Asakusa. Cuerpo y alma de la antigua Edo

De todos los barrios que hemos seleccionado por representar al Tokio más dinámico o al más auténtico, Asakusa (a un paso del distrito de Ueno) es en el que hemos sentido más claramente la herencia del periodo Edo. Regala las estampas más inequívocas del Japón de los templos, de las calles estrechitas, las tiendas diminutas y los mercados callejeros tradicionales.

 

templo de Sensoji en Asakusa
Vista del templo de Sensoji en Asakusa.

 

Desde el pórtico de Kaminarimon, con su enorme linterna roja, se llega a la calle Nakamise llena de pequeños comercios. Los puestos se fundaron entre los siglos XVII y XIX para dar servicio a los peregrinos y visitantes que se dirigían al tempo de Sensō-ji, y aunque los productos están pensados para el turista del siglo XXI, los locales y tenderetes todavía mantienen una pátina de otras épocas y respiran cierta nostalgia de la era preimperial. Esta calle es el lugar al que hay que ir si uno busca un regalo con la típica imaginería antigua de Japón, como ilustraciones de Hokusai, papel para hacer origami, palillos de bambú o ébano y kimonos con estampados de grullas.

 

La calle Nakamise de Asakusa.
La calle Nakamise de Asakusa.

 

En algunos comercios preparan al momento los exquisitos taiyaki, unos pastelitos rellenos de judías dulces con forma de pez. Aunque ahora también los encuentra con forma de Hello Kitty o Doraemon.

Más compras… La avenida Kappabashi Dogugai, de casi un kilómetro, está llena de tiendas de utensilios para la cocina nipona. Desde los más clásicos como cuencos de loza, palillos y cristal tallado a mano, hasta aparatos específicos para cocer bolitas de pulpo y toda clase de pequeños electrodomésticos inverosímiles. Tanto es así, que aquí suelen acudir los dueños y chefs de pequeños negocios de comida para hacerse con dos de los básicos de estos restaurantes: los cuchillos y las réplicas hechas en cera o plástico de los makis, nigiris, sashimis, e incluso de hamburguesas, que se exhiben en los escaparates.

 

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En Kappabashi Dogugai encuentra los tradicionales cuencos de loza para llevar de recuerdo.

 

Pero a Asakusa se viene también a rezar o a ver espectáculos de kabuki

El tempo de Sensō-ji, completado en el año 645, es uno de los templos budistas más imponentes de Tokio, y por tanto, de los más visitados cada año. El lugar es grandioso. Antes de llegar al pabellón principal, hay que pasar por una serie de arcos llamados Toris para irnos purificando y llegar al templo con el alma cristalina. Sensō-ji es además uno de los santuarios más populares para ir a conocer su suerte. Por 100 yenes (menos de 90 céntimos) puede sacar un papel de una urna donde viene escrito cómo le va a ir en el futuro. Si no le convence lo que pone, ningún problema. Déjelo anudado en un lugar habilitado para ello y vuelva a sacar otro papelito para mejor suerte, por otros 100 yenes claro.

El kabuki es un género teatral japonés originario del periodo de Edo en el que se entremezclan la interpretación, ya sea comedia o drama, con música y danza. Los cambios frecuentes de escenario, la estética de maquillaje y vestuario tan llamativa y las expresiones excesivas de los actores, convierten a estos espectáculos en un lujo visual y una experiencia muy particular.

Otros distritos recomendables para el viajero que busca el Tokio más dinámico y evolucionado o el más auténtico y tradicional:

 

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