villa: el buen ambiente y lo animada que es; al menos con la llegada del buen tiempo cuando además de salir a vivir la calle la gente, florecen los festivales culturales.

 

El palacio de los Papas se convierte en un gran escenario teatral durante el Festival d’Avignon, celebrado cada mes de julio.
El palacio de los Papas se convierte en un gran escenario teatral durante el Festival d’Avignon, celebrado cada mes de julio. Foto: © festival-avignon.com

De provincia, pequeña y recogida, cómoda por tanto pero muy viva

Porque, como ya adelantábamos, lo que probablemente no esté en las expectativas del visitante es llegar y encontrar en una pequeña urbe de provincia una Aviñón muy viva y con gran actividad cultural. Basta un primer vistazo para comprobar que la animada vida de las calles delata que esta vieja ciudad es casi sin proponérselo muy moderna. “Casi” decimos porque Aviñón se toma muy en serio que las últimas tendencias artísticas, y la cultura en general, fluyan por doquier. El Festival d’Avignon tiene mucha culpa de ello.

Entre plazas y edificios góticos sus calles respiran mucha vida y animación.

Festival de Aviñón, donde se cuece la cartelera de teatro de toda Francia

Desde 1947, cada julio durante tres semanas la ciudad se convierte en un gran teatro. Una veintena de edificios, desde pequeñas capillas al propio Palacio de los Papas, se transforman en sorprendentes escenarios. En realidad, toda la ciudad pues calles, jardines y plazas son tomadas por compañías de teatro para disfrute de aviñoneses ​y turistas.

El Festival d’Avignon acoge a lo mejor del teatro francés junto a un número de compañías extranjeras cada vez más importante -lo que atrae a productores de todo el mundo- para representar sus nuevos espectáculos. Basta con decir que de aquí saldrán las obras y artistas que estarán en las carteleras de las grandes ciudades francesas durante el siguiente año, para comprender la relevancia de este evento para todos los que conforman la industria de las artes escénicas contemporánea. Otro dato es que aquí se encuentran algunas de las escuelas de interpretación más importantes de Francia.

Aunque el espectador sin quererlo casi vive más el Festival Off, por el que de forma paralela otras compañías se despliegan por las calles para convertirlas en su propio escenario. Los actores interactúan con la gente por la calle. Con más de 1300 representaciones y compañías internacionales en unos 100 distintos espacios de la ciudad, es imposible no toparse con alguna representación durante esos días. Además de puestos con arte y libros, cuentacuentos y poetas… Durante esos días toda Aviñón vive y se implica con el evento. Es un buen momento para visitarla, en plena efervescencia y con ambientazo en las calles, terrazas, bares y restaurantes.

Los actores y artistas interactúan con la gente por la calle. Foto: © Philippe Bar
Los actores y artistas interactúan con la gente por la calle. Foto: © Philippe Bar

 

Pero no sólo de festivales -de danza contemporánea, de jazz, incluso de motor y cerámica por ejemplo-, alimenta esta urbe el espíritu de sus ‎aviñoneses, siempre hay hueco también para mercados gastronómicos o de vinos en alguna de sus plazas o jardines. En junio por ejemplo arranca la temporada de tardes de verano al aire libre con Les Estivales du Rhône, un evento ideal para pasar un rato agradable entre música y actuaciones en directo probando los vinos de Côte du Rhône y productos de la región del que más abajo hablaremos.

Las calles y los lugares que hay que patear

Aviñón tiene unas dimensiones manejables, se puede ir a pie a todas partes. Junto al protagonista indiscutible de la ciudad, el medieval Palacio de los Papas, está su plaza alargada en la que si consigue quitar la vista de la enorme y magnética fortaleza también le llamará la atención, entre cafés y restaurantes, el esplendoroso Hôtel des Monnaies (hotel de las monedas), que es la única la fachada barroca que se conserva en la ciudad. Y a continuación del palacio, la catedral de la ciudad, Notre-Dame des Doms, la subida al parque Rocher des Doms y la bajada al famoso Puente de Aviñón. Todo ello y más, lo abordamos en este otro reportaje “Aviñón, la ciudad de los Papas (que no es el Vaticano)”.

De entre todas las calles, una de las más apetecibles y bonitas es la rue des Teinturiers (calle de los tintoreros), que adoquinada y peatonal, seguramente sea la más típica. Porque con sus ruedas de molinos de agua sobre el arroyo Sorge, ha sido testigo, como insinúa su nombre, de la fabricación de telas y sedas indianas que en el siglo XVIII causaban furor. Los tintoreros las trabajaban, pintaban y lavaban en ese pequeño canal de agua. Fue uno de los negocios más importantes de la época en la ciudad. Hoy son pequeñas tiendas y cafés con agradables terrazas bajo los viejos plátanos del paseo los que han tomado el relevo profesional de esta calle.

A un lado del ajetreo de la rue des Teinturiers, en el arroyo, todavía quedan inmóviles cuatro molinos de entonces. Foto: France.fr
A un lado del ajetreo de la rue des Teinturiers, en el arroyo, todavía quedan cuatro molinos de entonces. Foto: France.fr

 

El centro histórico de Aviñón le llevará también por tiendas de diseñadores, las calles Joseph Vernet y de la Grande Fusterie, además de alrededor de la iglesia de Saint Agricol son ideales para moda, anticuarios y diseño.

Y por el mercado central Les Halles con su llamativa fachada vegetal donde encontrar los productos típicos de la región, muchos de ellos eco y artesanos. Quesos, conservas, carnes, pescados, dulces… aquí todo parece delicioso y ponen en jaque a nuestra capacidad para no caer en la tentación. Por ejemplo, para los golosos una buena adquisición, que aun siendo de la vecina región del Gard es cotidiano en Aviñón, es la fougasse (hogaza) d’Aiges-Mortes, un brioche aromatizado con naranja y agua de azahar -la mantequilla tampoco falta- y espolvoreado con azúcar que recuerda mucho a nuestro roscón de Reyes. Y aunque también es un postre para el periodo navideño, hoy en día se vende durante todo el año ¡para el goce de aviñonenses y turistas!

Mercado Les Halles, el mercado para los viajeros gastrónomos. Foto: © Philippe Bar.
Mercado Les Halles, el mercado para los viajeros gastrónomos. Foto: © Philippe Bar.

 

Aunque el dulce más oportuno que llevar de vuelta a casa puede ser unos bombones de color rosa pero de chocolate negro y de un licor de mejorana llamado d’origan du Comtat, muy provenzal. Son los famosos papalines d’Avignon, un dulce típico que el viajero encuentra en las mejores pastelerías de la ciudad. Como la chocolatier pâtisserie Mallard, en la rue du Vieux Sextier, donde Patrick Mallard, cuarta generación de esta familia pastelera, prepara unos de los mejores papalines de toda Aviñón, entre otras tentaciones dulces como: Le Ventoulet, un bizcocho de albaricoques, miel de lavanda, almendras y moscatel de Beaumes de Venise (del valle del Ródano); o los chocolates Les Ganaches de Provence, hechos con albahaca e hinojo de la Provenza; o las Le Rocher des Doms (nombre de la colina de la ciudad), que son unas almendras garrapiñadas cubiertas sutilmente de chocolate y del pequeño secreto de la casa.

Entrando por la puerta de l’Oulle de las murallas de Avignon, aparece la plaza Crillon. Es un lugar ideal cuando llega el buen tiempo para tomar algo tranquilamente en alguna de sus terrazas a la sombra de los plátanos entre elegantes fachadas antiguas. Como la del exclusivo Hotel d’Europe, o la del palacete de la Galerie Ducastel, que desde 1962 es la galería de arte más antigua de la ciudad.

El edificio de Galerie Ducastel preside la agradable Place Crillon. Foto: © Avignon Tourisme - C. Rodde.
El edificio de Galerie Ducastel preside la agradable Place Crillon. Foto: © Avignon Tourisme – C. Rodde.

 

Luego también está la plaza des Corps Saints, a dos pasos del Palacio de los Papas, llena de terrazas que es el mejor lugar para estar con amigos, un buen plato de comida provenzal y una copa de rosé, el vino favorito en el sur de Francia.

Y para seguir con la afición a los buenos caldos, hay que continuar por Le Carré du Palais, un complejo enoturístico abierto en 2017 en un edificio histórico emblemático de la ciudad, el Hôtel Calvet de la Palun (finales s. XVIII) que ocupaba antes el Banco de Francia y que se encuentra en el corazón de la ciudad, la Place de l’Horloge. Este es el lugar para disfrutar de talleres y catas, de su restaurante gastronómico y por supuesto del bar de vinos, con la totalidad de las denominaciones D.O.C. del valle del Ródano, como el Châteauneuf-du-Pape, un vino muy importante en Francia que se comercializa bajo esa denominación desde 1836. Y es que los papas no solo construyeron una gran ciudad, también plantaron buenos viñedos.

La terraza de Le Carré du Palais se encuentra en un sitio inmejorable, junto al Palacio de los Papas. Foto: Le Carré du Palais.
La terraza de Le Carré du Palais se encuentra en un sitio inmejorable, junto al Palacio de los Papas. Foto: Le Carré du Palais.

 

La exquisita afición a los vinos da lugar en Aviñón a eventos como Les Estivales du Rhône, que en junio organizan unos 20 viticultores de la región en el viejo jardín Agricol Perdiguier, junto a los restos de la iglesia Saint-Martial y del claustro de una antigua abadía benedictina medieval. Es un buen plan para pasar una tarde agradable con gente de la ciudad, tomando unos vinos de Côte du Rhône, quesos y embutidos locales mientras suena buena música en directo.

Y por último mencionar a la propia plaza donde se encuentra el nuevo complejo enoturístico, la Place de l’Horloge (Plaza del Reloj), que como pleno centro de la ciudad es un lugar por el que seguramente pasará en más de una ocasión. Aunque sus orígenes se remonten a la época de los romanos -aquí estuvo el foro romano-, su aspecto actual es mucho más reciente, del XIX, siglo del que dan buena cuenta dos elegantes edificios: el Teatro de la Ópera y el Ayuntamiento (éste conserva además un antiguo torreón del siglo XIV). Y con sus hoteles, cafés y terrazas bajo la sombra de los plátanos y un carrusel antiguo en el centro, la plaza es un lugar muy animado y punto de partida habitual para recorrer la ciudad.

El carrusel clásico de madera, frente al Ayuntamiento y la Ópera.
El carrusel clásico de madera, frente al Ayuntamiento y la Ópera. Foto: © C.Rodde.

Datos prácticos

Cómo llegar: Aviñón se sitúa a solo 4 horas y media en coche desde Barcelona (433 km). Dispone de aeropuerto local, pero la terminal internacional más cercana que recibe vuelos desde España es Marsella (a hora y cuarto en coche). El vuelo Madrid-Marsella con Air Nostrum es de una hora y 35 minutos, operado con tres frecuencias diarias en invierno y cuatro durante la temporada de verano. Otra opción es el tren, Aviñón recibe línea de Alta Velocidad desde España.

Dónde dormir: en l’Hôtel de l’Horloge. Como insinúa su nombre se encuentra en la céntrica Plaza del Reloj. Es un hotel pequeño, práctico y acogedor, de habitaciones funcionales, y con un “momento desayuno” muy agradable al realizarse dentro del clásico comedor acristalado a pie de calle en el que empezar bien el día, por ejemplo, con buena bollería francesa, café y fruta fresca. Al reservar, pida alguna habitación alta con vistas a la Place de l’Horloge para poder ver, por encima de las copas de los árboles y los tejados de la plaza, el Palacio de los Papas.

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