Al descubrimiento de la medieval Troyes, donde brindar con champagne

La ciudad de Troyes, capital del Aube, en pleno corazón de la tierra del champán francés, vive su gran pasión por este espumoso entre sus otras dos grandes industrias, la sombrerería y el textil. Curiosamente, su centro histórico tiene forma de un corcho de champán. Pero no solo eso, Troyes es una auténtica joya de la arquitectura medieval francesa. Una ciudad que huele a humedad y madera, con plazuelas encantadoras y calles sinuosas salpicadas de residencias de película. Un destino con mucho encanto que descubrir (o redescubrir), macerado con buenos caldos de su champagne, por cierto, el primigenio de toda la región de Champagne. Para ello, recurrimos a Comte de Montaigne, una maison que ha hecho de la autenticidad de la tierra del Aube su sello distintivo. Stéphane Revol, director general de la empresa y gran conocedor del Aube, nos guía en el descubrimiento de esta villa con cinco lugares que no hay que perderse.

Troyes medieval casas de madera
Las casas con entramado de madera, típicas de Troyes.

En turismo enológico, cuando se trata de rutas de champagne, a los verdaderos conocedores de los espumosos de categoría no se les puede escapar el recorrido por la parte menos conocida, pero en algunos aspectos más auténtica, de la región de Champagne-Ardenne. Hablamos del corazón del departamento de Aube, la verdadera tierra del origen de este espumoso francés -al menos según defienden sus lugareños-, pues la primera cepa de chardonnay, importada desde Chipre durante las Cruzadas del XIII, fue plantada en la región de Côte des Bars (en Aube) aunque fueran los comerciantes de la zona de Marne quienes lo vendieron antes que los demás en Francia – de ahí son ahora las bodegas de champán francés más conocidas. Además, para evitar que el Aube les hiciera la competencia produciendo champaña, durante más de seis siglos impidieron que esta región usara el nombre “Champagne”.

Ahí es donde comienza la historia de los viñedos y bodega Comte de Montaigne. Stéphane Revol destaca que visitar Troyes es como retroceder al medievo, reviviendo la atmósfera de la época, cuando la ciudad era la capital de los Condes de Champagne. De hecho, el corazón de la ciudad, entre el gótico y el renacimiento temprano, parece haberse detenido en el final de la Baja Edad Media, si no fuera por lo animado de sus terrazas y comercios.

La animada Place Alexandre Israël, situada al final de la conicida Rue Champeaux. Foto Olivier Gobert
La animada Place Alexandre Israël, situada al final de la conocida Rue Champeaux. Foto Olivier Gobert

Encantadoras casas de colores y entramado de madera

Una vez fue la capital de la Champaña, Troyes es hoy la capital del Departamento de Aube, donde se sitúa la región vinícola la Côte des bar. En la orilla izquierda del Sena, esta encantadora ciudad es visitada por su localización estratégica en medio de las rutas de champán. Pero sin duda, su mayor atractivo es sentir que nos adentramos en su pasado medieval. Porque aunque en 1524 un gran incendio casi borra Troyes del mapa, sus edificios del siglo XII fueron reconstruidos a la perfección en el XVI y hoy son dignos de la mejor película.

Por eso, lo primero que atrae al visitante nada más entrar al corcho de champán (el centro histórico) es su arquitectura. Unos coloridos edificios de tres alturas, con entramado de madera y adobe y rematados con tejas de castaño, que se suceden por toda la ciudad. Caminando se puede entender que esta singularidad sea un valor esencial de esta villa y de toda la comarca.

Muchas casas guardan el mismo aspecto desde el siglo XVI.
Muchas casas del «Coeur de Troyes» guardan el mismo aspecto desde el siglo XVI.

Sus casas con entramado de madera es la arquitectura típica de Troyes. Los franceses llaman al estilo de estas viviendas “maison à colombage”

La Iglesia de Sainte-Madeleine y la primera cepa de chardonnay

A la iglesia de Sainte-Madeleine se llega por el laberinto de las callejuelas del centro. Es la iglesia más antigua (s. XII) de Troyes y tiene un exterior admirable, ofreciendo un estilo gótico flamígero (s. XVI) con el desenfreno de arcos y más arcos en los pórticos laterales, llenos de gárgolas antropomórficas. En el interior, destaca su famoso coro alto -solo algunos edificios religiosos de Francia conservan un coro alto-.

Pero son las vidrieras del coro las que conquistan a los visitantes. Son un excelente ejemplo de los vitrales de la prestigiosa Escuela de Troyes de principios del Renacimiento, caracterizados por un diseño resistente, colores vivos y una gran sofisticación técnica. En una de las escenas representadas, aparece el Conde de Champagne cuando entrega al cardenal la primera cepa de uva chardonnay traída de Chipre en el siglo XIII y luego plantada en la Côte des Bars.

La primera cepa de Chardonnay traída por el Conde de Champagne
La primera cepa de Chardonnay traída por el Conde de Champagne

Los vitrales de la catedral St-Pierre-et St-Paul

Esbelta e imponente, con cinco naves y un enorme rosetón, la catedral dedicada a los santos Pedro y Pablo es una de las más famosas y queridas de Francia por su elegancia, la calidad de sus esculturas, pinturas y tapices, y especialmente por sus vidrieras de 1500 m², declaradas monumentos históricos.

La torre de San Pablo, iniciada en 1545, sigue sin terminar hoy en día. Y una ciudad con una amplia tradición en el trabajo del vidrio, entre otras cosas por su importante escuela de vitrales y estatuaria, los de la catedral tenían que ser los más sobresalientes. Y así es, pues los 1.500 metros de vidrieras, trabajadas entre los siglos XIII y XIX, le han valido a la ciudad el apodo de “Ciudad Santa de las vidrieras”.

La Basílica de Saint-Urbain

Esta basílica, una obra maestra del estilo gótico radiante que se desarrolló en París y el norte de Francia desde mediados del siglo XIII, es otro de los símbolos de la ciudad de Troyes. Impresionante su figura, no deja indiferente al primer vistazo. El tímpano del portal llama la atención por su representación del Juicio Final, junto con las vidrieras del ábside y la estatua de la “Vierge de Raisin” (Virgen con Pasas) en la capilla sur, la otra obra maestra de la Escuela de Troyes del siglo XVI.

Basílica de Saint-Urbain , otro de los símbolos de Troyes.
Basílica de Saint-Urbain , otro de los símbolos de Troyes.

El redescubrimiento de los jardines medievales

Durante una visita a Troyes no se debería perder los jardines creados de manera efímera o semiperennes para rememorar los medievales que tuvo en su momento la ciudad. Cobran vida y están abiertos al público de mayo a octubre.

Con el fin de mostrar este patrimonio excepcional y dar vida a sus museos de una manera diferente, la ciudad decidió en 2005 embarcarse en esta aventura: crear un primer jardín medieval, Le jardin de Marie, en el patio del Hôtel de Mauroy, que cuenta la historia de la evolución del jardín desde la Edad Media hasta el comienzo del Renacimiento. Este primer experimento fue un éxito y llevó a levantar los otros cuatro.

Si le gustan las plantas medicinales y aromáticas, le fascinará Le jardin de l’Apothicaire, en el Hôtel Dieu. Y no se pierda Le jardin des Teinturiers, que ofrece a los visitantes una fantástica inmersión en el mundo de las plantas tintóreas. Por último, Le jardin des Innocents, que marca la apertura al público del osario secreto de la iglesia de Sainte-Madeleine.

Ruelle des Chats

Debe su nombre “la calle de los Gatos” a que debido a su estrechez los gatos pasaban de un tejado a otro sin complicación alguna. Muy visitada y fotografiada por guardar una arquitectura original de más de cuatro siglos y por el encanto de este pequeño espacio.

Callejon de los Gatos
Pasar de un tejado al otro sin apenas pegar un salto.

Ruta del champagne

Troyes es el lugar perfecto para iniciar el recorrido por la región de Champagne. Desde el departamento de Aube, el segundo productor de champán del país, hasta el primero, que es Marne, pasando Côte des Bar o Montgueux, las principales regiones de tradición vitivinícola donde poder apreciar la hospitalidad de los viticultores con una copa de champagne en la mano.

Pasando por magnéticos paisajes de viñas de las bodegas, las más famosas y prestigiosas, y otras menos conocidas pero “de culto” por los más entendidos, además de profundos bosques y pintorescos pueblitos franceses.

Cote Des Bars, comarca vinícola de Champagne. Foto Didier Guy
Cote Des Bars, comarca vinícola de Champagne. Foto Didier Guy