Armando del Rey: “Con apenas un traje de nylon, puedes viajar a 250 kilómetros por hora manejando la trayectoria con tu cuerpo”

Forma parte de una tribu no se sabe si de “chalados” o “superhéroes” que practican el salto BASE. No son más de 2.000 personas en todo el mundo. Con su traje de alas, se lanzan al vacío desde un avión, un rascacielos, la cumbre de una montaña o un acantilado, hasta alcanzar los 250 kilómetros por hora y acabar, en el último tramo, aterrizando en paracaídas. Son auténticos misiles humanos. Armando del Rey, copropietario de Corral de la Morería, uno de los grandes templos flamencos de España, es uno de ellos. Estamos ante un hombre de altos vuelos, que ama el deporte, el riesgo, la libertad… y el flamenco. “Hay que tener más valor para llevar un negocio como el Corral de la Morería que para saltar las cataratas del Salto del Ángel”, afirma sin dudarlo.

 

Armando grabando a Darío Barrio. Foto: @Darío Rodríguez - DESNIVEL.
Armando grabando a Darío Barrio. Foto: @Darío Rodríguez – DESNIVEL.

 

Armando del Rey cuenta sus hazañas deportivas con naturalidad, como si todo el mundo fuera capaz, como él, de ganar un campeonato del mundo de saltos de BMX, integrar un equipo de alto nivel de paracaidistas o formar parte del Proyecto Alas de salto BASE. También es cierto que no sabría contar todas las veces que se ha roto algún hueso y no recuerda si alguna vez ha tenido todos los ligamentos en su sitio. Lo que no se le olvida, porque no ha cicatrizado, es la herida que le produjo la muerte sucesiva de sus amigos Manolo Chana, Álvaro Bultó y Darío Barrio mientras practicaban la pasión que a todos unía. Desde entonces, no le gusta traspasar la raya roja y evita exponerse demasiado al peligro, pero no puede vivir sin saltar. “La vida son dos días y uno fue ayer… Soy partidario de vivir a tope”, puntualiza.

PREGUNTA. Dicen que no hay deporte más peligroso que el que usted practica

RESPUESTA. Realmente hay muchos deportes en los que la gente pierde la vida y te puede tocar igual. Ahí está la carrera del Dakar, sin ir más lejos. Lo que ocurre es que en el salto BASE somos pocos. El riesgo siempre existe, pero hasta que no te toca directamente no te enteras. Yo lo comparo con los fumadores, que saben que tiene más riesgo de contraer cáncer de pulmón y siguen fumando. Hasta que la salud se pierde. Nos creemos inmortales.

Armando concentrándose.
Armando concentrándose.

P. Dígame cómo se le ocurrió meterse en esto

R. Todo comenzó cuando era niño. Siempre me encantaron los aviones, dibujaba aviones sin parar. Pero la culpa fue de un compañero de colegio cuya familia tenía un centro de paracaidismo. Él venía al cole y me enseñaba las fotos. Y yo tenía el cerebro absorbido por aquello. Cuando cumplí la edad suficiente como para que mi madre no pudiera oponerse, hice el curso de paracaidismo. Ahí empezó todo.

P. También desde pequeño vivió el flamenco en su casa. Y no le dio por los zapateados… y eso que en el flamenco también hay pasión, arte, emoción y riesgo

R. Para eso hay que nacer artista. Hay gente que nace artista, como mi madre [Blanca del Rey es Premio Nacional de Flamenco y la mejor representante del baile con mantón], y luego estamos nosotros. El flamenco es muy difícil y yo, cuando hago algo, lo tengo que hacer bien. Y con la madre que tengo, no puedo dar zapatazos. Aficionado sí soy. Lo tengo que ser. Llevo 20 años viendo flamenco a diario y he visto a los mejores.

P. Lo suyo, está claro, era el deporte… y saltar

R. Mi hermano Juan Manuel y yo hemos sido muy deportistas. Yo vivía de la bici. Gané un campeonato del mundo de saltos de BMX en 1996. A los 18 años, ya era paracaidista y pronto empecé a formar parte de la familia Redbull España. Mientras tanto, entré en contacto con el equipo del Proyecto Alas, con Álvaro Bultó, Santi Corella y Toni López, y me ofrecieron ser el cámara del equipo. Era el año 2000. Y, desde entonces, no he parado.

P. ¿Cómo ha superado la pérdida de tres de sus mejores amigos?

R. Mi mejor amigo, Manolo Chana, falleció en un accidente de paracaidismo saltando de un avión. Fue el primer golpe mortal de un amigo cercano y eso te crea un bache, pero continúas con tu historia y tratas de pasar página. El problema es que a lo largo de mi carrera hemos vivido la evolución del salto BASE y en esa evolución de un deporte aeronáutico es inevitable que haya accidentes. Lamentablemente, me tocaron amigos muy cercanos, como Álvaro Bultó y Darío Barrio, y en primera persona, que es lo más difícil de superar, porque estaba físicamente con ellos.

P. ¿Para qué hay que tener más valor: para sacar adelante el Corral de la Morería o para ser saltador BASE?

R. Hay que tener más valor para llevar adelante un negocio como el Corral de la Morería, porque hay mucha responsabilidad detrás. Al fin y al cabo, si saltando me pasara algo, no sería tan grave. No tengo hijos… Mi madre sufriría mucho, eso sí. De hecho, no hago “proximity”, la modalidad más peligrosa del salto BASE, por mi madre. Si no, iría hasta las últimas consecuencias.

P. ¿Y cómo va el negocio familiar?

R. Mejor no nos puede ir. Acabamos de obtener la estrella Michelin y estamos supercontentos. Lo que hemos hecho ha sido recuperar la idea original de mi padre cuando creó el Corral de la Morería. Él montó un restaurante de lujo, con la cocina francesa de la época, donde se servía langosta, caviar, angulas, solomillo a la brioche, etc. El origen era una cocina de mucho nivel y con los mejores espectáculos flamencos que había entonces: Pastora Imperio, Antonio Gades, la Paquera de Jerez…

El Corral de la Morería está considerado “el mejor tablao flamenco del mundo” por el Festival del Cante de Las Minas. En la foto, los hermanos Armando y Juan Manuel Del Rey.
El Corral de la Morería está considerado “el mejor tablao flamenco del mundo” por el Festival del Cante de Las Minas. En la foto, los hermanos Juan Manuel y Armando del Rey.

P. ¿Cuál ha sido la gran figura del flamenco que le ha impactado más?

R. Sin duda, Paco de Lucía. Para mí fue impresionante descubrir su genio y su personalidad. Él estuvo en el Corral presentando disco. Y me impactó ver lo simpático que era en el gran documental que realizó su hijo de él. Me dio mucha alegría conocer su personalidad. Era increíble. Una figura irrepetible que aportó muchísimo al flamenco.

P. ¿Y qué experiencia deportiva le ha marcado más?

R. Posiblemente la que hicimos en el Salto del Ángel en Venezuela, con una catarata ensordecedora y con la selva virgen al fondo. Fue espectacular. Y otra que me emocionó fue un salto que hicimos la Noche de las Perseidas en la isla de La Palma hace dos años. Iluminamos los trajes de alas con leds y pusimos bengalas en los pies. Nos convertimos en perseidas por una noche. Resultó muy emotivo. Éramos como un poema visual en el aire. Fue uno de los saltos más bonitos y emocionantes que he hecho en mi vida.


P. ¿Qué significa volar para usted?

R. Tal como lo hago yo, es la forma más pura de volar. Con apenas un traje de nylon, puedes viajar a 250 kilómetros por hora manejando la trayectoria con tu cuerpo. No hay forma de volar que exija menos aparataje, menos ingeniería, menos utensilios…

P. ¿Nunca ha tenido la tentación de ser piloto de aviación?

R. Siempre me han llamado mucho la atención los helicópteros. Me parecen un desafío a la ingeniería. A mí me gustaría ser piloto de helicóptero y no lo descarto todavía. Respecto a los aviones, estamos acostumbrados a verlos, pero es una barbaridad que vuelen. ¿O no?

P. Supongo que no le dará miedo volar en avión

R. No. Me da más miedo volar en avioneta, y es donde lo hago habitualmente para hacer los saltos. El miedo está siempre presente, pero es un miedo controlado. El miedo te permite estar alerta y evitar el peligro. Los que no tienen miedo no acaban bien.

Armando del Rey en la pared de Aragón.
Armando del Rey en la pared de Aragón.

P. ¿Saltar genera adicción?

R. Lo que genera adicción no es el deporte, sino hacer una actividad que te ilusiona. Puedes saltar, volar, ser piloto comercial… lo que crea adicción es la pasión, las ganas de disfrutar… Y eso es adictivo, no la adrenalina en sí.

P. Terminemos con alguna anécdota que le haya sucedido

R. Más que una anécdota, fue una experiencia muy particular. Mi padre se volvía loco cuando le contaba mis aventuras en el aire. Él siempre fue un gran deportista. Corría en moto, jugaba a la cesta punta, montó un frontón, encordaba raquetas… hacía de todo. Un buen día, cuando tenía 85 años, me dijo: “Oye, o me llevas a saltar o me voy yo solo”. Sólo le puse una condición: que se hiciera un chequeo de salud. Así que, después del visto bueno médico, un buen día, mi hermano, mi padre y yo cogimos un avión hacia Empuriabrava y saltamos los tres. Él hizo dos saltos. Todavía conservo alguna fotografía de ese día. Lo peor fue la bronca que me echó mi madre cuando se enteró, porque no le habíamos dicho nada. Mi padre estaba perfecto, pero murió un año después. Con un sueño más cumplido.

Fotos cortesía de: Armando del Rey; y Darío Rodríguez – revista DESNIVEL.

 

ACERCA DE Pilar Ortega

Pilar Ortega
Nací en Madrid un 8 de marzo y prácticamente desde entonces tengo un libro entre las manos. Me licencié en Periodismo y mi trayectoria profesional se ha desarrollado casi siempre en las secciones de Cultura de periódicos nacionales: “El Mundo”, “La Razón” y “Ya”. Ahora colaboro como “freelance" con diversas publicaciones y también he puesto en marcha un proyecto que enlaza los viajes con la literatura. Soy autora de varias guías publicadas por la editorial Anaya Touring con las que me sumergí en países tan interesantes como Ecuador, Bolivia o Costa Rica. www.viajesynombres.com es mi aventura más personal.